Donde nace el liderazgo

Lizeth y Luvy están impulsando nuevas formas de liderazgo desde sus culturas y territorios

11 de Agosto de 2026
People outdoors: woman in red off-shoulder top on left; man in brown near thatched huts on right.

Luvy Wisum Taqui y Lizeth Álvarez

 

Texto por Daniella Toce Salcedo, entrevistas por Sonia Pérez Unzueta

 

En el Perú, 6 millones 783 mil 697 personas se autoidentifican como parte de un pueblo indígena u originario, de acuerdo con los censos nacionales de 2025. Casi el 20% de la población de un país diverso, que muchas veces, no encuentra en sus vidas espacios para participar, decidir y hacerse escuchar. Más aún cuando se trata de mujeres jóvenes.  

La recientemente aprobada Política Nacional de Pueblos Indígenas al 2040 (PNPI), reconoce la vulneración estructural de los derechos colectivos de los pueblos indígenas u originarios como un problema público a resolver. La aprobación de esta política representa un hito histórico clave, logrado tras años de incidencia de parte de los pueblos indígenas, para empezar a cerrar las brechas de desigualdad que enfrentan. La PNPI, sin embargo, reconoce que no todas las personas indígenas se desarrollan en las mismas condiciones, por lo que plantea la necesidad de la formación política y de nuevos liderazgos indígenas, asegurando la inclusión de mujeres jóvenes.  

"Muchas veces a las mujeres indígenas nos toman en cuenta como un objeto decorativo," señalaba Ketty Marcelo, expresidenta de ONAMIAP. Muchas veces a las mujeres indígenas no se las toma como sujetas de agencia, con el potencial de transformar el mundo, algo que el Comité CEDAW, en su Recomendación General 39, ha señalado como un problema: la necesidad de reconocer a las mujeres indígenas como lideresas y portadoras de conocimiento, no como objetos de asistencia.

Lizeth y Luvy, son dos jóvenes mujeres indígenas que, desde cada uno de sus espacios, están demostrando que las jóvenes indígenas sí tienen la capacidad de liderar y cambiar la realidad. En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, sus historias son muestra de iniciativa, liderazgo, y convicción de trabajar por un futuro mejor para todas las jóvenes como ellas. 

 

“Anaro significa la fuerza del agua, valentía.” Cuenta Lizeth, “Somos una comunidad pequeña, pero venimos con fuerza, con sabiduría”.  

Lizeth Alvarez Vargas tiene 25 años y es asháninka, de la Comunidad Nativa de Anaro, en Kimbiri, La Convención, Cusco. Anaro no es solo el nombre de su comunidad, es también el nombre de la marca a través de la cual ella y otras mujeres de su comunidad han construido una forma de generar ingresos de forma sostenible y dar a conocer su cultura al mundo.  

Como ocurre con muchos jóvenes residentes en zonas rurales, Lizeth migró a la ciudad para estudiar. “Tenemos que acoplarnos a la ciudad para estudiar, para ir a la universidad” comenta. Pero, a diferencia de tantos casos en los que la migración implica el no volver a casa, Lizeth siempre sintió que tenía que hacer algo por su comunidad.  

Cuando culminó sus estudios en diseño de modas, volvió a su comunidad. Ahí, compartió con mujeres, niños, ancianos, madres, el conocimiento que había adquirido en la ciudad. No sobre artesanías, porque ese se pasa de generación en generación en un ciclo que hace perdurar la cultura a lo largo de los años, sino sobre diseño, confección, innovación, cómo poner precios; nuevos conocimientos necesarios para llevar su arte al mercado y revalorar su cultura. De Anaro, pasó a otros distritos del VRAEM, capacitando y compartiendo lo aprendido, no solo con comunidades asháninka, sino inclusive con comunidades matsiguenga, en una apuesta por revalorizar la artesanía de los pueblos indígenas amazónicos.  

Para Lizeth, este trabajo parte de la gratitud. De la gratitud con la naturaleza, que ofrece los insumos e inspiración para sus diseños. De la gratitud con su familia y legado. De la gratitud con otras mujeres y jóvenes que trabajan de la mano para sacar adelante el emprendimiento, orgullosas de su cultura y lo que están logrando.  

 

Es este mismo espíritu el que la llevó a convertirse en una de las jóvenes emblema de Tomo la Palabra, una campaña impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, AECID y RPP, en el eje de emprendimiento joven. Como parte de la campaña, Lizeth busca motivar la participación de otros jóvenes que, como ella, tienen muchas cosas que decir y no siempre encuentran los espacios para ser escuchados. “Esta experiencia fortaleció mi voz como comunicadora cultural y me permitió posicionar el trabajo de las artesanas de ANARO como un aporte al desarrollo sostenible y a la identidad del Perú.” comenta.  

