Palabras Georgiana Braga-Orillard
Conferencia Internacional IDE Chile 2025
4 de Noviembre de 2025
Muy buenos días. Agradezco la invitación de IDE Chile y la oportunidad de compartir algunas reflexiones desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Quisiera partir con una idea central: los datos geoespaciales deben ser vistos como una pieza esencial del sistema de protección social y de gestión de riesgos. Son el puente entre información y acción, entre diagnóstico y decisión. Cada mapa, cada capa territorial, es en realidad una pieza de gobernanza, porque nos permite ver lo que antes no se veía, anticipar vulnerabilidades y coordinar instituciones que antes actuaban por separado.
Y actualmente, el desafío que enfrentamos no es únicamente técnico —no se trata solo de interoperabilidad de sistemas—, el desafío es institucional y de gobernanza. Porque la calidad de la respuesta del Estado depende de su capacidad para leer el territorio en tiempo real y actuar de manera coordinada. Desde esa convicción, el PNUD ha venido apoyando a distintos países en fortalecer sus capacidades para usar los datos como una herramienta concreta de desarrollo y resiliencia.
Experiencia Global del PNUD
En el PNUD trabajamos en más de 170 países, colaborando con los gobiernos para aprovechar mejor los datos —en especial los geoespaciales— como herramientas para el desarrollo humano, la resiliencia y la reducción de la pobreza. Este trabajo se apoya en un ecosistema de plataformas abiertas que cualquier país puede adaptar a su realidad, y quisiera compartir con ustedes tres ejemplos concretos:
Primero, el Crisis Risk Dashboard, una herramienta que combina indicadores geoespaciales de exposición, vulnerabilidad y capacidad institucional. Con ella, los gobiernos pueden identificar territorios con alto riesgo de crisis antes de que ocurra un desastre o un deterioro social. En Túnez, por ejemplo, este panel de datos se utilizó para identificar zonas geográficas con mayores necesidades no satisfechas, lo que permitió priorizar y asignar recursos de manera más efectiva en los proyectos de las Naciones Unidas.
Segundo, el UN Biodiversity Lab, que reúne cientos de capas sobre clima, biodiversidad y uso de suelo. Se usa para la planificación, el seguimiento y la elaboración de informes, así como para tomar medidas en favor de las personas y el planeta. En Ecuador, por ejemplo, ha permitido identificar Áreas Esenciales para el Soporte de la Vida y orientar políticas de conservación y bienestar local.
Y tercero, el GeoHub, una galería de mapas y tableros públicos donde se integran datos espaciales e inteligencia artificial. Con esta combinación, se han modelado patrones de acceso a energía, transporte y servicios básicos, detectando desigualdades que no se ven en los promedios nacionales.
Detrás de estas herramientas existe una misma lógica, que es utilizar los datos no solo para reaccionar, sino para anticipar. En el fondo, eso es fortalecer las instituciones, dándoles capacidad de anticipación y de decisión basada en evidencia.
El Caso de Chile
Y si miramos ahora a Chile, veremos que existe una base sólida para avanzar justamente en esa dirección. Chile cuenta con instituciones sólidas en la producción de información territorial, como la Infraestructura de Datos Espaciales (IDE), el SENAPRED, el Ministerio de Medio Ambiente, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, el INE, y muchas unidades técnicas regionales. Pero esas capacidades siguen fragmentadas. Cada servicio mide su propio riesgo, su propio territorio, su propio beneficiario.
Y eso significa que cuando ocurre un desastre —un incendio en Valparaíso o una sequía en Petorca—, las bases de datos no siempre dialogan entre sí. El tiempo que se pierde en integrar información se traduce en demoras en la respuesta y, finalmente, en desigualdad en la recuperación. Por eso, fortalecer la interoperabilidad de los datos es también fortalecer la capacidad del Estado para cuidar y proteger.
Inteligencia Artificial y Datos Geoespaciales
En este punto, la irrupción de nuevas tecnologías, en particular la inteligencia artificial, abre una oportunidad inédita para conectar y potenciar toda esa información dispersa. Hoy estamos entrando en una nueva etapa. La inteligencia artificial nos permite procesar volúmenes masivos de información espacial y convertirlos en conocimiento accionable. Las aplicaciones de esta nueva tecnología permiten revelar lo que antes era invisible.
