El campo está envejeciendo

Historias de cacao, café y resiliencia en el Perú

22 de Septiembre de 2025
Portrait of a woman outdoors in a forest, looking upward.

 

Desde 2015, el programa de Green Commodities del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), junto con la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza (SECO), trabajan de manera conjunta para generar un cambio transformador en la producción agrícola, enfocado en la sostenibilidad ambiental y el impacto social.

En Perú, el programa trabaja en fortalecer la colaboración multiactor para el desarrollo de una visión compartida de cadenas de producción sostenibles, la coordinación de acciones entre todos los actores involucrados, y el fortalecimiento de la gobernanza de los sectores de café y cacao en Cusco y Cajamarca, a través de la Plataforma de Café de Cajamarca y la Mesa de Café y Cacao de Cusco. Este artículo presenta los desafíos y oportunidades de este camino.

Perú está entre los principales productores de café y cacao del mundo. Actualmente el país, donde el café se cultiva desde el siglo XVIII, es el quinto (1) productor mundial de café y el séptimo (2) productor de cacao.

La mayor parte del café y cacao peruano es cultivado por pequeños agricultores en las laderas orientales de los Andes. El café prospera en las zonas altas y frías, mientras que el cacao se cultiva en las partes bajas y cálidas de la Amazonía. Juntos, estos cultivos sostienen a más de 200.000 familias cafetaleras y 100.000 familias cacaoteras.

El cacao, promovido como alternativa al cultivo ilegal de coca, pasó de 41.000 hectáreas en el año 2000 a 177.000 en 2020, convirtiéndose en el segundo cultivo más importante del Perú después del café. Aunque este crecimiento abre oportunidades de desarrollo económico, ambos sectores enfrentan grandes retos: baja competitividad, escasa sostenibilidad, gobernanza débil y limitado acceso a capacitación, crédito y servicios sociales.

Los sistemas de producción de café y cacao enfrentan desafíos similares, principalmente relacionados con su baja competitividad y la débil sostenibilidad social y ambiental. Estos problemas surgen de la baja productividad, el manejo ineficiente y no sostenible de los cultivos; el acceso limitado a capacitación y asistencia técnica; las restricciones para obtener servicios financieros adecuados; la falta de gobernanza y unos servicios sociales deficientes que desalientan a los jóvenes de permanecer en las zonas rurales.

La mayoría de las parcelas familiares son pequeñas —poco más de dos hectáreas en promedio— y la mayoría de los productores vive en condiciones de pobreza. Obtener buenos rendimientos exige mucho trabajo e inversión en fertilización, control de plagas, deshierbe y poda, pero muchos dependen de prácticas tradicionales de baja intensidad, produciendo muy por debajo de su potencial. Para sobrevivir, algunos optan por deforestar y ampliar sus áreas de cultivo.

Perú es capaz de producir algunos de los mejores cafés y cacaos del mundo, pero los productores de alta calidad son pocos y la mayor parte de la producción se vende en los mercados de materias primas sin ningún precio adicional. Aunque los precios hayan alcanzado recientemente niveles históricos, estos siguen sujetos a los ciclos de auge y caída del mercado, y es poco probable que se mantengan de manera permanente.


  1. Departamento de Agricultura de los Estados Unidos - Café: Mercados y comercio mundial, junio 2024.
  2. Organización Internacional del Cacao 2024
Couple smiling and holding hands in front of a stone fountain in a green hillside garden.

Randolph Ascarza y Sara Quintana en la finca Yanay

Hands cupping red coffee cherries in a green bucket outdoors.

Cerezas de café

 

El campo está envejeciendo

La Convención, en Cusco, es una de las principales provincias productoras de café y cacao del Perú, pero la producción de café se ha desplomado en las últimas décadas. La agricultura a pequeña escala —a menudo con bajos rendimientos y en zonas remotas con servicios limitados— lucha por atraer a la siguiente generación de agricultores. Los jóvenes no se sienten atraídos por el arduo estilo de vida campesino que mantuvo a sus padres y abuelos en la pobreza. En cambio, migran a las ciudades en busca de mejores ingresos y una vida más cómoda.

