Jairo Acuña: “Los espacios para generar consensos son un antídoto contra la polarización”

Jairo Acuña, líder regional de Gobernabilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe reflexiona sobre la creciente polarización en la región, el rol de los espacios de diálogo ciudadano y los desafíos para las democracias contemporáneas.

27 de Mayo de 2025
Smiling man in a dark blazer stands outdoors near a modern building with greenery.

 

Entrevista por Daniella Toce, edición por Paula Rivera

Según el proyecto Varieties of Democracy (V-Dem), una sociedad se considera altamente polarizada cuando las personas que apoyan ideologías opuestas evitan interactuar de forma amistosa en contextos cotidianos como reuniones familiares, actividades recreativas, asociaciones civiles o entornos laborales. 

Aunque el aumento de la polarización política es un fenómeno global, América Latina y el Caribe (ALC) es la región donde este fenómeno ha crecido con mayor intensidad en las últimas dos décadas. A comienzos de los años 2000, ALC tenía niveles de polarización significativamente más bajos que el promedio global. No obstante, a partir de 2015 la polarización empezó a incrementarse con mayor rapidez que en otras partes del mundo. En la actualidad, ALC se sitúa entre las regiones más polarizadas a nivel global, solo detrás de Europa del Este y Asia Central. 

En el caso de Perú, el país ha atravesado un proceso de agudización similar. Según V-Dem, entre 2023 y 2024 el país ha alcanzado niveles extremos de polarización política, llegando a 3,9 en una escala de 0 a 4, el punto más alto registrado en las últimas dos décadas. Esta cifra refleja un clima de hostilidad que imposibilita un debate efectivo entre los sectores ideológicos, una situación muy distinta a la relativa estabilidad observada entre 2001 y 2015, cuando la polarización se mantenía en niveles moderados. 

Por ello, desde el 2023, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) viene organizando la iniciativa “Tejiendo Ciudadanía: Encuentros por el Perú” en las macrorregiones del país. La iniciativa busca promover el diálogo y la participación activa de la ciudadanía para la reconstrucción de la confianza entre ciudadanos, la prevención de la violencia y la inclusión de voces ausentes en el debate público, una respuesta clave al escenario al que se enfrenta el Perú. Este año, Tejiendo Ciudadanía reunió, por cuarta vez, a 750 personas representando a cerca de 300 organizaciones e instituciones de todo el país, además de 450 jóvenes que participaron en los talleres organizados a lo largo del año. La iniciativa Tejiendo Ciudadanía es impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Grupo La República, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), la Red Científica Peruana, en alianza con 17 universidades a nivel nacional y el financiamiento de la Unión Europea para trabajar en una agenda que influya en el debate público descentralizado. 

En el marco de Tejiendo Ciudadanía macrorregión centro, conversamos con Jairo Acuña, líder regional de Gobernabilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe, sobre el papel que juegan los espacios de diálogo como herramientas para reconstruir la confianza entre ciudadanía e instituciones. 

¿Qué oportunidades surgen de poder contar con espacios que buscan generar consensos como Tejiendo Ciudadanía? 

Estos espacios son fundamentales. Funcionan como un antídoto ante la polarización. Son espacios como estos que permiten a las personas expresar sus inquietudes directamente a las autoridades y facilitan un intercambio constructivo. Uno de los méritos de Tejiendo Ciudadanía es precisamente conectar a las autoridades con los beneficiarios de sus políticas. Indudablemente América Latina y el Caribe no escapa a la realidad global y Perú tampoco, en el sentido de que hoy en día América Latina está más polarizada que hace unos 10 o 15 años. De hecho, en los últimos 10 años América Latina y el Caribe es la región que se ha polarizado más rápidamente. ¿Por qué? Bueno, porque hay una fatiga tal vez de la ciudadanía que no ven una respuesta más eficiente a sus necesidades más inmediatas. Además, está la proliferación de redes sociales, de la contaminación informativa, que les impide tener una discusión ordenada y estructurada. Espacios como estos permiten tener ese intercambio que es necesario de opiniones con las autoridades, entre las autoridades y con la ciudadanía. 

Aprovechando que has tocado el tema de las redes sociales, ¿de qué manera el PNUD está contribuyendo a la gobernanza regional y global de las plataformas digitales? 

El gran desafío que tenemos es la velocidad con la cual se están dando cambios en el entorno digital, como el uso de diferentes plataformas digitales y la penetración de la inteligencia artificial. En el PNUD tenemos una vocación de apoyar procesos de reducción de contaminación informativa, de utilizar esas plataformas digitales para monitorear discursos de odio, por ejemplo, para monitorear violencia política contra sectores vulnerables y particularmente violencia política contra las mujeres que ha experimentado un incremento en los últimos años.  

Este año, muchos países de la región están teniendo procesos electores. El Perú los tendrá el próximo año. ¿Cómo podemos hacer de los procesos electorales una oportunidad para fortalecer los sistemas de gobernanza democrática? 

 Aquí hay una noticia positiva, y es que, a pesar de todo, América Latina y el Caribe sigue siendo la región en desarrollo más democrática del mundo. En 2024, más de 20 procesos electorales se están llevando a cabo en la región. Cada elección es una oportunidad para fortalecer la participación ciudadana. Dos cientos millones de personas tienen la oportunidad de expresarse en estos procesos electorales y la gran mayoría, en el caso de América Latina y el Caribe, tienen resultados creíbles, positivos y hay transiciones gubernamentales que se generan bajo esquemas de regímenes democráticos.  

El desafío es cómo mantener la credibilidad en el proceso, fortalecer a las instituciones electorales y, un tercer elemento que es promover los pactos de ética entre los partidos políticos con candidatos a ejercer cargos de elección popular. Tenemos que darle el valor de la política con P mayúscula, desde la cual se hacen proposiciones. Lamentablemente lo que vemos en las regiones es que, durante las campañas políticas, se ha hecho más fácil criticar que proponer. Lo que nosotros hemos identificado es que aquellos líderes que son más exitosos son aquellos que se enfocan en la solución de los problemas en lugar de la identificación de los culpables. Y es en ese espacio político-electoral donde se pueden corregir ese tipo de narrativas o este tipo de discursos. 

Los sistemas de gobernanza democrática están experimentando presiones desde la inequidad económica, la crisis climática y el backlash de género, no solo en la región, sino en todo el mundo. ¿De qué manera el PNUD está promoviendo la innovación para enfrentar estos desafíos de las democracias contemporáneas? 

Nos estamos enfocando en tratar de entender cuáles son estas nuevas presiones que está experimentando la democracia en América Latina y el Caribe. Y una vez identificadas estas presiones, que sí, tienen que ver con la desigualdad –somos la región más democrática, pero también somos la región más desigual. Pero también tiene que ver con la violencia. Somos la región más violenta. En América Latina concentra el 9% de la población mundial, pero 33% de los homicidios suceden aquí. Y eso genera un descontento, una apatía y una desconfianza de la ciudadanía sobre la capacidad del Estado, de la democracia, de darle una solución a sus problemas.  

Una pregunta que nos hacemos en nuestras investigaciones es ¿cuánta desigualdad puede tolerar una democracia? y ¿por cuánto tiempo? Entendamos que la gobernabilidad no es solamente el ejercicio del poder político, sino es el generador de oportunidades de desarrollo a dos niveles. El primer nivel es de las instituciones públicas y las instituciones democráticas para anticiparse a los problemas que requieren una respuesta, pero también oportunidades a los habitantes, a las personas para que puedan desarrollar el tipo de vida y la calidad de vida a la cual estas aspiran.