Mujeres que transforman la colmena
20 de Mayo de 2026
En las comunidades de Chocholá, Temozón Sur y San Rafael, en el estado de Yucatán, las abejas son mucho más que polinizadoras; son el centro de los medios de vida de decenas de mujeres.
Durante años, las apicultoras y meliponiculturas de la región han aprovechado la miel y la cera para elaborar productos en sus hogares. Sin embargo, construir un emprendimiento comunitario sostenible requería sortear barreras complejas, desde la estandarización técnica de sus fórmulas y la mejora de su imagen comercial, hasta el fortalecimiento de la comercialización local. Todo esto, además, en un contexto de desafíos ambientales como la deforestación, el clima extremo y la escasez de agua que afectan directamente su territorio.
Es en este escenario donde la intervención técnica cambia el rumbo de las historias locales. A través del proyecto Medios de vida y empresas verdes para el desarrollo resiliente en México, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México inició un proceso de acompañamiento estratégico.
El primer paso fue realizar un diagnóstico junto a las productoras de la región. Este análisis reveló que, si bien las mujeres poseían un conocimiento invaluable sobre la flora local y la colmena, carecían de protocolos para el uso y obtención de ingredientes ecológicos, desconocían métodos de formulación química segura y necesitaban un fuerte impulso en su organización comercial.
A partir de este proceso, se definió una estrategia enfocada en fortalecer capacidades para la transformación responsable de productos de la colmena, la organización colectiva entre mujeres y la recuperación de conocimientos relacionados con la herbolaria aplicada, la salud comunitaria y el cuidado del territorio.
Red Mujer, Colmena y Territorio
La consolidación de esta estrategia colectiva tomó forma durante un encuentro regional en Mérida, en junio de 2025. Allí, frente al reto de dejar de operar de manera aislada, las productoras impulsaron la conformación de la Red Mujer, Colmena y Territorio.
En las comunidades donde se construye esta red, las mujeres asumen un profundo compromiso técnico y ambiental al elaborar sus líneas de cuidado personal libres de ingredientes sintéticos como petrolatos, ftalatos, parabenos y fragancias artificiales. A través de la fabricación y venta de pomadas, desodorantes y jabones, integran la botánica local en fórmulas que contribuyen al bienestar de sus poblaciones.
La Red está integrada por tres grupos que, desde sus propios contextos, impulsan el desarrollo local:
En Chocholá, el grupo Ki'ibok Xiu (“Aroma de hierbas”) y en Temozón Sur, el grupo Moson Ko'olelo'ob (“Remolino de mujeres”), trabajan en la recuperación de plantas medicinales como el xkakaltún (Ocimun micranthum willd) y el romero, transformándolas en insumos seguros para el cuidado de la piel. Paralelamente, fortalecen la comercialización de miel de apis y melipona.
Mientras tanto, en San Rafael, las integrantes de Lol Kaax (“Flor de campo”) han convertido la herbolaria y la cera de abejas en herramientas terapéuticas, motivando a su comunidad a revalorar el uso de activos vegetales probados.
Estos avances técnicos se materializaron rápidamente en resultados prácticos. Al fortalecer sus conocimientos sobre la transformación de subproductos de la colmena y el uso seguro de ingredientes naturales, los grupos lograron mejorar sus formulaciones iniciales y dar respuesta a necesidades directas de su entorno.
Un ejemplo de este impacto ocurrió en San Rafael, donde el grupo Lol Kaax enfocó sus esfuerzos en desarrollar un producto para un problema común en su comunidad: heridas en los pies y en la piel que tardaban mucho tiempo en sanar. Al mejorar sus procesos de elaboración, integraron la claudiosa (Capraria biflora L.), una planta de la región, con cera de abeja y aceites vegetales puros. El resultado fue una pomada que mostró efectividad desde las primeras aplicaciones.
“Nosotras queríamos encontrar algo que ayudara a sanar, y lo logramos. Sí funcionó. Eso nos dio alegría porque nos ayudamos a nosotras y ayudamos a gente de la comunidad”, relata Diana Can, de San Rafael.
Esta experiencia evidencia que el aprovechamiento de la flora local, al integrarse con procesos técnicos más seguros, genera soluciones de bienestar efectivas y consolida emprendimientos con viabilidad comercial en el territorio, fomentando sobretodo cadenas cortas, pues las ventas y beneficios inicialmente se dan en las mismas comunidades.
Consolidación y visión a futuro
Entre los principales resultados del proyecto destaca la creación de esta estructura regional de colaboración. La Red se ha consolidado mediante acuerdos e intercambios de experiencias que impulsan el aprendizaje compartido para elaborar fórmulas más responsables, aprovechar la botánica local y lograr el posicionamiento gradual de las marcas en espacios comunitarios y ferias locales.
Actualmente, la Red facilita la toma de decisiones conjuntas y el fortalecimiento de la participación comunitaria. Los próximos pasos se centrarán en la profesionalización de sus procesos organizativos, la expansión de la comercialización local y la promoción de empresas verdes que aseguren la autonomía económica de las mujeres y el cuidado del territorio en Yucatán.