Un nuevo informe mide el enorme impacto humano y económico, y lo que podría lograrse con la paz
Sudán: el coste que está pagando el país tras tres años de guerra
15 de Abril de 2026
Casi 6,9 millones de personas fueron empujados a la pobreza extrema solo en 2023, como consecuencia directa del conflicto en el Sudán.
Una generación a la que se le ha robado el progreso
Un comerciante vende pan en un punto de reunión de personas desplazadas cerca de la ciudad de Gedaref, en el estado de Gedaref.
Para entender el verdadero coste, Beyond the Conflict (Más allá del conflicto; enlace disponible en inglés), el informe que acabamos de publicar en el PNUD junto a Institute for Security Studies (enlace disponible en inglés) justo antes del tercer aniversario de la guerra, modeliza cómo sería Sudán hoy si el conflicto nunca hubiera estallado.
Es una lectura desalentadora, pero también plantea una pregunta clave: ¿hacia dónde vamos a partir de aquí? ¿Qué se puede hacer ahora para reducir el sufrimiento? Y, cuando la paz finalmente llegue, ¿estamos preparados para ese escenario?
Incluso en el contexto más optimista —una paz en 2026—, el Sudán seguiría perdiendo 18,8 mil millones de dólares de los Estados Unidos (USD) en PIB acumulado hasta 2043, lo que equivale a USD 752 por persona. La guerra no solo ha costado vidas y medios de vida: también amenaza con devorar el futuro.
Algunas personas no llegarán a ver ese futuro. Con más del 70 % de los centros de salud cerrados en las zonas en conflicto, la tasa de mortalidad infantil ya alcanza los 44,5 fallecimientos por cada 1.000 nacidos vivos, y se prevé que siga aumentando antes de que pueda iniciarse cualquier recuperación. Ya se han registrado brotes de cólera, y enfermedades como el VIH y la tuberculosis están en aumento.
El coste de más años de guerra
En muchas zonas, el acceso al agua es muy limitado, lo que aumenta el riesgo de propagación del cólera, la diarrea y otras enfermedades.
Cerca del 75 % de los centros de salud del Sudán han dejado de funcionar desde el inicio de la guerra.
Incluso si la paz llegara en 2026, sin una transformación más profunda —lo que el informe denomina la "trayectoria actual"— las perspectivas seguirían siendo muy preocupantes. El PIB por persona caería hasta los USD 1.941 en 2035, antes de recuperarse ligeramente hasta USD 2.384 dólares en 2043, aún por debajo de los niveles de 2023 y también inferiores a los alcanzados por el Sudán en la década de 1990.
Lo que la paz y la transformación aún podrían lograr
El Sudán es un país con activos formidables, en su mayoría aún sin aprovechar. Cuenta con 19,8 millones de hectáreas de tierra cultivable, acceso al río Nilo y al mar Rojo. Tiene una población joven que, con educación, atención sanitaria y oportunidades, podría impulsar el crecimiento durante décadas. Ninguno de estos activos ha desaparecido.
El informe también identifica áreas concretas en las que una acción coordinada del futuro Gobierno del Sudán, los donantes internacionales y la comunidad humanitaria podría hacer realidad un país que prospere.
En el escenario "Sudán en ascenso", el PIB alcanzaría los USD 58,2 mil millones en 2043 —USD 19,3 mil millones por encima de la trayectoria actual—, con ingresos por persona que subirían hasta los USD 3.176. Unas 17,3 millones de personas adicionales saldrían de la pobreza extrema de aquí a 2043. La esperanza de vida aumentaría en 4,2 años, hasta los 77,3 años. El crecimiento económico medio alcanzaría el 5 % anual, más del doble que en la trayectoria actual, del 2,4 %.
Las mayores ganancias por sector se concentran en la agricultura, con capacidad para sacar a 4,7 millones de personas de la pobreza, y en la reforma de la gobernanza, que podría permitir que otras 4,8 millones de personas superen esa situación. No son palancas independientes: se refuerzan mutuamente. Una gobernanza estable crea condiciones para la inversión agrícola; una agricultura más productiva genera la base de ingresos que permite mejorar la gobernanza.
Tres años después, la esperanza aún no se ha perdido
La guerra ya ha provocado más de lo que la mayoría de los países soportan en una generación. Las personas desplazadas de sus hogares, los niños que no han podido regresar a la escuela, las cosechas sin recoger, las clínicas cerradas: estas pérdidas son reales y ya son irreversibles.
El informe, sin embargo, es claro: la trayectoria no está fijada. El Sudán cuenta con tierras fértiles, vías fluviales, una población joven y una diáspora con habilidades y capital. Las instituciones necesarias para aprovechar esos activos están dañadas, pero no destruidas. Lo que ocurra en el próximo año —ya sea un camino hacia la paz y la reforma o la continuidad de la destrucción— determinará cuál de las versiones de 2043 se hará realidad.
La diferencia entre el peor y el mejor escenario, como muestra el informe, no es menor: 34 millones de personas en la pobreza o 17 millones que logran salir de ella. Un país que llega a 2043 más pobre que en la década de 1990 o uno que logra recuperar el rumbo.