Cuando hacer justicia permite volver a convivir en paz

Leonarda Soto y Gerardo Huamán, jueces de paz en Huancavelica, contribuyen, desde sus despachos, a reconstruir la confianza en sus comunidades.

17 de Septiembre de 2026
Elderly man and woman wearing hats pose in a sunny plaza with arches and mountains.

 

Por Sebastián Sevilla Ferrari (PNUD)

 

En las comunidades rurales del Perú, un conflicto casi nunca se limita a dos personas, pues rápidamente puede escalar a sus familias, vecinos y amigos, y afectar los vínculos que sostienen la vida cotidiana. En espacios comunitarios, donde las personas están llamadas a seguir encontrándose, hacer justicia significa algo más que determinar cuál de las dos partes tiene la razón, implica un ejercicio de empatía, diálogo y recuperación de la confianza.  

Este rol, indispensable para mantener una sana convivencia, recae en muchas ocasiones sobre la justicia de paz, que interviene en los conflictos cotidianos y busca resolverlos utilizando los usos, costumbres y normas de la comunidad, dentro del marco del ordenamiento jurídico. Se trata de una labor que no solo busca resolver la controversia, sino también preservar los vínculos que permiten que, después del conflicto, todavía sea posible volver a integrar el espacio compartido. 

Photograph of an elderly man in a cap writing in a notebook in a sunny plaza and mountains.

 

En Conayca, Huancavelica, el juez de paz Gerardo Huamán Cajas Espinoza, identifica la paz como “el compañerismo, estar juntos en tranquilidad. Es darnos la mano, sin que haya algo que nos impida vernos de frente”.  

Para él, el diálogo es el punto de partida. “Siempre he tenido la política de dialogar con las personas, con quién sea, con la persona mayor, con niños, adolescentes, con todas las personas, con autoridades”, cuenta. Para el juez Gerardo, la justicia va más allá de resolver un problema puntual, porque el objetivo final es reconstruir los vínculos entre las personas, ya que la suma de estas relaciones es la que sostiene la paz de la comunidad. 

Several people sit around a table in a meeting room; a Peruvian flag in the background.

 

Él recuerda el caso en el que, luego de dialogar con una mujer que había sufrido violencia por parte de su pareja, decidió brindarle medidas de protección para que los hechos no se repitieran. Luego de hacerlo, siguió de cerca su situación, pues su función no se limita a las decisiones que toma en su despacho.  

“Se ha construido una cercanía muy grande con el juzgado de paz, las personas sienten esa confianza”, explica. “Como juez de paz, uno vuelve a encontrarse con las personas en muchos espacios, también fuera del juzgado, y uno pregunta ‘¿cómo están?’ y busca saber si la paz ha vuelto”.

Group of adults seated at a table in a classroom, reviewing documents.

 

VOLVER A CONSTRUIR CONFIANZA

En Manta, provincia de Huancavelica, hablar de paz tiene una profundidad especial. Durante el periodo de violencia 1980-2000, la comunidad quedó atrapada entre la presencia del grupo terrorista Sendero Luminoso y la respuesta de las fuerzas del Estado, en un contexto de violencia que alteró profundamente la vida de la comunidad. Entre los hechos que marcaron este periodo se encuentran los casos de violencia sexual contra mujeres de Manta y Vilca, que décadas después alcanzaron justicia a través de sentencias emitidas por el Poder Judicial. Aquella experiencia dejó huellas que trascendieron a las víctimas directas, afectando la confianza, la reciprocidad y las formas de convivencia que sostenían a la comunidad.

Leonarda Soto, jueza de paz de Manta, recuerda una comunidad que se trataba con una mayor reciprocidad. “Éramos todos amables, se trabajaba, como se dice, unidos. Había entonces el ayni1, el ayni más que nada, ¿no? hoy día trabajo para ti y otro día para mí”.  

Esta reciprocidad se expresaba en la certeza de saber que, al ayudar al a otra persona, esta también te ayudaría. “Pero ahora no, ahora no sueltan así nomás. Difícil, muy difícil. Hay más desconfianza, bastante desconfianza”.

Ella no atribuye este cambio a un solo acontecimiento. Para la jueza Leonarda Soto, un conflicto prolongado y difícil de superar deteriora la confianza e impide que las personas puedan sentirse seguras unas de otras. 

Photo of a woman wearing a white hat and pink scarf on a colorful street with mountains.

 

Por eso, cuando la jueza habla de paz, no la define como la desaparición de los problemas. “Siempre hay conflicto, siempre hay pequeños problemas”, dice. Para ella, la tranquilidad también está en poder compartir una jornada, participar de un trabajo comunal o sentir que todos están poniendo “un granito de arena para la mejora del pueblo”.

Su rol como jueza de paz tiene lugar en una comunidad donde las personas seguirán encontrándose después de una disputa, en espacios como una asamblea, en una jornada comunal o una celebración.

En uno de los casos que recuerda, relacionado con la apropiación de productos de otra persona, la solución implicó reconocer lo ocurrido, reparar el daño y restaurar la relación, algo que, en sus palabras, es tan importante como sancionar al infractor. “Si te han cogido algo ya, se resuelve, ¿sabes qué le dijo (el que cometió la falta al agraviado)? Discúlpame, ya, he cogido (tus cosas), ¿cuánto te debo? Eso es lo que se hace cuando uno es caballero, se disculpa y también se aceptan las disculpas”, cuenta.

En un territorio marcado por la violencia, la reconstrucción de la convivencia se define en espacios cotidianos: en una conversación, en una disculpa, en una decisión compartida, en la posibilidad de volver a confiar, así como también en un juzgado de paz como el que preside la jueza Leonarda. “Me gustaría que cambie la gente, que vuelva a ser a la de antes... más amable, más amigable”. “Hay que hacer más unión en la comunidad”. 

Group of diverse adults and children posing for a photo in a hall with a crest emblem and banners.

 

JUSTICIA PARA LA PAZ

Los testimonios de Leonarda Soto y Gerardo Huamán fueron recogidos en el marco del Día Internacional de la Paz, una fecha que invita a mirar la paz como una construcción diaria que requiere el compromiso de todos los miembros de un territorio.  

Ambos son jueces de paz en Huancavelica y han formado parte de las sesiones de fortalecimiento de capacidades para la atención de casos de violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar, desarrolladas por el proyecto Sumaq Justicia, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Poder Judicial, con el financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA).  

El proyecto apuesta por fortalecer las capacidades de la justicia de paz para contribuir a un acceso a la justicia más cercano para las comunidades. En lugares donde las personas tienen que seguir encontrándose después de cada conflicto, fortalecer esta justicia implica recomponer los vínculos.  

Las experiencias de ambos muestran que la paz ocurre cuando, luego de un conflicto, una comunidad decide que todavía vale la pena volver a encontrarse y recomponer los vínculos que los han mantenido unidos.