Aprender hoy para transformar mañana
Palabras que cambian vidas
4 de Septiembre de 2026
Si estás leyendo estas palabras, ya estás haciendo algo que 739 millones de adultos de todo el mundo aún no dominan por completo: leer y escribir.
Para la mayoría, leer es un acto tan natural que se ha vuelto casi invisible. Leemos un mensaje de texto. Consultamos un precio. Revisamos nuestras cuentas. Repasamos un documento antes de firmarlo. Ayudamos a un niño con sus tareas escolares.
Acciones cotidianas, que a menudo realizamos sin pensarlo dos veces. Sin embargo, detrás de cada una de las palabras se esconde una competencia que puede cambiar la vida.
Este año se cumple el 60º aniversario del Día Internacional de la Alfabetización. Seis décadas después de que la UNESCO lo proclamara, el acceso a las competencias básicas de alfabetización sigue siendo un importante reto mundial.
Sin embargo, el aprendizaje no conoce de edades.
En la República Democrática del Congo, Benin y la República Centroafricana, la alfabetización responde a realidades muy diferentes: gestionar un negocio de forma más eficaz, prepararse para la vida tras haber estado en la cárcel o crear nuevas oportunidades en comunidades que se están reconstruyendo tras una crisis.
Tres contextos diferentes. Un punto de partida común: unas pocas palabras, unos pocos números y todo lo que estos hacen posible.
"La alfabetización es un puente de la miseria a la esperanza"– Kofi Annan
República Democrática del Congo: cuando los números empiezan a cobrar sentido
Bora Lwahisa sabía cómo vender.
Lo que aún no sabía era si realmente estaba obteniendo ganancias.
En Minova, en la región oriental de la República Democrática del Congo (RDC), dirigía su pequeña empresa sin poder distinguir en algunos casos entre su capital y sus ganancias.
No era en modo alguno la única.
"Muchas mujeres vendían sus productos sin saber calcular sus ganancias ni distinguir entre capital e ingresos", explica Isidore Safari, director de Action pour la Promotion de l'Environnement Social (APES) en Minova.
Por eso, había que comenzar con palabras y números.
La APES incorporó la alfabetización funcional al Programa de Recuperación Comunitaria, como parte del Plan de Crisis que lanzamos desde el PNUD destinado a apoyar a las comunidades afectadas por el conflicto en la región oriental del país.
La formación se imparte en cinco escuelas, en tanto que los círculos de alfabetización se organizan cerca de las comunidades y se programan teniendo en cuenta las responsabilidades familiares de las participantes. Algunas mujeres acuden a clase cargando a sus bebés en sus espaldas. Otras recorren a pie decenas de kilómetros. Algunas tienen más de 60 años.
Desde el PNUD, en el este de la RDC, hemos incorporado la alfabetización funcional en nuestros programas de recuperación para apoyar a las comunidades afectadas por el conflicto.
Saber leer, escribir y hacer cálculos básicos permite a quienes tienen pequeños negocios gestionarlos mejor y llevar un control más preciso de sus ingresos y gastos.
Las participantes van adquiriendo poco a poco las competencias básicas de lectura, escritura y aritmética. Las clases combinan estos fundamentos con ejercicios prácticos directamente relacionados con su vida cotidiana, como llevar un registro de gastos, calcular ganancias y pérdidas y firmar documentos oficiales.
Tras solo dos meses, Bora ya puede apreciar la diferencia.
"Al principio vendía a pérdida, pero desde que aprendí a leer, escribir y sacar cuentas, he empezado a gestionar mucho mejor mi pequeña empresa. Ahora puedo escribir mi propio nombre. Estoy muy orgullosa de mis progresos".
¿Su próximo objetivo?
Ayudar a sus hijos con sus tareas escolares. Inicialmente diseñado para 120 participantes, el programa (enlace disponible en francés) actualmente cuenta con 321 alumnos, de los cuales 319 son mujeres y niñas. Además de la alfabetización, los círculos de aprendizaje se han convertido en ámbitos de solidaridad y conexión social en las comunidades afectadas por el conflicto.
Nuestro Plan de Crisis está financiado por el Gobierno de la RDC a través del Fondo Nacional para las Reparaciones a las Víctimas de Violencia Sexual Relacionada con el Conflicto y a las Víctimas de Delitos contra la Paz y la Seguridad de la Humanidad, así como por el Canadá, los Países Bajos, la República de Corea y Suecia.
Para Bora, el cambio se refleja ahora en un nombre que sabe escribir, en unos libros de cuentas que empieza a comprender y en la esperanza de que pronto pueda apoyar a sus hijos en sus propios caminos de aprendizaje.
En la RDC, el aprendizaje ayuda a las personas a dejar atrás las dificultades del pasado.
Tras los muros de tres prisiones de Benin, el aprendizaje también trata de la preparación para lo que vendrá después.
Benin: abrir puertas a nuevas oportunidades
En un aula de la prisión de Abomey, Marie (nombre ficticio) escribe su nombre.
Un acto sencillo.
Sin embargo, durante años no había podido hacerlo.
Antes de su ingreso en la prisión, no sabía ni leer ni escribir. Hoy puede escribir los nombres de sus hijos. Y ya está imaginando qué se llevará consigo cuando, algún día, salga de la cárcel.
"Antes de ingresar en la cárcel, no sabía escribir mi nombre ni hacer cuentas sencillas. Hoy puedo hacerlo. Puedo escribir sin problemas los nombres de mis hijos... Me hace muy feliz saber que algún día saldré de esta cárcel con un certificado de alfabetización".
