Contextos diversos, aspiraciones comunes: las juventudes como actores políticos estratégicos

Prepararse para el futuro requiere decidir con quienes van a habitarlo.

12 de Agosto de 2026

Reconocer a las juventudes como actores políticos estratégicos no es una concesión generacional, es una condición de eficacia y de legitimidad democrática.

Cada 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud recuerda que las personas jóvenes no son solo destinatarias de políticas, sino socias indispensables en la construcción de sociedades más justas y sostenibles. El tema elegido para 2026, “Contextos diversos, aspiraciones comunes”, lo formula con precisión. Aunque la vida de las juventudes está condicionada por realidades profundamente desiguales, sus aspiraciones - oportunidades, participación significativa, trabajo decente, educación de calidad y un futuro sostenible -  son notablemente similares. El desafío para las instituciones no es solo reconocer estas aspiraciones, sino crear las condiciones para que todas las juventudes puedan convertirlas en decisiones, oportunidades y futuro.

Aspiraciones comunes, oportunidades desiguales

Hoy viven en el mundo 1.300 millones de personas de entre 15 y 24 años, la generación joven más numerosa de la historia. Para 2050, el 69 % vivirá en países de ingresos bajos y medianos bajos (1). En América Latina y el Caribe, las juventudes representan cerca de una cuarta parte de la población: son una fuerza demográfica decisiva para el futuro de la región, pero enfrentan desafíos (2) muy desiguales.

Las brechas comienzan en el acceso al trabajo y a la educación. Aunque el desempleo juvenil mundial descendió al 13 % en 2023, el trabajo inseguro sigue siendo la principal alternativa para muchas juventudes en las regiones en desarrollo. Al mismo tiempo, una de cada tres personas jóvenes vive en países que no avanzan al ritmo necesario para reducir la proporción de quienes no estudian ni trabajan (3).

La brecha digital profundiza estas desigualdades. Si bien las personas jóvenes están más conectadas que el resto de la población —el 79 % utiliza internet—, el acceso sigue siendo muy desigual entre países y territorios: en 2023, la conectividad alcanzaba al 93 % de la población en los países de ingresos altos, frente al 35 % en los países menos desarrollados (4).

En América Latina y el Caribe, como destaca el informe regional de desarrollo humano Bajo presión, estas desigualdades se combinan con inseguridad, afectaciones a la salud mental y una creciente distancia entre las juventudes y las instituciones. El apoyo a la democracia es menor entre las personas de 16 a 25 años y cerca del 40 % expresa desconfianza en los gobiernos.

Pero esta distancia no debe interpretarse como apatía o rechazo de la democracia. Las juventudes no necesariamente quieren menos democracia: quieren una democracia en la que su voz cuente. Quieren participar en las decisiones que afectan sus vidas y tener una influencia real sobre su futuro.

El desafío, por tanto, no es solo escuchar sus aspiraciones, sino convertirlas en oportunidades y participación efectiva. Crear espacios de participación significativa puede ayudar a reconstruir la confianza, fortalecer las instituciones y, sobre todo, reconocer a las juventudes no solo como beneficiarias de las políticas públicas, sino como protagonistas de las soluciones.

De destinatarias de políticas a actores políticos estratégicos

Reconocer las aspiraciones comunes de las personas jóvenes es un paso importante. Para que esas aspiraciones puedan traducirse en acciones y resultados compartidos, también es fundamental contar con espacios de participación donde las juventudes puedan aportar sus perspectivas, dialogar y contribuir a la toma de decisiones. En ese sentido, el tema de 2026 se conecta con una discusión que ya viene desarrollándose en la región.

La guía estratégica Instituciones democráticas para el futuro propone un marco de transformación institucional organizado en cinco aceleradores de gobernanza —anticipatoria, colaborativa, comunicacional, íntegra y digital— y un eje transversal: la gobernanza intergeneracional. Ese eje se define en dos movimientos. El primero, asegurar que las decisiones públicas respondan a las necesidades del presente sin comprometer las de las generaciones futuras. El segundo, más exigente, reconocer a las juventudes “como actores políticos estratégicos, con capacidades clave para innovar la democracia, fortalecer la confianza institucional y transformar la participación ciudadana” (5).

La diferencia no es semántica. Una institución puede tener un consejo consultivo juvenil y, aun así, decidir exactamente igual que antes. La Guía es explícita: los mecanismos de participación pueden ritualizarse cuando canalizan opiniones sin modificar los patrones de decisión, las relaciones de poder o las prioridades institucionales. La pregunta pertinente es si la participación de las juventudes produce influencia real, apropiación compartida y nuevas formas de decidir.

