La importancia del rol del cuidado para una pesca artesanal sostenible

4 de Marzo de 2026
Proyecto Humboldt II.

Por Luciana Mendoza, Especialista de Comunicación y Género del Proyecto Humboldt II

En las comunidades de pesca artesanal, el día empieza mucho antes de que las embarcaciones salgan al mar. Empieza en tierra, en los hogares y en los espacios comunitarios, donde se organiza la vida cotidiana que hace posible la faena pesquera. Allí, de manera constante y poco visible, las mujeres sostienen una red de cuidados sin la cual la pesca artesanal no podría existir como actividad económica ni como forma de vida.

En estas comunidades el cuidado no es una tarea aislada ni exclusivamente doméstica. Se expresa en la crianza, en la alimentación, en el acompañamiento a personas mayores, en la organización del hogar y también en el desarrollo de actividades productivas vinculadas a la pesca. Es un trabajo que se entrelaza con la economía local, pero que rara vez es reconocido como parte de ella, mostrándonos una de las tantas caras que puede tomar la desigualdad social. Esta realidad, a su vez, forma parte de un contexto más amplio de desigualdad en la distribución del trabajo de cuidados, que atraviesa tanto a Perú como a Chile.

En el Perú, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática, las mujeres dedican en promedio cerca de 39 horas semanales al trabajo de cuidados no remunerado, mientras que los hombres destinan alrededor de 16 horas. En Chile, la brecha también es significativa: las mujeres dedican casi dos horas más al día que los hombres al trabajo no remunerado, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del Instituto Nacional de Estadísticas. En ambos casos, el uso desigual del tiempo condiciona las oportunidades de las mujeres para participar plenamente en el ámbito económico, social y comunitario.

En las comunidades pesqueras artesanales, donde la pesca suele organizarse a partir de dinámicas familiares y redes de proximidad, esta sobrecarga se vuelve aún más evidente. Cuando las embarcaciones salen al mar, son muchas veces las mujeres quienes sostienen el funcionamiento del hogar, administran los recursos disponibles y coordinan la recepción y venta de la pesca.

La combinación de trabajo productivo y trabajo de cuidados configura una doble, y en algunos casos triple, jornada que no siempre es visible en las estadísticas oficiales ni en las políticas públicas del sector. Esa sobrecarga se expresa con claridad en las rutinas cotidianas de muchas mujeres vinculadas a la pesca artesanal. Como relata una lideresa de la caleta La Reina, en Chile:

"Nosotras prácticamente siempre nos levantamos como a las 6:30 a.m. y trabajamos hasta las 12:00. Luego almorzamos y volvemos al trabajo, dependiendo del mar. Si el mar entrega más productos, trabajamos hasta 15 horas en el mar. Y luego a seguir con las labores de la casa hasta la noche. Era la primera en levantarme y la última en acostarme".

Esta experiencia refleja una realidad compartida en distintos territorios costeros. No es casual que la participación de las mujeres en el mercado laboral formal sea menor que la de los hombres, una brecha que se explica en buena medida por la asignación mayoritaria de las responsabilidades de cuidado. En contextos costeros, esto se traduce en condiciones laborales más precarias, menor acceso a derechos y una participación limitada en los espacios donde se toman decisiones sobre la pesca y el territorio.

Sin embargo, reducir las tareas de cuidado a una carga sería incompleto. En las comunidades de pesca artesanal, el cuidado también es una forma de sostener la vida colectiva. Las mujeres cuidan a las personas, pero también cuidan los saberes, las redes de apoyo, la alimentación local y la continuidad de prácticas que permiten la reproducción social de la comunidad. Ese cuidado cotidiano contribuye a la resiliencia de los territorios frente a crisis económicas, ambientales o sanitarias, aunque rara vez sea reconocido como tal.

Desde esta mirada, avanzar hacia una pesca artesanal más equitativa también implica trabajar en transformar las normas sociales que han definido históricamente los roles de hombres y mujeres en las comunidades costeras. Esa es una de las tareas en las que el PNUD, a través del Proyecto Humboldt II, ha buscado contribuir, trabajando con las mujeres de las comunidades pesqueras, para ampliar y mejorar sus conocimientos en gestión y liderazgo, robustecer sus oportunidades de generación de ingresos y promover su empoderamiento económico. Junto a ello, ha promovido la creación de espacios de trabajo con hombres de los territorios pesqueros para reflexionar sobre los roles y responsabilidades que asumen en sus familias, en la comunidad y en la actividad productiva, con el objetivo de fomentar relaciones más equitativas y una mayor corresponsabilidad en las tareas y decisiones de la vida cotidiana.

Mirar la pesca artesanal desde el enfoque de los cuidados permite ampliar la comprensión del desarrollo costero y de la sostenibilidad. Implica reconocer que la actividad pesquera no se sostiene solo por la extracción de recursos, sino por una economía de la vida que articula trabajo, afectos, organización comunitaria y relaciones de interdependencia. Incorporar esta mirada es clave para avanzar hacia políticas y modelos de gestión verdaderamente sostenibles, que reconozcan el aporte de las mujeres, promuevan la corresponsabilidad en los cuidados y fortalezcan su autonomía económica en los territorios costeros de ambos países.

El Proyecto Humboldt II

El Proyecto Humboldt II es una iniciativa Binacional Chile - Perú, liderada por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA) y el Viceministerio de Pesca y Acuicultura del Perú (VMPA-PRODUCE), cuenta con el acompañamiento del PNUD y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).

Mirar la pesca artesanal desde el enfoque de los cuidados permite ampliar la comprensión del desarrollo costero y de la sostenibilidad. Implica reconocer que la actividad pesquera no se sostiene solo por la extracción de recursos, sino por una economía de la vida que articula trabajo, afectos, organización comunitaria y relaciones de interdependencia. Incorporar esta mirada es clave para avanzar hacia políticas y modelos de gestión verdaderamente sostenibles, que reconozcan el aporte de las mujeres, promuevan la corresponsabilidad en los cuidados y fortalezcan su autonomía económica en los territorios costeros de ambos países".
Luciana Mendoza, Especialista de Comunicación y Género del Proyecto Humboldt II.