Revalorizando la tradición en torno a nuestras plantas medicinales

5 de Diciembre de 2025
Person wearing a hat and patterned shirt in a sunlit forest.

Guardianas del Poha Ñana

Más de 50 mujeres de Itapúa y Caazapá son las Guardianas del Poha Ñana. Ellas dedican su tiempo, saberes y esfuerzos a la producción de plantas medicinales nativas con prácticas de conservación y uso sostenible de la biodiversidad local. Para ellas es una oportunidad de empoderamiento, de diversificación de su producción, de impulso de su creatividad y de generación de ingresos propios.  

Juana es una mujer inspiradora, mamá de tres hijos, esposa, trabajadora, y, una Guardiana del Poha Ñana (medicina ancestral del Paraguay basada en el uso de hierbas medicinales, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por UNESCO).  

En su huerta, fortalecida a través del apoyo y conocimientos compartidos en el marco de este proyecto, los cuales le ayudaron a cultivar, cuidar y comercializar plantas medicinales nativas, encontró una fuente de ingreso y, por sobre todo, un espacio propio donde su empoderamiento y sus raíces crecen. 

Person wearing a hat and patterned shirt in a sunlit forest.

Juana Jara

Foto: Noelia Armele

Juana tiene un trabajo fuera de su casa, pero pese a ello, encuentra tiempo para dedicarse a trabajar la tierra y aumentar su producción a fuerza de constancia. Hoy no solo vende las hierbas medicinales secas, sino que también imagina y crea nuevas formas de acercar la medicina natural a su comunidad, desde mixes para el mate hasta hielos con yuyos para el tereré. Juana, como otras tantas mujeres en el país, está revitalizando saberes ancestrales y demostrando que cuando la tierra se cuida, devuelve oportunidades.

“Desde que empecé el proyecto, yo empecé a valorizar los plantines medicinales. Antes le daba poco y nada de uso e importancia. Pero al tener mis propias plantitas, ya cambia, porque es mío”
Juana Jara

Esta es solo una de las tantas historias que comparten las Guardianas en los departamentos de Itapúa y Caazapá, donde el proyecto Guardianas del Poha Ñana y el Legado de Moises Bertoni es implementada por el Centro de Educación, Capacitación y Tecnología Campesina (CECTEC), con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) financiado por el Fondo para el Medioambiente Mundial (FMAM, o GEF, por sus siglas en inglés)  

Garden bed with medicinal plants and a sign reading Área de plantas medicinales.
Foto: Noelia Armele

“Aumentar los plantines es lo que más deseo y espero que se me cumpla, estamos preparando y ojalá nos funcione” cuenta Saturnina Almada, más conocida “Ña Nina”, ella nos compartió este testimonio como uno de sus sueños en torno a esta labor, nos cuenta que en las capacitaciones aprendió a cómo debe cuidar sus hierbas medicinales y cómo debe cultivarlas. 

Outdoor portrait of a person in a blue zigzag jacket, black top, and a brown cap with a logo.

Ña Nina

Foto: Noelia Armele
“Aumentar los plantines es lo que más deseo y espero que se me cumpla, estamos preparando y ojalá nos funcione”
“Ña Nina”

Por su parte, Ña Zuni (Zulma Chávez), gran conocedora de las plantas medicinales y de sus propiedades curativas, destacó: “Son muy buenas porque con las plantas podemos curarnos en nuestra propia casa y usarlas como un apoyo a los medicamentos farmacéuticos”.

Su testimonio refleja el valor del intercambio comunitario. Ella formó parte del proyecto gracias a sus compañeras del comité, quienes compartían lo aprendido en las capacitaciones. “Nos fuimos con nuestra organización, con nuestras representantes; después ya vinieron ellas a darnos la capacitación en nuestras reuniones”, recordó. 

Person wearing a hat and patterned shirt in a sunlit forest.