El boom del gas en los años noventa y otras nuevas oportunidades laborales en la región profundizaron el problema, alejando aún más a los jóvenes de la agricultura. “La migración de los trabajadores jóvenes pone en riesgo la continuidad de la producción de café y cacao. No hay relevo generacional”, afirma Jorge Richard de la Torre Basauri, director de la Agencia Agraria de La Convención. “Hay poca rentabilidad en la agricultura y, como cualquiera, buscan lo mejor para sus familias”, añade Herbert Vizcarra Chacón, funcionario del gobierno regional del Cusco y coordinador del Proyecto Café de la Región Cusco. “Se han ido a la ciudad a trabajar como constructores, conductores o emprendedores para tener una mejor vida. Esto sucede en todo el país, no solo aquí”.

Randolph Ascarza ha vivido esta realidad. Desde que sus padres compraron la finca Yanay en 1972, ha dedicado su vida al café. Crió a sus hijos entre cafetales y les brindó las oportunidades que el cultivo le permitió. Hoy, uno es enfermero, dos son abogados y otro ingeniero —todos viven ahora en la ciudad. Randolph y su esposa Sara permanecen en la tierra. “El campo está envejeciendo”, comenta Randolph.

Su finca está en una zona remota: seis horas de Cusco a Quillabamba y luego otra hora más por un sendero sin asfaltar. Llevar el café al mercado es una tarea ardua.

Photograph of a man in a burgundy shirt and cap standing among trees on a hillside.

Randolph Ascarza, de 62 años, dueño de la finca Yanay.

El acceso a la atención médica también es limitado. Hace seis meses, Randolph cayó de un árbol de palta, se fracturó los huesos y se lesionó las costillas. El puesto de salud local no respondió y, en el hospital de Quillabamba, solo le dieron un analgésico. Randolph y su esposa tuvieron que alquilar un auto y viajar hasta Cusco para recibir atención privada.

Aerial view of a hillside town with a large white unfinished hospital building, surrounded by red-roofed houses.

El tan prometido hospital de Quillabamba, cuya construcción comenzó en 2018 y se detuvo dos veces, ahora está programado para completarse en 2026 y atender a 145.000 personas

Mientras tanto, la generación envejecida carga con la mayor parte del peso en las comunidades agrícolas. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria, el 45% de los productores tiene entre 40 y 59 años, mientras que aquellos de 60 años o más —como Randolph y Sara— representan el 36%. Solo el 18,9% tiene entre 14 y 39 años.

Person in pink shirt rakes through coffee beans that have been left out to dry

Sara Quintana, de 62 años, extendiendo granos de café para secar.

Mujeres en el campo

En el Perú, las mujeres representan un tercio de la fuerza laboral agrícola, y en algunas zonas incluso más, allí donde los hombres jóvenes han migrado en busca de empleo. Las desigualdades de género y la discriminación estructural limitan su potencial.

“Ser productora no es fácil”, dice Rocío Álvarez, presidenta de la Asociación Central de Productores de Cacao Fino de Aroma en Kiteni. “A las tres o cuatro de la mañana, una mujer prepara el desayuno, cuida a los niños, alimenta a los animales, luego trabaja en el campo todo el día. Por la tarde, vuelve a cocinar y limpiar antes de poder acostarse”.

Woman standing among sunlit trees in a dense forest holding a cacao fruit

Rocío Álvarez, lideresa cacaotera de Cusco.

Rocío administra una finca en La Convención, Cusco, una de las principales regiones productoras de cacao del Perú, con el conocimiento y la pasión heredados de sus abuelos, que siguen creciendo. Ahora, como presidenta de la asociación, apoya a otras productoras, impulsa la participación juvenil y promueve el cultivo, procesamiento y comercialización sostenibles del cacao.

Un paisaje en transición, ¿cómo revertir la situación?

Como en muchas zonas rurales, el modelo de pequeña agricultura en Cusco no ha logrado generar prosperidad y lucha por atraer a las nuevas generaciones. Para ser competitiva, la región debe desarrollar un modelo agrícola que aumente los rendimientos y ayude a los agricultores a acceder a mercados especializados con mejores precios, diversificación de ingresos, nuevas tecnologías, sistemas de crédito más adecuados para inversiones agrícolas, y además mejorar el atractivo de la vida rural ofreciendo mejores servicios y oportunidades laborales.

