“La pregunta no es si el Perú puede avanzar en IA, sino cómo hacerlo estratégicamente”

Entrevista a María Paula Mujica, analista del Centro digital de inteligencia artificial y de innovación del PNUD

25 de Mayo de 2026
Blonde woman in white sleeveless top with blurred face stands by a United Nations plaque.

 

Entrevista por Andrés Espinoza

El mundo atraviesa una cuarta revolución industrial, marcada por avances tecnológicos acelerados y una transformación digital que redefine la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En este contexto, la inteligencia artificial (IA) emerge como una de las tecnologías más disruptivas, no solo por su capacidad de innovación, sino por los desafíos éticos, institucionales y sociales que plantea. Frente a ello, surge una pregunta clave para países como el Perú: ¿qué tan preparados estamos para incorporar estas tecnologías de manera responsable, inclusiva y orientada al bienestar público?

Esa es una de las reflexiones que María Paula Mujica, destacada analista del Centro digital de inteligencia artificial y de innovación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, planteó en su visita al Perú para realizar una evaluación del ecosistema de inteligencia artificial a través de la metodología de la Evaluación del Panorama de la Inteligencia Artificial (AILA por sus siglas en inglés). Durante su misión, Mujica lideró un diagnóstico integral sobre el uso ético, eficiente y estratégico de la IA en el Estado peruano, sosteniendo reuniones con representantes de la sociedad civil, el sector académico, entidades públicas y empresas. Este proceso permitió recoger una visión amplia y multisectorial sobre las oportunidades, avances y desafíos que enfrenta el país en su camino hacia una adopción responsable de la inteligencia artificial.

1. ¿Cuáles son los beneficios de contar con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial en el Perú?

Para los países que buscan aprovechar el potencial de la inteligencia artificial, una estrategia nacional de IA no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de desarrollo que orienta cómo esta tecnología puede contribuir a atender las prioridades nacionales: mejorar los servicios públicos, fortalecer la toma de decisiones y ampliar oportunidades para todas las personas. Esto es especialmente relevante en el caso del Perú, donde la evaluación AILA (Artificial Intelligence Landscape Assessment), una herramienta diagnóstica modular del PNUD que ofrece un proceso estructurado para evaluar la preparación en IA y diseñar rutas de acción concretas para un desarrollo inclusivo y responsable, evidenció que el país ya cuenta con bases importantes.

Estas incluyen un marco regulatorio en desarrollo, liderazgo institucional y una agenda estratégica en construcción. Sin embargo, el principal desafío radica en traducir estos avances en capacidades operativas y resultados tangibles para la población.

El Perú ya ha dado pasos significativos con la Ley 31814, su reglamento, y la reciente aprobación de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2026–2030. Esto abre una oportunidad muy valiosa: no se trata de empezar desde cero, sino de avanzar desde el diseño y la intención hacia una agenda de implementación que priorice el valor público, los derechos, la inclusión y el fortalecimiento institucional.

En este sentido, es clave que esta estrategia no se conciba únicamente como una agenda tecnológica, sino como un instrumento de política pública habilitador del desarrollo. A partir de los resultados de AILA y los talleres realizados, se ha destacado que la IA genera mayor impacto cuando se conecta directamente con las prioridades del país y con instituciones capaces de implementarla de manera responsable, inclusiva y centrada en las personas.

2.  ¿Cómo asegurar que la estrategia de IA se adapte a la realidad de restricciones de recursos en el Perú?

El Perú ya se encuentra bien posicionado en este aspecto. El país cuenta con un marco regulatorio, liderazgo institucional y una estrategia aprobada. La pregunta no es si el Perú puede permitirse avanzar en inteligencia artificial, sino cómo hacerlo de manera estratégica, priorizando adecuadamente las acciones en el tiempo.

Uno de los principales hallazgos de AILA es que la preparación para la IA no depende únicamente de grandes inversiones en infraestructura o del desarrollo de modelos propios desde el inicio. Depende, más bien, de tomar decisiones estratégicas sobre dónde comenzar, con qué capacidades y hacia qué objetivos públicos. La metodología AILA está diseñada precisamente para ofrecer una hoja de ruta realista, contextualizada y basada en evidencia, que permita a cada país priorizar de acuerdo con su punto de partida.

En el caso del Perú, AILA evidenció que el país se encuentra en una etapa “Sistemática” de preparación en IA, es decir, una fase en la que ya existen iniciativas estructuradas y compromiso institucional, pero donde aún persisten barreras para escalar. La inversión en IA es importante, pero hacerlo de manera coordinada y estratégica puede generar impactos sostenibles e incluso eficiencias en el uso de recursos a mediano y largo plazo.

