En el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia, reflexionamos sobre cómo el liderazgo de las mujeres está transformando la cooperación internacional, los sistemas financieros, la democracia, la acción climática y las decisiones que darán forma al futuro del desarrollo sostenible.
Las mujeres construyen puentes que no se caen
26 de Junio de 2026
Foto oficial del evento “Mujeres que construyen puentes: diplomacia, cooperación y desarrollo”, organizado por la Junta de Política y Regulación Financiera y Monetaria, y el Banco Central del Ecuador, que contó con la particiáción de Claire Medina, representante residente adjunta del PNUD en Ecuador.
Por Claire Medina, Representante Residente Adjunta del PNUD en Ecuador
Durante décadas, la reflexión sobre igualdad de género en la diplomacia se centró en una pregunta fundamental: ¿cómo lograr que más mujeres lleguen a los espacios de decisión?
Esa pregunta sigue siendo relevante. Sin embargo, hoy sabemos que el desafío va mucho más allá de la representación. La evidencia demuestra que cuando las mujeres tiene voz y participan en la toma de decisiones, las instituciones son más sólidas, las políticas públicas más inclusivas y las sociedades más resilientes. Desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reconocemos que, en un contexto marcado por crisis climáticas, transformaciones tecnológicas aceleradas, desigualdades persistentes y crecientes tensiones geopolíticas, el liderazgo de las mujeres no es únicamente una cuestión de derechos: es una condición para acelerar el desarrollo sostenible.
Por ello, cada 24 de junio, el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia nos invita no solo a reconocer los avances alcanzados, sino también a reflexionar sobre el papel transformador que desempeñan las mujeres en la construcción de un mundo más inclusivo, pacífico, democrático y sostenible.
Las brechas persisten
A pesar de los avances registrados en las últimas décadas, las mujeres continúan estando subrepresentadas en muchos de los espacios donde se toman las decisiones que definen el rumbo de nuestras sociedades.
A nivel mundial, solo el 22% de los cargos diplomáticos de mayor nivel están ocupados por mujeres. Apenas el 27,5% de los escaños legislativos son ejercidos por mujeres y, en 2024, ellas representaron únicamente el 7% de las personas negociadoras en procesos de paz.
Estas cifras no son únicamente una brecha de representación. Constituyen una pérdida de talento, perspectivas y capacidades para responder a los desafíos del desarrollo y las crisis actuales.
Sin embargo, reducir el debate a cuántas mujeres ocupan determinados cargos sería insuficiente. La verdadera transformación ocurre cuando las mujeres no solo participan, sino que inciden en las decisiones, tejen alianzas y contribuyen a redefinir las prioridades de la agenda global.
Las mujeres están transformando la agenda global
Históricamente, la diplomacia se concentró principalmente en temas relacionados con la seguridad territorial, las relaciones interestatales y los acuerdos comerciales. Hoy, las prioridades globales son mucho más amplias y complejas.
La acción climática, la igualdad de género, la economía del cuidado, la inclusión financiera, los derechos humanos, las policrisis, la transformación digital y la resiliencia comunitaria forman parte de las conversaciones que determinan el futuro de nuestras sociedades.
Su creciente participación ha contribuido a ampliar la mirada sobre los desafíos globales, incorporando perspectivas que durante mucho tiempo permanecieron invisibilizadas. Han impulsado debates sobre cómo las políticas económicas afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres en sus diversidades, sobre la necesidad de un financiamiento climático con rostro humano y sobre la importancia de construir respuestas que reconozcan las múltiples desigualdades que enfrentan distintos grupos poblacionales.
Las mujeres no solo están ocupando espacios en las mesas de negociación; están ampliando la agenda de aquello que el mundo considera importante.
Y en un escenario global cada vez más complejo y polarizado, su capacidad para generar diálogo, construir consensos y articular soluciones entre actores diversos constituye un activo fundamental para la cooperación internacional.
Transformar sistemas, no solo incorporar mujeres
Uno de los principales aprendizajes de los últimos años es que la igualdad de género no se alcanza únicamente incorporando más mujeres a sistemas que históricamente han sido diseñados sin considerar sus necesidades y experiencias. El verdadero desafío consiste en transformar esos sistemas.