El mensaje de Lizeth a las juventudes y otras mujeres indígenas es claro: “Las invito a reconocer que nuestra cultura es nuestra mayor riqueza.  Que se formen, se asocien y trabajen en red. Cuando las mujeres indígenas nos organizamos, transformamos nuestras comunidades y aportamos al desarrollo del país desde nuestra cosmovisión.”

Un mensaje que llega, con la fuerza del agua.  

Diverse group in a classroom; a woman in a red shirt speaks while others listen.

 

En Condorcanqui, Amazonas, muchas mujeres están alzando sus voces frente a la injusticia y la violencia.

Una de ellas es Luvy Wisum Taqui, una joven awajún de 19 años. Luvy estudia educación y es la presidenta de Tajimat Awajún, una organización que trabaja temas de educación, deporte, arte y salud en su comunidad.

El esfuerzo de Luvy para ocupar posiciones de liderazgo es clave para su contexto: de acuerdo con información del INEI, solo el 5.4% de comunidades nativas son presididas por mujeres. En un contexto complejo como el de Condorcanqui, donde las denuncias de violencias y la irrupción de economías ilegales vienen generando situaciones de conflicto, es crucial poder contar con mujeres líderes que entiendan el contexto y aporten a la construcción de soluciones. Y, aunque su participación aún sea escasa, marca diferencias importantes.  

De acuerdo con la Secretaría de Gestión Social y Diálogo de la Presidencia del Consejo de Ministros (SGSD-PCM), cuando una mujer facilita una mesa de diálogo para la resolución de conflictos, la participación de otras mujeres es del 21,7% en comparación con 16% cuando la facilita un hombre. Cuando no hay una facilitación, la presencia de las mujeres disminuye al 12.4%. 

Group of women chatting around a blue conference table during a meeting.

 

Luvy conoce de cerca lo que significa enfrentar un conflicto siendo una mujer joven indígena. Cuenta que uno de los mayores retos que ha tenido que enfrentar ha sido el de salir a otras comunidades, fuera de Nieva, a capacitar y brindar apoyo a propósito de un problema grave: niñas víctimas de violencia sexual y niños sometidos a maltrato físico. Cuenta que en este proceso sufrió discriminación, y fue víctima de amenazas de las personas que no querían que se toque el tema.  

"A veces no somos escuchados por las autoridades, no somos escuchados por el Estado", dice Luvy, "y nosotros buscamos la solución para esas personas en las diferentes comunidades indígenas, que son comunidades lejanas y profundas, en donde las autoridades y el Estado casi no pueden llegar."

Liderazgos como el suyo ya existen, están trabajando, y necesitan las condiciones para fortalecerse. Luvy participó de las capacitaciones en prevención y gestión de conflictos sociales organizadas por el PNUD y la Unión Europea, como parte del proyecto de Insider Mediation. Ahí, reforzó sus capacidades en liderazgo, mediación, gestión de conflictos, y comunicación efectiva, fortaleciéndose para ser un agente de cambio en su comunidad. Por ese ímpetu, fue elegida también dentro del grupo de más de 40 mujeres de 24 países de la región América Latina y el Caribe para participar de la primera Academia Regional de Liderazgo de Mujeres en la Era Digital en Panamá, un espacio impulsado por el PNUD y AECID donde fortalecieron sus conocimientos sobre gobernanza digital, uso de herramientas de IA y estrategias de incidencia en contextos de alta complejidad.

"El liderazgo no se trata de llamarnos y no tomar acciones" comenta sobre lo aprendido, "el liderazgo se trata de tomar decisiones, demostrar logros, trabajo y empeño."

Ahí donde otros no llegan, Luvy ya está escuchando. 

 

Desde caminos e historias distintas, Lizeth y Luvy demuestran algo que, aún hoy, se suele poner en duda: que ser mujer, joven e indígena no debe ser una limitación. Desde el emprendimiento, artesanía, mediación, capacitación, ambas jóvenes están redefiniendo lo que es el liderazgo joven indígena en el Perú; trabajando por cerrar las mismas brechas estructurales que alguna vez les dijeron que ellas no podían participar. Están demostrando, además, que la cultura no se opone al liderazgo ni al desarrollo: es la base sobre la cual ambas actúan.  

Como dice Luvy, "No se rindan, nosotros somos el mañana, ya no el futuro."