Datos para la biodiversidad: fortaleciendo la planificación nacional frente a los compromisos mundiales y los ODS

Por: María Verónica Córdova

3 de Junio de 2025

El mundo atraviesa una triple crisis que amenaza la vida tal como la conocemos: la pérdida acelerada de biodiversidad, los efectos del cambio climático y la contaminación. No es un titular alarmista, es una advertencia respaldada por los datos y la ciencia: un millón de especies están en peligro de extinción, muchas en cuestión de décadas (IPBES, 2019). Las temperaturas alcanzan máximos históricos: según el Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC), la temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1.1 °C desde los niveles preindustriales (1850–1900), y los últimos ocho años han sido los días más cálidos registrados (IPCC, 2023; WMO, 2023). Este incremento no solo intensifica los eventos climáticos extremos, sino que también acelera la pérdida de biodiversidad, y la desigualdad ambiental se profundiza, ya que las consecuencias de los impactos negativos afectan de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables.

Ecuador,  siendo uno de los países más biodiversos del planeta, no se aleja de esta realidad. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y datos oficiales del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), el país alberga cerca del 6.1 % de todas las especies del planeta en apenas el 0.2 % de la superficie terrestre global. Ecuador es reconocido como uno de los 17 países megadiversos del mundo, con más de 25,000 especies de plantas, alrededor de 1,600 especies de aves, y más de 500 especies de anfibios, muchas de ellas endémicas (MAATE, 2020; UNEP-WCMC, 2021). Esta riqueza biológica convierte al país no solo en un patrimonio natural global, sino en un actor clave en los compromisos internacionales por la biodiversidad y nos impulsa a tomar acciones más efectivas y más justas.

Esto, debe estar acompañado de herramientas que traduzcan la voz de los ecosistemas en mapas, cifras y decisiones. Y para esto, se necesitan datos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en alianza con el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), acompaña a Ecuador en este camino: convertir información científica en acción pública.
 
 
Clear blue water reflects rocky shores and cacti under a bright sky with scattered clouds.

Con el proyecto NASA “Vida en la Tierra”, Ecuador logró recopilar los datos espaciales para la generación de indicadores sobre integridad de bosques, presión humana y hábitats de especies clave. Este proceso permitió al país obtener información respecto a los avances en el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible #15 (Vida de ecosistemas terrestres).

 

Asimismo, proyectos como “Mapeo de la Naturaleza para las Personas y el Planeta”, permitió identificar las Áreas Esenciales de Soporte de Vida (ELSA, por sus siglas en inglés) utilizando la tecnología y la ciencia de datos espaciales para crear el primer “Mapa de la Esperanza” para Ecuador. Por medio de la herramienta se identificó los territorios naturales del Ecuador que deben conservarse, restaurarse o manejarse de forma sostenible. El proceso fue enriquecedor, ya que unió a diferentes actores del sector público, la academia y las ONG para co-crear el mapa ELSA basado en la visión nacional y las políticas en materia de ambiente, cambio climático y bienestar humano.

Con estos ejercicios prácticos previos y tomando en cuenta que Ecuador es un país marcado por la riqueza natural, pero también por presiones ambientales, planificar dónde restaurar o conservar debe ser una decisión técnica y socializada. Por eso, proyectos como “Restaurando la Esperanza” y “Priorizando la Naturaleza” incorporaron no solo datos espaciales, sino actores clave, expertos nacionales y se basaron en las metas nacionales del país en la materia de conservación y restauración. El mapa de priorización espacial se alineó a las políticas nacionales y metas del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (MMB-KM) tales como la Meta 3, del 30x30 (proteger el 30% del territorio para el 2030) y la Meta 2 sobre restauración del territorio.

 

Lush green hills under a bright blue sky with scattered clouds.

 

El Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (MMB-KM) no deja lugar a dudas: planificar con datos es una obligación. El 41 % de los indicadores principales y el 34 % de los indicadores complementarios —todos relacionados con las Metas 1 a 12— exigen el uso de datos espaciales. Estas metas se enfocan en conservar, restaurar y gestionar de forma sostenible la biodiversidad y los ecosistemas.

Las metas buscan:

  • Meta 1: Planificar el uso del suelo de forma integrada, identificando áreas prioritarias para conservar y restaurar.

  • Meta 2: Restaurar al menos el 30 % de los ecosistemas degradados del planeta.

