El primer seguro del mundo creado para que yaguaretés y personas vivan en armonía
Donde ruge la esperanza
18 de Noviembre de 2025
Yaguareté
Diego es ganadero ovino y administra un rancho familiar. Hilda se dedica a la ganadería junto a su esposo Juan y su hijo Hugo. Adenir es agricultor. Los tres viven en Comandante Andresito, un municipio ubicado en la provincia de Misiones, en la frontera argentina con el Brasil y el Paraguay. Todos ellos comparten un mismo desafío: convivir con la presencia del jaguar.
“Cada mañana revisamos a los animales para ver si están todos, especialmente sabiendo que uno de los jaguares anda por la zona”, cuenta Hugo. Su madre, Hilda, añade: “Al final de la tarde no salgo porque estas criaturas suelen moverse al amanecer o al anochecer”.
El Yaguareté (Jaguar) es el felino más grande de América y el tercero del mundo, solo detrás del tigre y el león. Su nombre proviene del guaraní y significa “el que mata de un zarpazo”. Durante siglos, este majestuoso mamífero ha sido un símbolo de poder, grandeza y hasta espiritualidad para diversas culturas indígenas.
En la Argentina lo conocen como “yaguareté”. Vive mayoritariamente en la densa selva misionera, y sus huellas, a veces visibles en el suave barro, arañadas en la corteza de los árboles o apenas perceptibles a través de un repentino susurro en la maleza, siembran el pánico entre quienes habitan y trabajan cerca de su territorio.
"Cuando llegué y levanté la cabeza del perro, vi ese montón de sangre… se me ocurrió que solo había podido ser un yaguareté”Adenir recuerda cuando un yaguareté agredió a su mascota:
Este encuentro no es aislado. En varias ocasiones, los animales de granja, como vacas, caballos, cabras o perros, han sido víctimas del temido felino. La caza por represalia se ha convertido en una de las principales causas de su muerte: tras un ataque, muchos propietarios optan por tomar medidas drásticas para evitar futuras pérdidas, al considerar al felino una amenaza directa a su sustento diario. A esta tensión se suman la caza furtiva y la pérdida de su hábitat.
El yaguareté comenzó a ser monitoreado en el siglo XIX, cuando su territorio se extendía desde el sur de los Estados Unidos hasta el litoral argentino. Sin embargo, en 2020 su población había disminuido en un 50 % a nivel continental. En la Argentina, la situación es aún más crítica: se estima que el 95 % de su hábitat original ha desaparecido. Por ello, en 2001, el país lo declaró Monumento Natural Nacional, máxima categoría de protección para una especie. Aún así, hoy solo quedan unos 250 ejemplares en todo el país.
"Como productor, y creo que hablo por la mayoría de los ganaderos de la zona, da cierta tranquilidad que se estén tomando medidas para mantener el problema alejado de nuestras operaciones ganaderas”Pero Diego apunta:
A lo que él se refiere es al primer seguro del mundo de protección del yaguareté.
Se trata de un tipo de seguro inédito que busca transformar el conflicto en convivencia: si se verifica un ataque de depredación, el productor afectado recibe una compensación económica rápida. Pero el verdadero valor del programa va más allá: desde que se verifica, se activa un acompañamiento técnico que incluye visitas periódicas, asistencia en el manejo del ganado y mejoras en infraestructura para prevenir futuros incidentes.
El seguro es financiado por el Gobierno provincial y se brinda de manera gratuita a los productores. No requiere franquicia y la verificación de los casos de depredación la realiza una organización especializada en conservación de la biodiversidad, lo que garantiza un proceso transparente y justo.
Hilda, Juan y Hugo sienten que ahora no trabajan en vano. Dicen que antes pasaban “un año y medio criando un ternero, y el yaguareté venía y se lo comía en una noche”.
Este seguro fue desarrollado gracias al trabajo del PNUD Argentina, a través de las iniciativas globales The Biodiversity Finance Initiative (BIOFIN) y Insurance and Risk Finance Facility (IRFF), con el financiamiento del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania. Gracias a la estrecha colaboración entre el PNUD, el Gobierno de Misiones, Río Uruguay Seguros (una aseguradora local) y Aves Argentinas (una organización dedicada a la conservación), se han abierto nuevos caminos para la convivencia.
Es decir, este seguro no es solo un instrumento financiero, sino también una línea de vida para la especie: al proporcionar compensación y apoyo técnico a los productores que sufren pérdidas, ayuda a convertir el miedo en cooperación y el conflicto en coexistencia.
El yaguareté desempeña una función ambiental fundamental. Controla las poblaciones de herbívoros, ayuda a prevenir el sobrepastoreo y la erosión, y salvaguarda el delicado equilibrio de la selva. Estudios recientes estiman que los servicios ecosistémicos proporcionados por los hábitats de este felino tienen un valor de hasta 4.000 millones de dólares de los Estados Unidos (USD) al año en América Latina. En 2024, la Administración de Parques Nacionales de la Argentina valoró la pérdida de un solo yaguareté en más de 1.700 millones de pesos argentinos, unos USD 1,8 millones.
El costo de perder al yaguareté es incalculable desde un punto de vista ecológico, pero también cultural y espiritual. Por eso, su conservación también se construye en los gestos cotidianos. Las comunidades están siendo empoderadas con herramientas simples pero efectivas: luces intermitentes que ahuyentan a los depredadores durante la noche, cencerros que alertan ante la presencia de peligros, cercas eléctricas para proteger al ganado y refugios seguros para los perros guardianes.
El seguro de protección del yaguareté es un modelo con potencial de ser replicado, por lo que será monitoreado y evaluado con el objetivo de expandirlo a otras partes del país e incluso de la región. Como bien expresó la conservacionista brasileña Yara Barros —ganadora del el premio Whitley que reconoce iniciativas destacadas de conservación en el Sur Global—, tras su trabajo en defensa de los jaguares en la triple frontera entre la Argentina, el Brasil y el Paraguay, la clave para proteger a estos grandes felinos es “transformar el miedo en fascinación”.
Eso es precisamente lo que Comandante Andresito está comenzando a mostrarle al mundo: una comunidad donde el rugido del yaguareté resuena en el bosque no como una amenaza, sino como un símbolo de equilibrio, armonía y esperanza.