En el Mes Mundial del Ambiente, comunidades Shuar fortalecen la conservación de la Amazonía a través de la seguridad territorial
10 de Junio de 2026
Para los pueblos indígenas amazónicos, proteger el ambiente no es una tarea que ocurre una vez al año. Es una práctica que forma parte de su vida cotidiana, de su cultura y de su relación ancestral con el territorio. En el Mes Mundial del Ambiente, las historias de las comunidades Shuar de Morona Santiago evidencian que la conservación de los bosques y el reconocimiento de derechos territoriales avanzan de la mano.
En el corazón del Bosque Protector Kutukú Shaimi, el bosque protector más grande del Ecuador, Manuel Najandey, líder del Centro Shuar Kampan, y Marisol Yagora, socia del Centro Shuar Tunants, comparten una misma convicción: la tierra es vida.
Para ellos, el bosque no es únicamente un espacio geográfico. Es el lugar donde nacen las tradiciones, donde se encuentran las fuentes de agua que sostienen a las familias, donde habitan especies de flora y fauna únicas, y donde se construye el futuro de las nuevas generaciones.
“El bosque es nuestra vida”, expresa Manuel al describir la profunda conexión que existe entre su pueblo y la naturaleza. Una relación en la que el ser humano y el entorno forman una unidad indivisible.
Durante años, las comunidades trabajaron para alcanzar el reconocimiento legal de sus territorios ancestrales. Aunque históricamente habían protegido estos bosques, la ausencia de títulos colectivos generaba incertidumbre sobre el futuro de sus tierras y limitaba nuevas oportunidades para impulsar iniciativas sostenibles.
Hoy esa realidad está cambiando
Gracias al trabajo liderado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE), con el acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), principal agencia de desarrollo de las Naciones Unidas, las comunidades indígenas amazónicas avanzan en el fortalecimiento de sus derechos territoriales y en la conservación de los ecosistemas del país.
Los resultados alcanzados representan un paso significativo para las personas y comunidades que habitan el territorio. La adjudicación de tierras ancestrales ha permitido brindar seguridad jurídica sobre miles de hectáreas de bosque amazónico, reconociendo oficialmente el vínculo histórico entre los pueblos indígenas y sus territorios.
Para Manuel, este proceso representa el reconocimiento de una lucha sostenida por años.
“Durante mucho tiempo esperamos este momento. Ahora tenemos la tranquilidad de saber que nuestro territorio está protegido para nuestros hijos y nuestros nietos”, señala.
Marisol comparte una visión similar. Para ella, la legalización territorial fortalece la capacidad de las comunidades para continuar cuidando los recursos naturales y preservar su identidad cultural.
La seguridad jurídica sobre la tierra permite además impulsar proyectos sostenibles que contribuyen al bienestar de las familias y a la conservación de los bosques. En estos territorios se protege el agua, se conserva la biodiversidad y se mantienen prácticas ancestrales que han demostrado ser fundamentales para evitar la deforestación y la degradación ambiental.
Estos avances se suman al histórico proceso de reconocimiento territorial impulsado en la Amazonía ecuatoriana. Tras el hito alcanzado el año anterior con la adjudicación de territorios ancestrales a comunidades indígenas, actualmente se trabaja en la legalización de seis nuevos centros Shuar: Kunki, Tayu, Juank, Kenkuim, Numpaim y Chichichikentza, ubicados dentro del Bosque Protector Kutukú Shaimi.
Este nuevo proceso permitirá proteger legalmente más de doce mil hectáreas adicionales de bosque amazónico, fortaleciendo los derechos colectivos de las comunidades y consolidando la conservación de uno de los ecosistemas más importantes del país.
Cada hectárea legalizada representa mucho más que una extensión de territorio. Representa seguridad para las familias, oportunidades para las comunidades y una garantía de que los bosques continuarán siendo protegidos por quienes los han cuidado durante generaciones.
En este Mes Mundial del Ambiente, la experiencia de las comunidades Shuar demuestra que la conservación de la naturaleza y el reconocimiento de derechos son objetivos inseparables. Cuando se fortalecen los derechos territoriales de los pueblos indígenas, también se fortalece la protección de los bosques, la biodiversidad y el futuro de la Amazonía ecuatoriana.
Porque para las comunidades Shuar, cuidar el territorio es cuidar la vida.