En Akpro-Missérété, Abomey y Parakou se han abierto 13 aulas tras los muros de tres centros penitenciarios. Desde enero de 2026, 233 reclusos, entre ellos 19 mujeres, han decidido aprender a leer, escribir y hacer cuentas.
Este programa (enlace disponible en francés), puesto en marcha por el Organismo de Administración Penitenciaria de Benin a través del Programa Integrado de Alfabetización y Educación en Centros Penitenciarios, con nuestro apoyo y el de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley de los Estados Unidos, ofrece entre 250 y 300 horas de formación a lo largo de seis meses. Varios días a la semana, los participantes asisten a clases de tres horas impartidas por instructores de alfabetización cualificados. Las clases se imparten en francés, así como en fon, yoruba, fulfulde y baatonum, lo que permite a los participantes aprender en el idioma que mejor se adapta a su origen y a sus aspiraciones.
Para las personas privadas de libertad en Benin, aprender a leer y escribir abre nuevas oportunidades para cuando recuperen su libertad.
A lo largo del programa los participantes adquieren de forma gradual competencias básicas de lectura, escritura y aritmética. Aprenden a realizar tareas cotidianas como escribir su nombre, leer documentos y hacer cálculos básicos, adquiriendo poco a poco un nivel de independencia que muchos nunca habían experimentado antes.
Para un gran número de personas, esto va mucho más allá de aprender letras y números.
Se trata de recuperar la confianza en sí mismas.
De recuperar su lugar en la sociedad.
De prepararse para la vida tras el encarcelamiento.
Al final del primer ciclo se evalúa a los participantes, y aquellos que cumplen con el nivel exigido reciben un certificado. Algunos pasan luego a cursar un segundo ciclo y ellos mismos se convierten en formadores en alfabetización, transmitiendo a otros lo que han aprendido.
Aprender. Que se reconozca ese aprendizaje. Y luego, tal vez, transmitirlo.
Detrás de los muros de la cárcel, la alfabetización hace mucho más que preparar a las personas para un examen. Abre caminos hacia la rehabilitación y fortalece las oportunidades de reinserción social y económica.
Puede convertirse en el primer capítulo de una nueva vida.
República Centroafricana: una escuela, dos generaciones
En Boeing, un barrio de Bangui, el final de la jornada escolar no significa que el aprendizaje haya finalizado.
Todas las tardes, las clases de alfabetización ayudan a los adultos a adquirir poco a poco las competencias básicas de lectura, escritura y aritmética. Al utilizar las aulas una vez finalizada la jornada escolar, el centro ofrece a los adultos que nunca tuvieron la oportunidad de asistir a la escuela una nueva oportunidad para aprender sin que ello interfiera en sus responsabilidades cotidianas.
Las mismas aulas acogen a dos generaciones en diferentes momentos del día.
En la República Centroafricana, las clases de alfabetización ofrecen una segunda oportunidad a las personas adultas que nunca tuvieron la posibilidad de ir a la escuela.
Inaugurado en febrero de 2025 por nuestra oficina en la República Centroafricana y el Ministerio de Educación Nacional, el Centro de Alfabetización de Boeing (enlace disponible en francés) está ayudando a cientos de personas a adquirir competencias básicas y a acceder a nuevas oportunidades.
Detrás de sus puertas, la necesidad es inmensa.
El país tiene una de las tasas de alfabetización más bajas del mundo. El porcentaje de personas que saben leer y escribir ha disminuido en los últimos años debido al conflicto, la pobreza y el acceso limitado a la educación.
Por eso, el aprendizaje no termina en Boeing.
También se han creado centros similares en Mbaïki, Bossangoa y Mboko a través de nuestro Programa de Estabilización con el apoyo financiero del Gobierno del Japón.
El Centro de Alfabetización Boeing ayuda a cientos de personas a adquirir habilidades esenciales y a abrirse camino hacia nuevas oportunidades.
En un país azotado por años de crisis, estas aulas se están convirtiendo en lugares donde personas de todas las edades pueden aprender y donde la educación está ayudando a las comunidades a construir un futuro más resiliente.
En la inauguración del centro, Mactar Fall, Representante Residente Adjunto del PNUD, resumió la aspiración subyacente de la iniciativa: "La alfabetización es mucho más que aprender a leer y escribir. Es un paso hacia la libertad, el empoderamiento y la dignidad".
En Boeing, cuando termina una jornada escolar, comienza otra.
Aprender no tiene edad: por las noches, las personas adultas llenan las aulas que durante el día utilizan los niños.
Qué viene después de las primeras palabras
En Minova, Bora está aprendiendo a comprender las cifras que hay detrás de su empresa.
En las cárceles de Benin, los reclusos están adquiriendo las competencias que necesitan para mejorar sus perspectivas de reinserción.
En Bangui, todas las tardes los adultos ocupan el lugar de los niños en las aulas.
Tres historias diferentes.
Un mensaje común.
La alfabetización no termina al aprender la primera palabra.
Puede convertirse en una empresa mejor gestionada.
Un documento firmado con confianza.
Una competencia que se puede transmitir.
O el surgimiento de nuevas oportunidades.
60 años después de que se proclamara por primera vez el Día Internacional de la Alfabetización, 739 millones de adultos siguen careciendo de las competencias básicas de alfabetización.
Detrás de esta enorme cifra, el cambio se está produciendo persona por persona, aula por aula, palabra por palabra.
Cada nueva palabra trae consigo una nueva posibilidad: gestionar una empresa, prepararse para la vida tras salir de prisión, ayudar a un niño con las tareas escolares o, simplemente, escribir el propio nombre por primera vez.
Porque aprender a leer y escribir no es el final de la historia.
En la mayoría de los casos, es el comienzo.