En Cusco y en todo Perú hay ejemplos que demuestran que esta transición es posible. Repensando e innovando los modelos tradicionales, con énfasis en una visión emprendedora, en la competitividad, la calidad y la rentabilidad, y aprovechando activamente las capacidades de las generaciones jóvenes, estos casos muestran que los jóvenes pueden prosperar en el café y el cacao. Estos ejemplos deben ampliarse y replicarse.

La familia Puma Champi, de la fábrica de chocolate Pumatiy en Koribeni, La Convención, es uno de ellos. “Estar con mis hijos es una de las cosas que me ha ayudado a salir adelante”, dice Efraín Puma, el padre de la familia. Trabaja con sus siete hijos, cada uno especializado en áreas como fermentación, almacenamiento y ventas. Involucrar a la siguiente generación ha mejorado la calidad del producto y ha permitido construir una marca de chocolate de especialidad que llega a clientes en Suiza, Estados Unidos y Australia.

Four men pose outdoors on a dirt path with a wooden railing and mountains in the background.

Parte de la familia Puma Champi

La innovación también ha dado lugar a la creación de Casa Cacao Chuncho, un museo interactivo y centro de experiencias sensoriales, dirigido por Joel Puma Champi y su socia Shaneska. Allí, los visitantes pueden conocer el cacao en todas sus variedades, aromas y sabores, y aprender a usar toda la fruta en postres y cócteles.

Two cocktails and a plated dish on a round wooden dining table in a dim restaurant.

Casa Cacao Chuncho en Quillabamba, postres y cocteles insignia.

"Escalar estos enfoques innovadores no es fácil. “Necesitamos organizarnos”, dice Herbert Vizcarra Chacón, del gobierno regional de Cusco. “Actualmente en Cusco, con el apoyo del PNUD y SECO, hemos reactivado la mesa técnica de café y cacao, que reúne a todos los actores clave para que el cambio suceda. Nuestro objetivo es simple: mejorar los ingresos de nuestros agricultores, a través del manejo sostenible y la producción de calidad de sus cultivos. Pero, para lograrlo, necesitamos la colaboración de todos y pensar en el sistema cafetalero y cacaotero como una sola región”.

Aerial view of green mountains with a winding dirt road and misty clouds lingering over the ridges.

Paisaje cafetalero de San Ignacio, Cajamarca.

La organización y la colaboración son claves para escalar soluciones a los problemas estructurales de las cadenas de café y cacao. Así lo demuestra el éxito de las cooperativas en Cajamarca, otra zona clave de producción de café en el norte del Perú.

El valor de la acción colaborativa

En Cajamarca, algunas cooperativas cafetaleras logran atraer a las nuevas generaciones de las comunidades locales al brindar apoyo técnico a los agricultores, lo que se traduce en mayores rendimientos, mejor calidad de producto y, por ende, una rentabilidad mucho mayor. También trabajan para integrar a los jóvenes ofreciendo una amplia gama de oportunidades laborales, además de servicios sociales que suelen ser escasos en las zonas rurales.

Cooperativas como La Prosperidad de Chirinos y Sol y Café, por ejemplo, han mejorado la producción de café y ofrecen servicios sociales a los que pueden acceder sus socios y familias, beneficiando a cientos de hogares vinculados al campo. Además, trabajan activamente para integrar a los hijos mayores de sus socios y de las comunidades vecinas en la cadena de valor del café y en distintas funciones.

Two men prep bowls of coffee for tasting at a wooden counter in a cozy cafe.

Miguel Ángel López Córdova es miembro de segunda generación de La Prosperidad de Chirinos. Tras completar sus estudios superiores en informática, se especializó en cata de café y ahora supervisa el control de calidad, asegurando la excelencia de la producción.

