La paradoja contemporánea de estar hiperconectados y, aun así, sentirnos solos
Digitalización e IA en tiempos de soledad no deseada: el desafío de la conexión real
26 de Febrero de 2026
Vivimos en una época donde la digitalización atraviesa nuestra vida cotidiana y la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta ineludible para pensar el presente que estamos construyendo. Una era que trajo la promesa de la conectividad, pero que está marcada por la soledad. Dos caras de una misma moneda. Un ejemplo es que muchas redes sociales fueron diseñadas inicialmente para unir a las personas, pero terminaron haciéndolas sentir más ansiosas y propiciaron círculos de dependencia tecnológica que minan la interacción social, entre otras consecuencias preocupantes.
En este escenario, la soledad no deseada va emergiendo como una epidemia silenciosa y en expansión que merece nuestra atención. De ahí que en PNUD mapeamos más de 100 soluciones diseñadas para combatirla; algunas con evidencia empírica que las respaldan y otras que deben ser testeadas. Dentro de este ecosistema, también aparecen dispositivos que utilizan IA.
Antes de comentarlas, vale la pena un par de aclaraciones importantes. Primero, no vamos a presentar iniciativas de digitalización e IA como sustituto de la interacción humana. Nada más lejos del espíritu de esta línea de investigación y desarrollo. Segundo, ninguna considera a la IA como una posible herramienta terapéutica porque cada vez son más extendidos los riesgos y desafíos que, hoy en día, plantean y la falta de evidencia sobre sus efectos.
Las iniciativas que incorporamos al mapeo procuran, por lo general, acercar y acompañar cuando la distancia o la movilidad se convierten en barreras. Pueden dividirse en tres grandes categorías: aquellas que promueven la inclusión digital, las que despliegan modelos híbridos e incentivan un uso activo de la tecnología (no como mero entretenimiento pasivo), y las que buscan acompañar y mediar en tiempo real. Veamos de qué se tratan.
Inclusión digital: empecemos por el principio
Como parte del porfolio de soluciones posibles, encontramos aquellas que incluyen la capacitación en el uso de dispositivos —talleres de redes sociales, programas de alfabetización digital, etc.— a fin de fortalecer la confianza en el uso de la tecnología y reducir la brecha digital, que puede intensificar el sentimiento de soledad, especialmente entre las personas mayores.En esta línea, el Ministerio de Soledad del Reino Unido impulsa diversos programas como Inclusión Digital Futura y Ampliación de la Participación Digital que buscan extender el acceso a internet y a dispositivos digitales como herramientas que faciliten la comunicación, el acceso a redes de apoyo y la participación en actividades.
Modelos híbridos y uso activo: diseñadas como complemento las interacciones humanas
También identificamos que los modelos diseñados buscan complementar las interacciones humanas y de proximidad. Para ello, combinan soluciones tecnológicas específicas con intervención humana directa en colaboración con organizaciones locales y voluntarios. En estos esquemas los dispositivos son utilizados como un medio para la interacción, no como un fin en sí mismo. Su objetivo es crear entornos más conectados donde las personas se sientan parte activa de la comunidad. En España, por ejemplo, el programa VinclesBCN utiliza una aplicación para sostener dos redes de interacción: una red personal, compuesta por amigos y familia, y una grupal, en la que participan personas con intereses comunes. En esta última opera un dinamizador que facilita y la comunicación y el acceso a servicios, propuestas y espacios de participación presenciales.
Acompañamiento virtual y mediación digital en tiempo real
Las iniciativas son múltiples. Reconocimos plataformas de mensajería, IA, redes sociales adaptadas o sistemas de videollamadas integrados son implementadas para facilitar interacciones inmediatas, personalizadas y significativas que no requieren presencialidad física, pero que buscan generar conexión humana. A diferencia del acceso digital simple, estas herramientas están diseñadas específicamente para combatir la soledad mediante el contacto regular, el diálogo empático o la creación de comunidades virtuales de pares.
Dentro de este enfoque, mapeamos dos tipos de iniciativas complementarias. Por un lado, sistemas de detección y derivación basados en IA conversacional, como el proyecto Paloma del Ayuntamiento de Madrid o Knock Knock 24 en Seúl, que realizan llamadas o brindan atención por mensajería para identificar situaciones de riesgo y derivar a profesionales que ofrecen atención personalizada, información sobre programas y servicios sociales. Estas herramientas operan como primer filtro tecnológico que agiliza la detección temprana y articula a las personas con los apoyos que necesitan. Por otro lado, existen plataformas de conexión directa entre personas, como las redes sociales dinamizadas (Enred@te en España), que buscan facilitar la interacción con grupos de iguales y voluntarios, o robots domésticos que permiten videollamadas con familiares. Se reconoce que en este tipo de iniciativas debe priorizarse la calidez, la accesibilidad y el respeto por la autonomía de las personas.
Desafíos de la digitalización y la IA: equidad, privacidad y diseño responsable
A medida que se implementan las nuevas tecnologías, es necesario abordar con urgencia los desafíos éticos correspondientes. Los sesgos algorítmicos en sistemas de detección pueden reproducir o amplificar discriminaciones existentes al aprender de datos con sesgos de clase, edad, etc., identificando sistemáticamente a ciertos grupos y categorizándolos como “en riesgo” mientras excluyen a otros de los apoyos disponibles. Asimismo, la recopilación de información sobre hábitos, emociones y rutinas exige protocolos estrictos de privacidad y marcos regulatorios claros sobre quién posee, accede y utiliza estos datos, especialmente cuando se trabaja con poblaciones en situación de vulnerabilidad.
El reto central no es técnico, sino ético y político: construir marcos que protejan datos sensibles, combatir sesgos algorítmicos que perpetúan desigualdades, y garantizar que el acceso sea verdaderamente universal. El objetivo, una vez más, es construir ecosistemas donde la tecnología potencie —nunca sustituya— el vínculo humano.
Más allá de lo digital, tecnología y comunidad
Quizás resulte evidente, pero la tecnología va más allá de lo digital. Organizaciones comunitarias, enfoques participativos o incluso la infraestructura urbana, entre otras manifestaciones, pueden entenderse como tecnologías sociales, organizacionales o materiales fundamentales para crear vínculos, sostener redes y enfrentar problemas complejos en la vida cotidiana. El mapeo de soluciones sobre soledad no deseada reúne muchos ejemplos en este sentido. Te invitamos a explorarlo y a acompañarnos en este recorrido.