Del diálogo intergeneracional a la decisión

El diagnóstico regional es a la vez alentador y exigente. El Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026. Democracias bajo presión constata que América Latina y el Caribe es hoy la región más democrática entre las regiones en desarrollo y la tercera del mundo: más de cuatro de cada cinco personas viven bajo regímenes elegidos en las urnas. Pero esa fortaleza convive con presiones crecientes —desigualdad económica y de género, crisis de los partidos políticos, polarización, desinformación, aceleración tecnológica, crisis climática y expansión del crimen organizado— que erosionan la confianza institucional. Frente a ello, el Informe propone pasar de respuestas reactivas a la construcción de capacidades estatales resilientes: capaces de anticipar riesgos, adaptarse y generar resultados sostenidos. Es exactamente el terreno en el que la participación juvenil deja de ser un gesto y pasa a ser una capacidad institucional.

¿Cómo se traduce esto en práctica institucional? América Latina y el Caribe ofrece ejemplos vibrantes:

  • Prospectiva participativa. La guía Democratizando futuros ofrece herramientas para incorporar el uso de futuros en la planificación participativa con juventudes, conectando el diagnóstico del presente con visiones compartidas de largo plazo. El uso de futuros en los parlamentos extiende ese enfoque a las funciones legislativa, de fiscalización y de representación.
  • Planificación local con juventudes al centro. Los planes locales de Juventud, Paz y Seguridad muestran que el diálogo intergeneracional puede institucionalizarse. San Pedro Sula (Honduras) fue la primera ciudad de América Latina en hacerlo, en un proceso que reunió a más de 30 organizaciones juveniles junto a sociedad civil, academia y sector privado; la experiencia se sistematizó en la guía regional Territorios Seguros.
  • Agendas juveniles con incidencia. En Colombia, iniciativas como Juventudes Transformadoras, apoyada por el PNUD y el UNFPA, han permitido que juventudes indígenas, afrodescendientes, rurales y urbanas construyan agendas políticas y comunitarias en territorios afectados por el conflicto armado, fortaleciendo la formación, el diálogo intergeneracional y la participación en política pública.
  • Escucha juvenil en la agenda de futuros. En Brasil, el encuentro Governo do Futuro: Expectativas da Juventude reunió en Brasilia a cerca de 100 jóvenes de 18 a 29 años de distintas regiones del país para debatir los desafíos contemporáneos de la democracia y convertir percepciones y preocupaciones en propuestas concretas de política pública.
  • Diálogo regional multiactor. El diálogo Juventudes que transforman: caminos hacia la inclusión, la participación y el bienestar, impulsado por el PNUD y CAF en el marco de la iniciativa “Gobernanza para el Desarrollo”, reunió a liderazgos juveniles, autoridades nacionales y locales y especialistas para analizar las brechas de inclusión y las rutas de participación efectiva en la toma de decisiones.

Una invitación con traducción institucional

“Contextos diversos, aspiraciones comunes” es un llamado a superar los enfoques fragmentados y a asumir una visión del desarrollo juvenil inclusiva, equitativa y capaz de responder a las realidades de todas las personas jóvenes. Para las instituciones públicas de América Latina y el Caribe, ese llamado tiene una traducción precisa: prepararse para el futuro requiere decidir con quienes van a habitarlo. Reconocer a las juventudes como actores políticos estratégicos no es una concesión generacional, es una condición de eficacia y de legitimidad democrática.

Este 12 de agosto es una buena fecha para empezar.

 

 

 

  1. Ibid., sección “¿Sabías que…?”, con base en ONU DESA, World Population Highlights 2026: Youth. Disponible en: https://desapublications.un.org/publications/world-population-highlights-2026-youth
  2. PNUD, CAF y OIJ (2024), Serie Desafíos. Cuadernillo 2: Gobernabilidad y juventudes en América Latina y el Caribe. Disponible en: https://www.undp.org/es/latin-america/publicaciones/serie-desafios (PDF: https://www.undp.org/sites/g/files/zskgke326/files/2024-04/es_oij_dg_cuadernillo2_desafios_juventud_1.pdf).
  3. OIT (2024), Tendencias mundiales del empleo juvenil 2024, Organización Internacional del Trabajo, 12 de agosto de 2024. Disponible en: https://www.ilo.org/es/publications/major-publications/tendencias-mundiales-del-empleo-juvenil-2024
  4. Ibid., sección “Youth Internet use”: https://www.itu.int/itu-d/reports/statistics/2023/10/10/ff23-youth-internet-use/
  5. Ibid., Parte I, cuadro “Aceleradores de gobernanza y resultados que posibilitan”, p. 12.
  6. Ibid., sección 2.2 “Gobernanza colaborativa”, sobre la distinción entre abrir espacios de participación y habilitar una transformación relacional.