Esto resulta especialmente evidente en el ámbito económico y financiero. A nivel global, las pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres enfrentan una brecha de financiamiento estimada en 1,7 billones de dólares. Al mismo tiempo, millones de mujeres continúan encontrando obstáculos para acceder al crédito, al ahorro, a seguros y a otros servicios financieros esenciales para fortalecer su autonomía económica.
Cerrar estas brechas requiere mucho más que ampliar el acceso. Exige revisar normas, procesos, productos y modelos institucionales para asegurar que respondan de manera efectiva a las realidades de las mujeres.
Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), junto a CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, impulsa en la región el Sello de Igualdad de Género para Instituciones Públicas Financieras, una herramienta que promueve transformaciones institucionales orientadas a fortalecer el empoderamiento económico y financiero de las mujeres.
La iniciativa ya se implementa en diversos países de América Latina y actualmente avanza en Ecuador junto a BanEcuador y próximamente con la Corporación Financiera Nacional (CFN), contribuyendo a integrar el enfoque de género en la gestión institucional y en los servicios financieros.
Este tipo de experiencias reflejan una convicción cada vez más clara: el reto no es únicamente que más mujeres accedan a los sistemas financieros; el reto es construir sistemas financieros más justos, inclusivos y sostenibles para todas las personas.
Liderar con el ejemplo
Las transformaciones que promovemos hacia afuera también deben producirse dentro de nuestras propias organizaciones.
En el PNUD estamos convencidos de que no podemos impulsar cambios estructurales en nuestras sociedades si no estamos dispuestos a asumirlos internamente.
Por ello, la igualdad de género forma parte de nuestra gestión institucional, nuestros mecanismos de rendición de cuentas y nuestras prioridades estratégicas. Actualmente, en la oficina país del PNUD en Ecuador las mujeres ocupan el 80% de los cargos de alta gerencia y el 65% de los espacios de gerencia ampliada, reflejando un compromiso concreto con el liderazgo femenino y la construcción de entornos más diversos e inclusivos.
No se trata únicamente de alcanzar la paridad. Se trata de crear organizaciones capaces de aprovechar plenamente el talento, la experiencia y las perspectivas de todas las personas.
La Cooperación Inrernacional del siglo XXI
La Cooperación Internacional contemporánea ya no ocurre exclusivamente dentro de las embajadas o en las salas de negociación internacionales.
Hoy, la diplomacia también se construye diseñando tecnologías más inclusivas, impulsando sistemas financieros sostenibles, promoviendo la transición hacia economías bajas en carbono, fortaleciendo la resiliencia de los territorios y generando alianzas para enfrentar desafíos compartidos.
Se construye cuando una mujer lidera procesos de adaptación al cambio climático en una comunidad rural. Cuando una joven desarrolla soluciones tecnológicas libres de sesgos. Cuando una institución financiera incorpora el enfoque de género en sus productos y servicios. Cuando una política pública reconoce el valor económico del trabajo de cuidados.
Y en todos esos espacios, la participación de las mujeres resulta indispensable.
Construir el futuro del desarrollo sostenible
El Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia es una oportunidad para reconocer los avances alcanzados, pero también para recordar que todavía existen barreras que limitan la participación plena de las mujeres en los espacios de liderazgo y toma de decisiones.
Superarlas requiere voluntad política, inversión, cooperación internacional y compromiso institucional. Pero también requiere reconocer una verdad cada vez más evidente: la igualdad de género no es solamente una meta de desarrollo. Es una de las condiciones más poderosas para alcanzar todas las demás.
Las mujeres no solo construyen puentes entre sectores, comunidades y países. También están ayudando a construir el futuro del desarrollo sostenible.
Desde el PNUD reafirmamos nuestro compromiso de seguir promoviendo sociedades donde todas las personas puedan participar, decidir y liderar en igualdad de condiciones. Porque el desarrollo sostenible solo será posible cuando todas las voces tengan la oportunidad de contribuir a definir el futuro.