Esto se está calentando: Productividad y cambio climático en ALC

16 de Febrero de 2026

Cada año, el planeta rompe un nuevo récord de temperatura. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2023, 2024 y 2025 fueron los tres años más cálidos registrados, extendiendo a once los años consecutivos más cálidos observados desde 2015. Este aumento global en la temperatura ha incrementado el número de días en que las personas en América Latina y el Caribe (ALC) están expuestas a olas de calor y episodios de calor riesgoso. 

Los episodios de estrés térmico son períodos en los que las altas temperaturas y la humedad superan la capacidad del cuerpo para refrescarse, impidiendo la evaporación eficaz y que el cuerpo libere el calor. A medida que estos episodios se vuelven más frecuentes e intensos, la productividad laboral tiende a disminuir, ya que trabajar en condiciones más calurosas exige mayor esfuerzo físico. Esto es especialmente preocupante en una región donde la productividad lleva años estancada y se mantiene por debajo de otras economías emergentes, y donde el 19,4% de los trabajadores se concentra en sectores manuales como la agricultura y la construcción. El aumento de las temperaturas hará necesario adaptar los métodos de producción. 

Este #GraphForThought destaca cómo el aumento de las temperaturas podría afectar la productividad laboral en ALC (1). El incremento sostenido de la temperatura representa un riesgo de evolución lenta que, aunque menos visible que los eventos extremos, degrada poco a poco los ecosistemas, deteriora la salud humana y reduce la productividad, con impactos acumulativos que se intensifican con el tiempo. Climate Central y World Weather Attribution monitorean los “días de calor riesgoso”, definidos como aquellos en que las temperaturas superan los niveles habituales de los últimos 30 años. Al comparar 2024 con el promedio histórico de 1991–2020, estiman cuántos de estos días adicionales de calor extremo son atribuibles al cambio climático. 

En 2024, a nivel mundial, en promedio se experimentó 41 días adicionales de calor riesgoso como resultado del cambio climático. Las zonas cercanas al ecuador (incluidas partes de ALC) estuvieron entre las más afectadas, aunque los impactos varían ampliamente dentro de la región. Como se muestra en la Figura 1, en promedio los países del Caribe enfrentaron más días adicionales de calor peligroso que el resto de ALC. Barbados, el más afectado, registró 141 días adicionales de calor riesgoso, lo que significa que el 45% del año fue más caluroso de lo habitual. Incluso el país menos afectado del Caribe tuvo más días de calor riesgoso que los más expuestos del Cono Sur, resaltando los efectos heterogéneos del cambio climático sobre la región. Aun así, todos los países de ALC experimentaron más días de calor riesgoso en 2024 de los que habrían tenido sin cambio climático. 

La Figura 2 muestra los cambios proyectados en la productividad laboral, comparando el nivel histórico (1986–2006) con lo esperado entre 2030 y 2100 bajo un escenario de aumento de temperaturas. Si se toma la productividad pasada como 100%, las variaciones en puntos porcentuales muestran cuánto se prevé que cambie la productividad debido al estrés térmico. Aunque la magnitud varía entre países, las proyecciones muestran caídas generalizadas en toda la región. Para 2030, el estrés térmico podría reducir la productividad en 5,6 puntos porcentuales en Centroamérica, 5,4 en los países andinos, 4,2 en el Caribe y 2,9 en el Cono Sur. A medida que las temperaturas sigan aumentando, las pérdidas se profundizarán. Hacia 2100, la productividad en Centroamérica y los Andes podría caer alrededor de 14 puntos porcentuales. 

El cambio climático ya no es una amenaza lejana, sino una realidad inminente. Un clima más cálido es una de las amenazas emergentes para el desarrollo humano ante la cual la sociedad debe prepararse. La creciente exposición a días de calor extremo exige estrategias de adaptación que prioricen la gestión de altas temperaturas. Los sistemas de alerta temprana son clave para anticipar riesgos, proteger a los trabajadores expuestos y coordinar respuestas rápidas en zonas de alto riesgo. Reducir la temperatura en ciudades y edificaciones también debe convertirse en una prioridad de política pública. La infraestructura verde, como corredores bioclimáticos, parques urbanos y espacios con sombra, junto con programas de reforestación arborización urbana, puede contribuir significativamente a disminuir las temperaturas locales. Asimismo, promover estándares de construcción bioclimática puede reducir la dependencia del aire acondicionado, que presiona los sistemas energéticos y aumenta las emisiones de carbono. Anticipar el crecimiento de la demanda de refrigeración y su impacto en la energía será fundamental para prevenir déficits y ampliar soluciones de enfriamiento eficientes y asequibles. 

En una región que ha enfrentado baja productividad durante décadas, prepararse y adaptarse al cambio climático es esencial para sostener el crecimiento económico y el desarrollo humano. Las condiciones laborales en los sectores expuestos al calor están cambiando rápidamente, y proteger a las personas requerirá tratar la adaptación climática como una prioridad económica y de desarrollo. 

 

 

(1) Un análisis más profundo sobre cómo el cambio climático está ejerciendo presión adicional sobre el desarrollo en América Latina y el Caribe se encuentra en el Capítulo 5, “Un clima cada vez más cambiante: gestionar los riesgos de una crisis anunciada”, del Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2025.