Hoy se utilizan, por ejemplo, para detectar zonas de riesgo mediante la combinación de datos satelitales con indicadores sociales, predecir los impactos de sequías o incendios a partir de patrones históricos y mapear desigualdades ocultas, como las brechas en el acceso a agua, conectividad o transporte. En términos de reducción de la pobreza, fortalecimiento de la resiliencia comunitaria o disminución de las desigualdades, créanme que contar con este tipo de información para la toma de decisiones puede marcar una enorme diferencia.
La inteligencia artificial, integrada con datos geoespaciales, no reemplaza la decisión pública, pero aumenta su precisión y su velocidad. Permite pasar de reaccionar a los desastres a anticiparlos, y de políticas generales a respuestas focalizadas en los territorios más vulnerables. Esta capacidad de anticipar y decidir mejor es, precisamente, lo que se busca potenciar a través de la Política Nacional de Información Geoespacial.
Cuatro Lecciones para la Implementación
Y quisiera compartir cuatro lecciones que pueden ser útiles para la implementación de la Política, basadas tanto en la experiencia internacional del PNUD en el uso de datos geoespaciales como en el trabajo que hemos desarrollado en Chile fortaleciendo la articulación intersectorial:
1. La interoperabilidad debe ser institucional antes que tecnológica: los datos se pueden conectar fácilmente; lo difícil es que las instituciones compartan prioridades y definan estándares comunes. La Política Nacional de Información Geoespacial ofrece ese marco, un lenguaje compartido que reduce duplicidades y mejora la coordinación.
2. El valor del mapa está en la decisión: un tablero geoespacial solo tiene valor si está conectado a un proceso real, como un comité de emergencia, un sistema de transferencias sociales o la planificación de inversiones públicas. Los datos deben integrarse en los flujos cotidianos del Estado, no vivir en plataformas paralelas.
3. La equidad territorial debe ser el principio que guíe el uso de los datos: los datos geoespaciales deben ayudarnos a ver las desigualdades invisibles del territorio, como comunas con menor capacidad institucional o mayor exposición al riesgo. Esa información debe guiar una asignación más justa y efectiva de recursos públicos.
4. La colaboración global y el aprendizaje continuo son esenciales: Chile puede aportar mucho al ecosistema internacional en el marco del Comité de Expertos de las Naciones Unidas sobre la Gestión Global de la Información Geoespacial, y a su vez aprovechar herramientas globales ya disponibles —como GeoHub, el Crisis Risk Dashboard o UN Biodiversity Lab— sin partir de cero.
Hacia un Sistema de Protección Social Adaptativa
Estas lecciones son también la base de una agenda más amplia que el PNUD está impulsando junto al Estado de Chile, avanzar hacia un sistema de Protección Social Adaptativa, que integre los sistemas de protección social tradicionales con los mecanismos de gestión del riesgo y adaptación al cambio climático.
En esta visión, los datos geoespaciales cumplen un papel fundamental. Cuando se integran con información socioeconómica de los hogares y del territorio, el Estado fortalece su capacidad para anticipar impactos, focalizar apoyos, medir la resiliencia de las familias y tomar decisiones que realmente beneficien a las comunidades. En Chile, esto significa pasar de programas que reaccionan a crisis —como incendios, sequías o crisis económicas— a sistemas que previenen y amortiguan sus efectos, gracias a la información territorial integrada.
En definitiva, la IDE Chile y la Política Nacional de Información Geoespacial no son solo infraestructuras de datos, son instrumentos para un Estado más inteligente, más justo y más protector.
Reflexión Final
Permítanme cerrar con una reflexión. El fortalecimiento institucional no depende solo de nuevas leyes o estructuras, sino de la confianza que se construye al compartir datos y actuar coordinadamente. Cuando un ministerio, una región o un municipio puede acceder a la misma información y usarla para priorizar acciones, se fortalece el Estado en su conjunto.
Desde el PNUD, estamos comprometidos en acompañar a Chile para que la Política Nacional de Información Geoespacial no sea solo un marco técnico, sino un instrumento vivo que mejore la calidad de las decisiones públicas. Porque al final del día, cada capa de datos —y cada algoritmo bien entrenado— es una capa de protección para las personas más vulnerables.
Muchas gracias.