  • Meta 3: Conservar el 30 % de las áreas terrestres y marinas mediante sistemas eficaces y equitativos de áreas protegidas u otras medidas.

  • Meta 4: Detener la extinción de especies amenazadas y mejorar su estado de conservación.

  • Meta 5: Gestionar de manera sostenible las especies silvestres.

  • Meta 6: Reducir a la mitad el riesgo de introducción de especies exóticas invasoras.

  • Meta 7: Reducir significativamente la contaminación, incluidos los pesticidas y plásticos.

  • Meta 8: Mitigar los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad y aumentar su resiliencia.

  • Meta 9: Fomentar la gestión sostenible de especies y recursos naturales para el bienestar de las personas.

  • Meta 10: Asegurar que las áreas naturales sean gestionadas de forma sostenible, especialmente en paisajes productivos como agricultura y pesca.

  • Meta 11: Restaurar y conservar servicios ecosistémicos clave para comunidades humanas, como el agua y la polinización.

  • Meta 12: Aumentar la conectividad ecológica entre hábitats y paisajes para evitar la fragmentación.

Estas metas no pueden lograrse sin saber dónde están los ecosistemas más vulnerables, las especies en riesgo o las presiones humanas. Por eso, el uso de datos espaciales como mapas satelitales, capas de información sobre biodiversidad, y análisis de presión o huella humana son clave para orientar políticas públicas.

 

Scenic view from a hillside overlooking a green lake and distant mountains under a cloudy sky.
 

Además, la Decisión 15/6 del Convenio sobre la Diversidad Biológica insta a los países a integrar los indicadores del MMB-KM en sus planes, presupuestos y reportes nacionales. Esto incluye identificar brechas de información, fortalecer capacidades técnicas y usar plataformas como el UN Biodiversity Lab para hacer que los datos sean accesibles y útiles para la toma de decisiones en los países.

Ecuador ha respondido con compromiso. Hoy cuenta con más de 69 capas de datos en plataformas abiertas como el UN Biodiversity Lab, entre conjuntos de datos de entrada y capas resultantes, siendo sólo 1 capa de entrada global y el resto capas de información de fuente nacional. Ha capacitado a más de 120 técnicos de diversas instituciones. Ha trabajado con comunidades, gobiernos locales y socios de la cooperación internacional. Y, sobre todo, ha demostrado que, con datos, la política ambiental puede ser más efectiva y transparente.

Y esto precisamente es lo que se busca con los mapas de priorización espacial del último ejercicio “Priorizando la Naturaleza” en Ecuador, que nos brinda información clave que fue trabajada junto al MAATE y busca apoyar los procesos nacionales normativos como la actualización de la Estrategia Nacional de Biodiversidad, y estrategias de restauración o planificación. Ciertos datos clave son:

Ecuador cuenta con el 19.96% del territorio terrestre bajo alguna forma de área protegida oficial.

La expansión de zonas protegidas puede lograrse tanto a nivel de áreas protegidas, como Otras Medidas Efectivas de Conservación Basadas en Áreas (OMEC). El análisis plantea que un 10% del territorio terrestre puede reconocerse como potencial OMEC, una vez llevado a cabo el proceso normativo oficial.

8.99% del territorio terrestre ha sido priorizado para restauración ecológica, lo que equivale al 30% de las áreas actualmente degradadas.

Los territorios indígenas mapeados y las potenciales OMEC representan alta contribución para la conservación, ya que muchos coinciden en zonas de áreas priorizadas del análisis espacial.

Los procesos de planificación continúan, existe más información y la naturaleza no puede esperar. Los datos nos muestran dónde debemos tomar acción. Pero los sólo sirven cuando se transforman en decisiones, en presupuestos, en normativas, y en acuerdos sociales. Ecuador ha comenzado ese camino. No es fácil. Pero es el correcto.

 
Lush green mountains under a cloudy sky, with a valley filled with trees and a small building.
 
Links de referencia:
 
NASA Vida en la Tierra: https://unbiodiversitylab.org/es/
Mapeo de la naturaleza para las personas y el planeta (ELSA): https://ow.ly/BpwS50W3w5M
Restaurando la Esperanza: https://ow.ly/61Vh50W3w0r
Priorizando la Naturaleza: https://ow.ly/S32I50W3w2O
 
 

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