Esto implica priorizar el fortalecimiento de las bases críticas desde ahora para asegurar mejores resultados en el futuro, como el desarrollo de talento especializado, la gobernanza de datos, los mecanismos de evaluación y el impulso de sectores donde ya existen capacidades más maduras que pueden generar impacto temprano.

Finalmente, la estrategia debe adaptarse a la realidad del Perú, ya que solo así podrá responder de manera efectiva a sus desafíos y objetivos, generar confianza, fortalecer capacidades y desarrollar casos de uso de alto valor público. La discusión no debe centrarse únicamente en la inversión, sino en promover un enfoque responsable, alineado con las capacidades existentes, que es precisamente el enfoque que el PNUD impulsa a través de AILA. 

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3. A partir de la experiencia de AILA en América Latina y el Caribe ¿Existen casos de éxito de países de la región que puedan aportar lecciones útiles para Perú?  

Desde la experiencia de AILA en la región, uno de los aprendizajes más claros es que no existe una única ruta hacia la preparación para la IA. Los países avanzan de manera distinta según su punto de partida, pero hay patrones comunes: aquellos que logran mayor tracción son los que combinan liderazgo institucional claro, una agenda de datos más estructurada, la construcción de capacidades públicas para implementar y una conversación temprana sobre gobernanza, confianza y seguridad.  

En ejercicios realizados en países como Colombia, Costa Rica, Paraguay y República Dominicana, se observa que el avance en inteligencia artificial no depende exclusivamente del nivel de desarrollo tecnológico, sino de la capacidad de articular liderazgo institucional, prioridades claras y mecanismos de implementación.  

Por ejemplo, en algunos países se ha avanzado de manera consistente en la construcción de una agenda de datos más estructurada, lo que ha permitido sentar las bases para el uso de IA en servicios públicos. En otros, el énfasis ha estado en fortalecer la coordinación institucional y la gobernanza digital, lo que facilita la implementación de iniciativas transversales y evita la fragmentación entre sectores. También hay casos donde se ha priorizado el desarrollo de capacidades dentro del sector público, reconociendo que sin talento y habilidades técnicas es difícil pasar de pilotos a escalamiento.  

Finalmente, el AILA también muestra que los procesos más sólidos son aquellos en los que la IA no se aborda como una agenda aislada, sino como parte de una visión más amplia de transformación digital y desarrollo humano. Cuando la conversación se conecta con brechas territoriales, calidad de servicios públicos, inclusión y confianza, la IA deja de verse solo como innovación tecnológica y se convierte en una herramienta para generar valor público e impacto en la vida de las personas.  

Para el Perú, que ya cuenta con una base normativa sólida y liderazgo institucional claro, estas experiencias refuerzan un mensaje clave: el siguiente paso es operacionalizar lo existente, fortaleciendo capacidades, estructurando mejor los datos y priorizando sectores donde la IA pueda generar impacto tangible en la vida de las personas.

4.  ¿Cuál es su llamado a la acción para países como el Perú en distintas etapas de su desarrollo en inteligencia artificial?

A partir de las evaluaciones AILA realizadas en la región, una de las lecciones más claras es que no existe un único camino hacia la preparación para la inteligencia artificial. Los países avanzan de manera distinta según su punto de partida y sus realidades contextuales, pero sí existen elementos comunes de éxito: liderazgo institucional claro, una agenda de datos más estructurada, capacidades públicas mínimas para la implementación y una conversación temprana sobre gobernanza y confianza.

AILA permite a los países entender dónde se encuentran al analizar tres dimensiones interconectadas: las bases del ecosistema que habilitan la innovación, la manera en que las instituciones públicas utilizan la IA para mejorar la prestación de servicios y la toma de decisiones, y la existencia de marcos de gobernanza y ética que aseguren confianza y rendición de cuentas.

Cuando estas dimensiones se articulan, se abren oportunidades estratégicas concretas: una mejor prestación de servicios públicos, políticas públicas más informadas, mayor credibilidad institucional y condiciones habilitantes para un crecimiento económico inclusivo.

Sin embargo, estas oportunidades solo son relevantes si se traducen en beneficios reales para las personas. Por eso, AILA está diseñada para acompañar a los gobiernos en la generación de impactos medibles para las comunidades.

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Próximamente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentará los resultados de AILA al Estado peruano, para proponer recomendaciones y líneas de acción en la adopción responsable de la IA y en el diseño de estrategias adaptadas que generen un impacto tangible para las personas y las comunidades.