La metamorfosis silenciosa

La juventud haitiana está reinventando en silencio el futuro de su país

26 de Mayo de 2026
Photograph of three workers harvesting tea leaves in a lush green plantation.

Mientras Haití se prepara para sus primeras elecciones en una década, la juventud sigue avanzando y generando oportunidades en la música, la digitalización y las cooperativas agrícolas, que están transformando la forma de lograr la autosuficiencia alimentaria.

Foto: Shutterstock

Hay una pregunta que nunca se formula con suficiente claridad en los informes sobre Haití: ¿por qué, a pesar de décadas de análisis, miles de millones en ayuda internacional y una abundancia de estrategias nacionales, el potencial de la juventud haitiana sigue estando tan desaprovechado? Este informe, La transformación silenciosa (enlace disponible en francés), es un intento de ofrecer una respuesta honesta.

Y esa respuesta comienza con una admisión: durante demasiado tiempo hemos visto a esta generación como un problema que gestionar en lugar de una solución que movilizar.

Haití es uno de los países más personas jóvenes del hemisferio occidental. Más de una de cada dos personas tiene menos de 25 años. Esta realidad debería estar en el centro de cada decisión política, cada estrategia de inversión y cada diálogo con los socios internacionales. Pero todavía no lo está. Y precisamente para cambiar eso existe este informe.

Estamos en un punto de inflexión sin precedentes en la historia reciente del país. Por primera vez desde 2016, se vislumbra la posibilidad de elecciones generales. Lo que podría parecer simplemente un hito institucional es, de hecho, algo profundamente humano: toda una generación está a punto de votar por primera vez. Personas jóvenes que tenían entre 8 y 17 años durante las últimas elecciones generales. Desde entonces, han emprendido negocios, vivido un terremoto, una pandemia, el asesinato de un presidente y una crisis de seguridad sin precedentes. Y, aun así, nunca fueron consultados sobre el futuro de su propio país.

Diez años sin elecciones. Diez años de construir sus propias vidas sin que sus instituciones los reconozcan como actores plenos. Esta paradoja está en el corazón de este informe.

Porque esta generación no ha esperado a que alguien le diera permiso para empezar a transformar su realidad. Lo ha hecho por sí sola, en medio de la adversidad y con las herramientas que tenía a mano. Y ahí radica la tesis central de este documento: la juventud haitiana no está esperando que llegue el desarrollo. Ya lo está haciendo realidad.

Los mannitòks están reinventando las finanzas digitales sin esperar a que los bancos se modernicen. Las cooperativas agrícolas están recuperando la autosuficiencia alimentaria en las zonas más seguras del país. En Cap-Haïtien y Carrefour, clubes de programación forman a la próxima generación de desarrolladores sin necesidad de escuelas formales de informática. Al mismo tiempo, diseñadores en Pétion-Ville, músicos que llevan el kompa y el rap en criollo haitiano a plataformas internacionales, DJs que conectan Puerto Príncipe con la diáspora y artesanos en Noailles mantienen viva una economía cultural que todavía sigue fuera del radar económico oficial.

Estas no son historias de éxito aisladas. Son señales de una transformación estructural que se está desarrollando ante nuestros ojos, en silencio, porque todavía no hemos aprendido a verla con las herramientas adecuadas.

Este informe es un intento de desarrollar esas herramientas. Documenta, analiza y propone recomendaciones. Pero también hace algo poco habitual en la literatura sobre desarrollo: cambia el punto de vista. Parte del genio creativo de la juventud haitiana y avanza hacia las políticas públicas, en lugar de partir de las políticas hacia los llamados "beneficiarios".

Esta inversión no es retórica, es metodológica. Y cambia lo que vemos.

Lo que este informe pone de manifiesto es un reto para todos nosotros. La principal barrera para el desarrollo de la juventud en Haití no es la falta de potencial, sino la falta de reconocimiento de ese potencial. Las políticas más eficaces no serán las diseñadas para las personas jóvenes, sino las construidas junto a ellas. Y, por último, el informe señala que la comunidad internacional —incluido el PNUD— debe asumir una nueva forma de humildad: a veces, apoyar implica dar un paso atrás y quitar obstáculos, en lugar de imponer soluciones.

El PNUD apoya estas dinámicas promoviendo habilidades digitales, acceso a financiamiento y el desarrollo de ecosistemas de innovación. Las iniciativas del PNUD—desde apoyar Fab Labs hasta impulsar reformas regulatorias—buscan crear un entorno en el que las empresas lideradas por personas jóvenes puedan prosperar. Pero también sabemos que nuestro papel más valioso es el que construimos sobre el terreno, junto a quienes ya están actuando. Este informe nos invita a escuchar tanto como a actuar.

Agradezco cordialmente a Group Croissance y CEDEL Haití, cuya experiencia de campo y compromiso inquebrantable han moldeado cada página de este documento. Sobre todo, agradezco a las personas jóvenes de Haití que compartieron sus experiencias, su visión y su claridad, porque este es su informe antes que nuestro.

A la juventud quiero decirle esto: su determinación no es solo su fortaleza—es, objetivamente, el recurso más valioso que posee Haití. Las próximas elecciones serán su primer encuentro con la boleta electoral. No será el último. Y si este informe contribuye a que ese momento esté a la altura de lo que ya han hecho, sin permiso, con ambición inquebrantable, entonces habrá cumplido su propósito esencial.

Nada de esto sucede en aislamiento. El Canadá ha sido un socio confiable en el camino del desarrollo de Haití, y su apoyo continuo a iniciativas que invierten en personas, ideas y posibilidades a largo plazo refleja exactamente el tipo de alianzas que Haití necesita. Al Gobierno del Canadá y al Departamento de Asuntos Globales del Canadá: gracias. Su compromiso con un Haití definido por su potencial, no solo por sus desafíos, hace posibles iniciativas como esta.

El camino por delante exige coraje, colaboración y una reflexión clara sobre lo que no ha funcionado pero, sobre todo, una fe renovada en lo que es posible. Porque, aunque el pasado nos enseñe cautela, es el futuro que esta generación ya está moldeando el que debe guiar nuestras decisiones.

Tomemos este camino juntos, dejando que la juventud haitiana muestre el camino.