En la cooperativa La Prosperidad de Chirinos esto ha creado un fuerte sentido de pertenencia entre los hijos e hijas de los socios. Jóvenes que se fueron a estudiar a la ciudad no solo regresan a trabajar la tierra mientras conservan y restauran bosques, sino que también asumen roles en administración, mercadeo, cata, asistencia técnica y más. La nueva generación aprovecha las oportunidades que ofrece el café, devolviendo beneficios a sus comunidades. Las fincas y las oficinas de la cooperativa están llenas de miembros de segunda, tercera e incluso cuarta generación que han regresado para mejorar tanto la calidad de vida como la agricultura libre de deforestación.

Julio Marino Vásquez, socio de la cooperativa e hijo de productores, comenta: “La cooperativa es como una escuela, como una familia”. Comenzó como productor de café a los 25 años y ahora, veinte años después, trabaja como asesor técnico para otros agricultores.

Man kneeling in a greenhouse tending young plants under green netting.

Julio Marino Vásquez, socio y asesor técnico en la Cooperativa La Prosperidad de Chirinos

Uno de los programas de la cooperativa es el “Seguro verde”, que brinda a los socios acceso a plantones de frutales y de árboles maderables para implementar sistemas agroforestales en sus fincas, así como para diversificar sus fuentes de ingresos.

La cooperativa también trabaja en el empoderamiento de las mujeres. Efigenia Ramírez Pintado, socia de la cooperativa, construyó su propio negocio mientras formaba y apoyaba a otras caficultoras. “El café me ha dado todo”, dice. “Gracias al café he podido criar a mis hijos y darles una educación.” Inspirados por su trabajo, tres de sus cuatro hijos regresaron al campo. Efigenia se enorgullece: “Mi árbol ya dio fruto”.

Person hiking along a forest trail on a sunlit hillside.

Efigenia Ramírez Pintado, socia y lideresa cafetalera de la cooperativa La Prosperidad de Chirinos

Man with arms crossed in a warehouse, surrounded by stacked black bags.

Gerardo Goicochea Carranza, líder cafetalero de Cajamarca e impulsor de las iniciativas de apoyo social para productores en la Cooperativa Sol y Café.

School building with green columns and a sign above the entrance; people stand near the doorway on a dirt ground.

Pilar, de 7 años, cursa el segundo grado de primaria. Con lo que aprende en la escuela, espera algún día convertirse en maestra y dedicarse al café como su madre

En Jaén, Cajamarca, la cooperativa Sol y Café, a través de una alianza público-privada con la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL), también apoya la educación mediante un modelo de escuela-cooperativa, brindando infraestructura, alimentación, transporte y programas extracurriculares a 175 niños, preparando a la próxima generación de caficultores. Leticia Vílchez, miembro de segunda generación, regresó tras completar sus estudios para trabajar en el programa de medicina preventiva de la cooperativa, devolviendo a su comunidad lo aprendido.

Dentist wearing a mask treats a patient in a dental clinic.

Leticia Vílchez, odontóloga, miembro de segunda generación de Sol y Café. Tras terminar sus estudios, regresó a trabajar vinculada al campo, en el programa de medicina preventiva de la cooperativa, para retribuir a su comunidad y mejorar la calidad de vida de los productores como sus padres.

Los nuevos enfoques demuestran que la producción de café y cacao puede atraer a una nueva generación de agricultores y miembros de la comunidad, pero estos ejemplos deben replicarse a gran escala. Las políticas públicas y herramientas desarrolladas en el Perú comienzan a abordar los retos productivos, pero su implementación efectiva requiere adaptar las directrices a las realidades locales, involucrar a los actores y comprometer al sector privado.

Quizás —con el impulso de las plataformas y mesas técnicas multiactor apoyadas por PNUD y SECO, utilizando el diálogo y la colaboración para formar una visión compartida del desarrollo regional que fortalezca las cadenas de valor de café y cacao— puedan construirse y escalarse estos nuevos modelos de cadenas de valor resilientes, inclusivas y libres de deforestación, haciendo de la agricultura una opción de vida atractiva para nuevas generaciones de productores.

Y quizás entonces, aún más jóvenes regresen.

Two people shake hands in a sunny garden among large glossy green leaves.

Escrito por Daniella Toce Salcedo, edición Proyecto Green Commodities / PNUD Perú