Ña Zuni

Foto: Noelia Armele
“Son muy buenas porque con las plantas podemos curarnos en nuestra propia casa y usarlas como un apoyo a los medicamentos farmacéuticos”
Ña Zuni

Este proyecto busca fortalecer la producción y conservación de plantas medicinales en diversas comunidades como Pirapey, Edelira, Tavai, Reserva San Rafael y otras, incluyendo iniciativas como capacitación en manejo agroecológico, entrega de plantines y la promoción de la sostenibilidad a través de la conservación de pequeños bosques que las participantes tengan en sus tierras. Estos bosquecitos, que generalmente albergan una variedad de especies nativas de gran valor medicinal, son gestionados con un enfoque de conservación activa, promoviendo la preservación de ecosistemas únicos que están siendo amenazados. La intervención busca restaurar áreas degradadas, fortalecer la biodiversidad local y garantizar el uso sostenible de los recursos naturales para las generaciones futuras. 

Person wearing a hat and patterned shirt in a sunlit forest.
Foto: Noelia Armele

Los tres pilares del proyecto son:  

- Beneficio Ambiental Global: contribuir a la conservación ambiental a través de la protección y manejo sostenible la biodiversidad.

- Mejoramiento de los Medios de Vida: contribuir a la diversificación de  los ingresos de las familias rurales mediante la comercialización de plantas medicinales y aromáticas, desarrollando diversas estrategias de venta. 

- Empoderamiento Comunitario: fortalecer la participación y el liderazgo de las mujeres y comunidades locales con capacitación, formación y promoción de la participación en la gestión del proyecto. 

Las plantas medicinales nativas son un pilar de nuestra identidad cultural y un recurso invaluable para las comunidades rurales. Son, de hecho, Patrimonio Cultural Inmaterial declarado por la Secretaría Nacional de Cultura del Paraguay, y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, declarado por la UNESCO, como parte de la cultura del Tereré.  

Desde el mate que se toma por las mañanas y nuestro infaltable terere, hasta los consejos medicinales que oímos desde pequeños, estas hierbas representan parte fundamental de nuestra esencia paraguaya. No solo forman parte de la memoria familiar y la tradición, sino que también diversifican la economía sostenible para mujeres y sus familias, que encuentran en su cultivo y venta una fuente de ingreso.

Person tending leafy greens in a wooden-framed greenhouse.
Foto: Noelia Armele

Estas especies contribuyen al equilibrio de los ecosistemas, y preservarlas es una manera de cuidar nuestra historia y nuestros territorios.

Desde el inicio del proyecto, las Guardianas recibieron 6.700 plantines de hierbas medicinales, de cedrón, romero, burrito y jaguareté ka’a. Hasta ahora, más de 50 mujeres de diferentes comunidades y comités participan en la producción y manejo de plantas medicinales, fortaleciendo sus medios de vida a través de la venta del producto a empresas de mayor escala, como conocidas yerbateras y herboristerías de la región. En este contexto, uno de los grandes logros se encuentra en Edelira 28, donde las mujeres participantes han trabajado en la producción de plantas medicinales durante más de dos años, especializándose en la venta mayorista de hoja seca y estableciendo una relación comercial directa con una empresa, un modelo que les permite producir a escala.

Gracias a las capacitaciones y al acompañamiento técnico, las participantes ahora poseen conocimientos en técnicas de trasplante, cuidado del suelo y distanciamiento adecuado entre plantas. Además, fueron asesoradas para la identificación de especies silvestres nativas, con salidas a las áreas boscosas para registrar plantas medicinales autóctonas. Y, en línea con la conservación de bosquecitos, aprendieron sobre señalización y protección de áreas para fomentar la regeneración natural.  

Por ejemplo, en Tavai se lograron avances en la protección de bosques y biodiversidad en la Reserva Natural San Rafael, donde los trabajos incluyeron la protección de nacientes y de la biodiversidad, reforzando con esto su rol en el cuidado de los recursos naturales de la región. 

Estos avances reflejan el proceso de organización, aprendizaje y liderazgo comunitario que está dando frutos visibles. Cada plantín cultivado, bosque protegido y técnica aprendida es un paso hacia una forma de vida que conecta identidad, saberes ancestrales, economía y sostenibilidad. 

Este camino recorrido por las Guardianas del Poha Ñana demuestra la resiliencia pura de nuestras comunidades y el interés de proteger nuestra biodiversidad y esencia cultural. Estas mujeres, además de recuperar plantas medicinales nativas; están recuperando historias, prácticas y vínculos con la tierra. Su trabajo abre una ruta hacia un modelo más sostenible y comunitario. 

El desafío ahora es seguir ampliando esta red, consolidar los aprendizajes y garantizar que estas iniciativas perduren para las próximas generaciones.