Biodiversidad de Chile en una loca geografía
7 de Octubre de 2026
Emulando el título del ensayo de Benjamín Subercaseaux, Chile o una loca geografía, la biodiversidad del país resulta tan singular y extraordinaria como sus propios paisajes. Las diversas y particulares condiciones geológicas, hidrográficas y climáticas del territorio nacional favorecen múltiples expresiones de la biodiversidad en ecosistemas terrestres, marinos y de aguas continentales. Esta convergencia ambiental propicia un elevado nivel de endemismo (entre el 30% y el 40% del total de las aproximadamente 36 mil especies descritas hasta la fecha), albergando especies únicas cuya distribución se restringe a áreas de alta especificidad ecológica.
Entre las zonas que destacan, por concentrar un alto endemismo o poseer hábitats restringidos se encuentran: lagunas andinas del norte del territorio, bosques pantanosos en la zona sur, el bosque lluvioso Valdiviano, turberas de la Patagonia y la zona mediterránea. Esta última, destaca a escala global como un hotspot mundial de biodiversidad. Esta macrozona reúne los mayores niveles de endemismo en diversos grupos taxonómicos —incluyendo plantas vasculares, reptiles, anfibios y peces de agua dulce—, al tiempo que enfrenta los niveles de amenaza más severos del país.
La biota nacional ha desarrollado adaptaciones especiales para subsistir en climas extremos, resistir amplias oscilaciones térmicas, habitar ambientes salinos o desarrollarse en sistemas saturados de agua e inundables de forma prolongada. La conjunción de estas variables ambientales da origen a una biodiversidad singular. El Desierto Florido en la región de Atacama constituye uno de sus ejemplos más emblemáticos, espectáculo que estamos disfrutando este año, como nunca.
Biodiversidad amenazada
En 2015 un 57% de los ecosistemas terrestres estaban amenazados1, principalmente en la zona centro y sur del territorio nacional, donde se concentran las actividades humanas. Una nueva evaluación de estos en 2024 revela que la zona norte y centro del país presenta las peores categorías de amenaza.
Lo propio se refleja en ecosistemas de aguas continentales, donde los efectos de diversas presiones antrópicas y climáticas se aprecian en todas las cuencas de la zona centro-sur de Chile, solo con una leve baja hacia las zona sur y sur-austral, tal como releva un estudio de Evelyn Habit y colaboradores en 2024. Este análisis identifica las principales presiones a lo largo del país y los impactos empíricamente comprobados para fauna nativa de peces en los distintos niveles de organización, desde individuos a ecosistemas. Estos ecosistemas experimentan elevados impactos derivados de presiones climáticas y antrópicas.
A la transformación directa de los hábitats se suma la proliferación de especies exóticas y exóticas Invasoras, y son una de las amenazas más severas para la biodiversidad. En Chile se registran 1.119 especies exóticas distribuidas en sistemas terrestres, marinos y de aguas continentales, siendo el grupo de las plantas el más abundante. Gran parte de estas especies fueron introducidas de manera intencional para promover emprendimientos comerciales o ejercer control de plagas agrícolas, con efectos económicos, sociales y ecológicos graves. Sin embargo, la tarea ciudadana y responsabilidad institucional puede detener esta situación.
Un caso emblemático es el de Castor (Castor canadensis) en la Patagonia. Su presencia, es responsable de la destrucción sistemática de bosques nativos y alteración física y estructural de los ríos en la Patagonia chilena y argentina. Desde el punto de vista económico, los efectos sobre el turismo y la pérdida neta de la capacidad de captura de carbono, acumulando es de al menos USD $73.027.816 a lo largo de siete décadas.
Para revertir esta trayectoria de degradación y pérdida de biodiversidad, se deben implementar de forma prioritaria las metas y acciones que propone la Estrategia Nacional de Biodiversidad y los instrumentos de conservación de la biodiversidad que establece el Servicio de Biodiversidad y Áreas protegidas, a saber:
Transformación de procesos y prácticas productivas: Reconfigurar algunos mecanismos financieros impulsando la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales. Lo anterior generaría nuevas fuentes de trabajo, innovación tecnológica, recuperación de oficios y reducción de costos.
Restauración de la biodiversidad: Escalar las intervenciones de restauración ecológica a través de procesos en todos los ecosistemas con algún grado de amenaza, comprendiendo que el conocimiento genera desarrollo y riqueza de manera sostenible.
Establecimiento de un sistema regulado sobre recursos genéticos: Esta regulación resulta indispensable para resguarde la biodiversidad y permita establecer dominio de los recursos genéticos y respaldar desarrollos biotecnológicos de alto valor en sectores como la industria farmacéutica y alimentaria. Carecer de un sistema regulado expone al país a la pérdida del patrimonio genético y de oportunidades económicas insospechadas.
Monitoreo de la biodiversidad y componentes. El monitoreo continuo e integrado sobre el estado de conservación en Chile permite consolidar el conocimiento, crear sistemas de alerta temprana para evitar la degradación del patrimonio natural, determinar la interacción de presiones antrópicas y los efectos del cambio climático.
¿Por qué debemos cuidar la biodiversidad?
Los beneficios de la naturaleza a la personas, abarcan la provisión de agua dulce, la purificación del aire, la captura y secuestro de carbono, el control de inundaciones, la fertilización de los suelos, la desintoxicación de residuos, el control de plagas y enfermedades zoonóticas, así como la captura de dióxido de carbono desde las hojas de plantas, árboles y algas, que aseguran la disponibilidad de oxígeno.
Estos son los servicios ecosistémicos o conocidos también como “las contribuciones de la naturaleza a las personas”, y representan el conjunto de beneficios directos e indirectos que la sociedad obtiene de los procesos ecológicos y evolutivos. Muchas de las contribuciones de la naturaleza, operan de forma invisible, pero resultan indispensables en lo cotidiano, para sostener la vida humana.
En la arquitectura climática del país existen ecosistemas cuyo valor estratégico para la mitigación del cambio climático son insuficientemente reconocidos y aún no entran en la contabilidad de captura de carbono, tales como: Bosques inundables o pantanosos, Humedales de turberas, Ecosistemas marinos y costeros, reconocidos en la NDC 2025 de Chile.
Es imprescindible que estos ecosistemas tengan una salvaguarda, son hábitat de las especies estructurantes para el desarrollo de especies de interés comercial y aseguran beneficios sociales a largo plazo. Los procesos ecológicos garantizan que la calidad del aire sea apta para vivir, proveen suelos capaces de generar alimentos, controlan plagas y reducen los efectos de las amenazas naturales, y un aporte en la reducción de riesgos de desastres (Los Desastres No son Naturales).