Tití me preguntó: la cultura de América Latina y el Caribe como motor del desarrollo

30 de Abril de 2026

El 9 de febrero de 2026, más de 120 millones de personas en todo el mundo vieron un show de medio tiempo del Super Bowl interpretado principalmente en español, una oda a la identidad, el ritmo y el idioma del Caribe y América Latina. Para muchos espectadores esto marcó un punto de inflexión simbólico: la cultura de América Latina y el Caribe (ALC) se popularizó a nivel global. 

Desde los rankings musicales y los premios cinematográficos hasta las tendencias gastronómicas y los flujos turísticos, la visibilidad global de ALC ha crecido con fuerza en los últimos años. Pero más allá de los titulares y los posts en redes sociales, surge una pregunta clave de desarrollo: ¿puede este creciente interés global por la cultura de la región traducirse en empleo, exportaciones, turismo, innovación y desarrollo sostenible? Este #GraphForThought analiza el aumento de la atención internacional hacia la cultura de ALC y cómo este impulso puede convertirse en resultados concretos de desarrollo. 

Con el 8% de la población mundial, cerca del 10% de los sitios de patrimonio del mundo, 6 de los 17 países megadiversos y más de 300 lenguas indígenas, la diversidad de ALC es uno de sus mayores activos. Sus historias compartidas, pero también diversas, han dado lugar a identidades reconocidas globalmente, al tiempo que sostienen una enorme variedad cultural interna. 

La gastronomía es uno de los canales más visibles a través de los cuales los países expanden su influencia cultural y la convierten en ingresos, demanda turística y mercados de exportación. Los países con tradiciones culinarias sólidas suelen utilizar la comida para atraer visitantes y promover exportaciones agrícolas. Las tendencias de búsqueda en Google muestran que el interés por la comida de ALC, en particular la mexicana y la peruana, ha crecido de forma sostenida en los últimos 15 años, superando a cocinas tradicionalmente dominantes (ver Figura 1). 

Esta creciente demanda se está consolidando en los mercados globales de alimentos, donde productos emblemáticos de la región se posicionan como bienes asociados al bienestar. La quinua, por ejemplo, se cultiva hoy en más de 120 países, con Perú y Bolivia concentrando el 74% de las exportaciones globales. El açaí, originario de la cuenca Amazónica, también ha experimentado una rápida expansión, con la producción aumentando un 70% entre 2015 y 2024. Los rankings globales refuerzan esta tendencia: desde 2021, al menos tres restaurantes de ALC han figurado cada año entre los 10 mejores del mundo, lo que refleja un reconocimiento creciente de la identidad culinaria de la región. 

La visibilidad cultural también puede impulsar la demanda por los idiomas. El español, el idioma predominante en ALC, ha mantenido una alta demanda global, pero ahora muestra picos marcados en torno a grandes eventos culturales (Figura 1). Las búsquedas sobre aprender español se dispararon en 2026 durante el show de medio tiempo del Super Bowl. Ese mismo año también marcó la primera vez que un álbum en español ganó el premio Grammy a Álbum del Año, mostrando que los artistas de la región ya compiten en los niveles más altos de reconocimiento global, y no solo en categorías específicas. 

Un posible resultado de esta visibilidad es el fortalecimiento de la economía creativa. Las industrias culturales y creativas abarcan la música, el cine, la literatura, la arquitectura, la moda, los videojuegos y las artes visuales, entre otras, y representan una oportunidad clave para impulsar la productividad y el desarrollo. La producción creativa de la región está ganando visibilidad global: una película brasileña ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera en 2025 y, entre 2010 y 2025, nueve películas de ALC fueron nominadas en esta categoría, frente a cinco en la década anterior

Las estadísticas de comercio muestran una tendencia similar (Figura 2). Las exportaciones de bienes creativos han aumentado en los últimos años, con un crecimiento considerable desde 2021. Entre 2021 y 2024, estas exportaciones crecieron en promedio un 2,6% anual, alcanzando un valor estimado de 10.000 millones de dólares en 2024. A pesar de este avance, los bienes creativos de ALC representan apenas el 1,45% de las exportaciones globales y menos del 1% del comercio total de mercancías de la región. En comparación, la Unión Europea produce el 26,5% de los bienes creativos del mundo, aunque su peso dentro de su comercio total también es relativamente bajo (2,82%). 

