El poder de la acción comunitaria: Día Mundial de la Malaria 2026

25 de Abril de 2026
Photograph of a person in a blue jacket standing in a doorway; green wall and posters in the background, face blurred.
PNUD Venezuela / Gabriel González

En Agua Blanca, una comunidad del municipio Atures, al norte del estado Amazonas, Rosangela Rodríguez empieza su jornada a las cinco y media de la mañana. Antes de que el calor se empiece a sentir, prepara su casa y, a las siete en punto, abre el puesto de diagnóstico y tratamiento donde trabaja. Es la única microscopista del lugar, y para muchas familias de la zona, la primera línea de respuesta frente a la malaria

"Aquí nací, aquí crecí, aquí estudié y aquí estoy trabajando, ayudando a mi comunidad”, afirma. Hace unos años, este mismo lugar no contaba con capacidad para responder a la malaria. Cuando alguien se enfermaba, la única opción era un costoso viaje. "Nos íbamos del pueblo a Puerto Ayacucho”, comenta. El traslado implicaba costos, tiempo y, muchas veces, largas esperas, mientras aumentaba el riesgo de complicación.
Rosangela Rodríguez

Hoy, la situación es distinta. Rosangela, integrante de la comunidad, se formó como microscopista para la detección y atención de la malaria, una función que permite ampliar el acceso a estos servicios directamente en comunidades. “Ahorita, vienen, los atiendo, retiran su tratamiento aquí y, si hace falta, voy a sus casas a visitarlos”. Este cambio tiene un impacto importante: al ser indígena piapoco, Rosangela también explica en el idioma local cómo seguir correctamente el tratamiento y prevenir la malaria. “A los que no hablan español, yo les traduzco en mi idioma cómo tienen que tomarlo”, comenta.

Lo que ocurre en Agua Blanca no es un caso aislado, sino el reflejo de una respuesta nacional liderada por el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), con el acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como receptor principal de una subvención del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (FM). Bajo este modelo descentralizado se garantiza el diagnóstico oportuno, el tratamiento gratuito y el seguimiento de los casos, incluso en zonas remotas.  El MPPS, a través del Programa Nacional de Malaria (PNM), ejerce la rectoría sanitaria, y el PNUD, en su rol de receptor principal, aporta la gestión programática y logística que apoya la operación en territorio.

La estrategia invierte el recorrido de la atención al acercar los puestos de diagnóstico y tratamiento al corazón de las comunidades, poniéndolos en manos de actores locales, reduciendo las barreras geográficas, culturales y económicas, permitiendo una atención oportuna para cortar la cadena de transmisión de la enfermedad.  Este enfoque adopta el modelo de Diagnóstico, Tratamiento, Investigación y Respuesta (DTI-R) promovido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que combina la atención oportuna con la búsqueda activa de casos en el entorno del paciente. Su despliegue en Venezuela ha requerido consolidar, una red comunitaria de microscopistas formados en sus propios territorios y una operación logística capaz de apoyar el suministro continuo de pruebas y tratamientos en zonas de difícil acceso.

Man stands in the doorway of a clinic with a green frame; sign reads Ambulatorio Mauricio Fernandez.

En territorios remotos, este modelo exige un alto compromiso. En Turasen, al sur del estado Bolívar, Carolina Fernández, enfermera originaria de la comunidad, ante las necesidades de su entorno, tomó la iniciativa de activar un punto de diagnóstico y tratamiento en el ambulatorio local, ampliando así la atención para cubrir a diez comunidades cercanas. Cuando las distancias impiden que las personas enfermas lleguen, ella sale a su encuentro. “Viene un familiar a avisarme porque no hay internet, no hay señal telefónica; nada de eso. Entonces, vienen en burro, en caballo, como pueden, y yo camino hacia donde esté el paciente”, cuenta.

Este trabajo en red ha producido resultados tangibles, en especial en los estados Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro y Sucre, priorizados por la subvención para el abordaje de la malaria. Entre 2021 y 2023, se restableció la capacidad de diagnóstico y tratamiento en el país, y desde 2024, una segunda fase de esta estrategia busca consolidar esos avances. Al cierre del primer ciclo de subvención (2023), se alcanzó una reducción del 40,7% de los casos de malaria en comparación con los reportados en el año 2020.

Detrás de cada microscopista y cada puesto de atención hay una operación sostenida que ha hecho posible esta transformación:

  • Para asegurar que el conocimiento permanezca en los territorios, se han capacitado más de 2.300 trabajadores de la salud y se han certificado y reentrenado a más de 430 microscopistas.

  • La red cuenta hoy con 868 puestos de diagnóstico y tratamiento activos, un incremento del 148% desde 2021.

  • Más de 4,5 millones de pruebas diagnósticas realizadas y más de 1,2 millones de tratamientos antimaláricos distribuidos de forma gratuita. 

  • Cerca de 900.000 mosquiteros tratados con insecticida de larga duración distribuidos.

Estas cifras representan mucho más que estadísticas: son familias protegidas, vidas y comunidades que cuentan con lo necesario para enfrentar la malaria. En el Día Mundial de la Malaria 2026, cada prueba realizada y cada tratamiento entregado en las zonas más remotas reafirman una certeza: la respuesta más efectiva contra la malaria es la que nace, crece y se sostiene junto a la propia comunidad. Ese es el camino que Venezuela está construyendo, microscopista a microscopista, comunidad a comunidad.