A un año de su implementación, la iniciativa nos aporta enseñanzas sobre cómo mejorar la coexistencia entre instituciones, productores y la naturaleza.
Seguro de Protección del Yaguareté: aprendizajes desde un enfoque sistémico y de ciencias del comportamiento
2 de Junio de 2026
El PNUD en Argentina participó de una visita territorial en Misiones para acompañar la expansión de la cobertura del Seguro del Yaguareté.
En el norte de la provincia de Misiones, donde la selva paranaense respira densa y húmeda, el yaguareté se mueve casi sin ser visto. Es un depredador silencioso, clave para el equilibrio del ecosistema, pero también una presencia concreta en la vida cotidiana de quienes producen en ese territorio. Allí, la frontera entre monte y chacra es difusa. En ese espacio compartido emerge un problema profundamente sistémico, donde se entrecruzan la conservación de una especie en peligro —con menos de un centenar de individuos en la provincia—, la sostenibilidad de los sistemas productivos rurales y las condiciones materiales de vida de las familias. No se trata solo de ataques a animales, sino de una tensión más amplia entre modelos de producción, transformaciones económicas y dinámicas ecológicas que obligan a repensar cómo convivir en un mismo territorio.
El yaguareté es el mayor felino de América y uno de los símbolos más potentes de la selva misionera. De cuerpo robusto, pelaje amarillo dorado con manchas negras en forma de rosetas y una mirada difícil de sostener, se desplaza con una combinación de sigilo y precisión que lo vuelve casi invisible en el monte. Es un cazador solitario, principalmente nocturno, que recorre grandes extensiones en busca de alimento y territorio. Su presencia es tan discreta que muchas veces se lo reconoce más por sus huellas o por el rastro de sus presas que por un avistaje directo.
Luego de un año, el Seguro de Yaguareté amplía su cobertura a los municipios de Puerto Iguazú, Puerto Esperanza, Puerto Libertad y Wanda.
Pero más allá de su fuerza y su misterio, cumple un rol clave en la selva: regula poblaciones de otras especies y contribuye a la salud del ecosistema. Su supervivencia depende de grandes extensiones de selva continua y de la disponibilidad de presas naturales. Sin embargo, ese mismo comportamiento lo acerca inevitablemente a zonas productivas cuando el entorno cambia. En ese movimiento, deja de ser solo símbolo de biodiversidad para convertirse también en un actor dentro de un sistema compartido, donde su presencia genera tanto valor ecológico como desafíos concretos.
A un año de la implementación del Seguro de Protección al Yaguareté —una herramienta innovadora que busca compensar pérdidas y desincentivar la caza en represalia— el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Argentina, junto al Gobierno de Misiones, Río Uruguay Seguros, Aves Argentinas y el Proyecto Yaguareté dieron un paso más hacia la comprensión profunda del problema. Desde el PNUD se impulsó una semana de trabajo territorial en Comandante Andresito y cuatro municipios del Departamento de Iguazú.
El yaguareté es el mayor felino de América y uno de los símbolos más potentes de la selva misionera.
El trabajo combinó un enfoque de pensamiento sistémico con herramientas de ciencias del comportamiento para comprender un problema que, lejos de ser lineal, está atravesado por múltiples capas. A partir del mapeo del sistema, el análisis del trayecto de los productores y la identificación de barreras emergió un patrón claro: muchas de las tensiones no se explican solo por la depredación en sí, sino por desajustes entre expectativas y realidad, falta de información oportuna, limitaciones económicas para implementar medidas preventivas y una percepción de baja participación en las decisiones. En este sentido, el seguro aparece valorado como herramienta, pero también tensionado por expectativas que exceden su alcance y por dificultades en su comprensión y uso.
De esta forma, se realizaron entrevistas en profundidad a distintos tipos de productores y un taller colaborativo de diseño donde se trabajaron percepciones, actitudes y posibles mejoras de la herramienta. Este proceso permitió relevar experiencias y comprender cómo se construyen las decisiones en el territorio.
Incorporar un enfoque de ciencias del comportamiento implica reconocer que las decisiones se toman en contextos concretos con idiosincrasias particulares, atravesados por percepciones, experiencias previas, emociones y dinámicas sociales. En este sentido, comprender cómo los productores interpretan el riesgo, la confianza en las instituciones o el valor de una pérdida resulta tan relevante como el diseño técnico de cualquier herramienta. Es en ese cruce donde se abren nuevas posibilidades de intervención, más ajustadas a la realidad, más efectivas y, sobre todo, más sostenibles en el tiempo.
Se realizaron entrevistas en profundidad y un taller colaborativo donde se trabajaron percepciones, actitudes y posibles mejoras de la herramienta.
Así como en la selva cada especie cumple un rol, el sistema que rodea su conservación también funciona como un entramado de interdependencias. Allí, los productores gestionan sus chacras día a día; el Estado define reglas y coordina respuestas; organizaciones como Aves Argentinas y Proyecto Yaguareté aportan conocimiento técnico y presencia en el territorio; Rio Uruguay Seguros brinda un apoyo fundamental ; las escuelas forman a las futuras generaciones; y los vecinos construyen percepciones y prácticas que circulan en el territorio. Ninguno de estos actores, por sí solo, puede sostener el equilibrio. Como en un ecosistema, lo que importa son las relaciones entre los componentes.
A partir de este trabajo colaborativo, el Gobierno de Misiones decidió extender la cobertura a los municipios de Puerto Iguazú, Puerto Esperanza, Puerto Libertad y Wanda, ampliando el alcance a más de 100.000 personas. Al igual que en todo proceso colectivo, lo más valioso es que habilita una forma distinta de pensar la coexistencia, donde producir y conservar no se excluyen, sino que se construyen en conjunto.