Estas tendencias no son aisladas. En conjunto, reflejan un ecosistema más amplio en el que la visibilidad cultural, la exposición digital y el consumo global se refuerzan mutuamente y se traducen cada vez más en demanda turística (Figura 3). 

En 2024, ALC representó el 16,6% de las llegadas turísticas internacionales, convirtiéndose en la segunda región más visitada del mundo, después de Europa Occidental y por delante de destinos en Asia-Pacífico y Medio Oriente. 

Esto supone un aumento considerable frente al 10,7% registrado en 2010, con el período postpandemia marcando un antes y después en el atractivo de la región. La amplia diáspora latinoamericana y caribeña, que se ha duplicado en Estados Unidos y se ha sextuplicado en Europa desde los años noventa, también contribuye a expandir el interés global y la difusión de la herencia cultural regional. 

Los países de ALC están impulsando activamente estrategias de marca para aprovechar este impulso. Algunos se centran en sus activos naturales y biodiversidad, como Esencial Costa Rica, Marca Colombia y Let Her Inspire You” de Santa Lucía. Otros destacan la cultura y el patrimonio, como Marca Perú, Marca México y Visit Jamaica. A nivel local, iniciativas como los megaconciertos gratuitos de gran escala en Río de Janeiro muestran cómo las estrategias basadas en eventos pueden atraer visitantes y posicionar destinos como centros culturales globales. 

Sin embargo, este creciente interés por ALC no se traduce automáticamente en progreso en desarrollo; su materialización depende de la capacidad de la región para activar y coordinar factores habilitantes clave. Sin políticas e instituciones adecuadas, los auges culturales pueden generar beneficios desiguales. El turismo puede presionar la infraestructura, encarecer los alquileres o desplazar comunidades locales. Las plataformas digitales globales pueden capturar gran parte del valor generado por los creadores de la región. Los trabajadores informales en música, artesanía, gastronomía o diseño suelen quedar fuera de los sistemas de protección social. La comercialización cultural también puede debilitar o apropiarse del patrimonio si las comunidades no están incluidas de manera efectiva. 

En síntesis, la visibilidad cultural es una oportunidad para la región, pero su traducción en desarrollo dependerá de decisiones de política pública. 

Esto implica vincular la demanda global con las capacidades productivas locales y fortalecer ecosistemas que conviertan la atención en valor. Entre 2010 y 2019, ALC mostró un crecimiento limitado en solicitudes de diseño industrial, patentes y marcas, en contraste con el dinamismo observado en Asia y Europa. Esto sugiere que el impulso cultural de la región aún no se traduce de forma sistemática en activos económicos ni se protege adecuadamente como fuente de valor. 

La región también requiere mayor sofisticación y formalización de sus industrias creativas. En ALC, la economía creativa representa alrededor del 6,9% del empleo total, por encima del promedio global (6,2%) y de regiones como Europa del Este o América del Norte. Sin embargo, al contrastar este dato con el bajo desempeño en propiedad intelectual, surge una desconexión relevante: la región emplea relativamente a más personas en actividades creativas, pero genera menos activos a partir de ellas. 

Aprovechar esta oportunidad requerirá estrategias deliberadas de posicionamiento, financiamiento y fortalecimiento de las industrias creativas locales. De lo contrario, la atención internacional podría traducirse en una captura externa del valor cultural o en dinámicas que distorsionen, en lugar de impulsar, el desarrollo. 

El mundo está escuchando la música de ALC, bailando al son de sus ritmos, consumiendo su gastronomía, viendo sus películas, aprendiendo sus idiomas y visitando sus ciudades. Si la región logra consolidar ecosistemas sólidos en torno a esta demanda, la visibilidad cultural de hoy puede convertirse en el motor del desarrollo del mañana.