El futuro del desarrollo necesita su propio Fosbury Flop

Sobre prospectiva, fracaso y el futuro del desarrollo

10 de Agosto de 2026
Diverse group posing for a large group photo in a conference hall.

En 1968, durante los Juegos Olímpicos de México —los primeros celebrados en América Latina—, Dick Fosbury ganó la medalla de oro en salto de altura saltando de espaldas sobre el listón, mientras todos los demás seguían utilizando las técnicas tradicionales. Superó el récord olímpico al alcanzar los 2,24 metros. Pero hay un detalle que suele quedar fuera de esta historia: por qué su técnica funcionó.

Hasta la década de 1960, los atletas de salto de altura aterrizaban sobre arena o aserrín. Lanzarse de espaldas por encima del listón era prácticamente impensable si no se quería arriesgar una lesión grave. Entonces, la arena fue sustituida por gruesas colchonetas de espuma. Una técnica que hasta entonces había sido imposible pasó a ser simplemente extraña. Y Fosbury fue el primero en atreverse a probarla.

No inventó una nueva forma de hacer física. Simplemente entendió que el terreno había cambiado y actuó antes que los demás se dieran cuenta.

El desarrollo se encuentra hoy ante un momento similar. Por eso pasé recientemente tres días en Panamá practicando prospectiva estratégica con 60 colegas de toda América Latina y el Caribe.

En un momento del taller, mientras revisábamos una serie de métodos de prospectiva —cada uno presentado de manera ordenada, paso a paso—, empecé a sentir cierta incomodidad. Todo parecía demasiado sencillo: haz esto y obtendrás aquello. Pero la prospectiva real no funciona así. Pretender que sí es hacerle un flaco favor a quienes la practican, porque los métodos pueden fallar. Y los escenarios, en particular, pueden ser peligrosos.

Por eso les conté una historia que no me gusta contar.

Hace algunos años, en plena pandemia, mi equipo presentó una serie de escenarios ante un grupo de altos responsables de decisión. El ejercicio no funcionó. Ellos entendieron que estábamos haciendo predicciones, diciéndoles lo que iba a suceder, cuando nuestra intención era completamente distinta: utilizar diferentes futuros posibles para poner a prueba nuestras propias ideas y supuestos.

Algunos de esos futuros eran incómodos, y la sala decidió que simplemente no eran plausibles.

En parte, fue responsabilidad nuestra. Un escenario no es una predicción. Y cuando quienes nos escuchan entienden que estamos haciendo una predicción, probablemente significa que no supimos plantear bien el ejercicio. La plausibilidad no es algo que se pueda entregar a las personas ya elaborado. Se construye con ellas, en la propia conversación, o no se construye en absoluto. Esa experiencia marcó la forma en que trabajamos en Panamá.

La futurista Wendy Schultz plantea una idea a la que vuelvo una y otra vez: “El futuro más importante es aquel en el que cree el mayor número de personas: es el futuro en el que basan sus decisiones y acciones.”

Cuando suficientes personas creen en un determinado futuro, actúan en función de él desde hoy, y esas acciones empiezan a empujar al mundo en esa dirección. Por eso, el futuro que termina imponiéndose no siempre es el más probable. Es aquel por el que las personas están dispuestas a apostar; aquel en el que más personas creen con mayor convicción.

Y por eso la confianza y la legitimidad no son cuestiones secundarias en el trabajo de prospectiva y desarrollo. En buena medida, son las que determinan hacia dónde terminamos avanzando.

A medida que avanzaba el trabajo conjunto, la conversación fue mucho más allá de la incertidumbre y los horizontes de planificación. Llegamos a preguntas más profundas: ¿para quién es realmente el desarrollo? ¿Qué significa ser humano en los futuros hacia los que nos dirigimos? Y, quizá la más difícil de todas: ¿tiene futuro la cooperación para el desarrollo? No se llega a ese punto a menos que realmente te importe la respuesta.

Yo creo que sí. Pero no será el mismo modelo que llevamos décadas perfeccionando.

Al igual que en el salto de altura, el futuro pertenecerá a quienes estén dispuestos a probar aquello que, a primera vista, parece extraño.

Para eso sirve la prospectiva: no para predecir lo que viene, sino para ayudarnos a descubrir enfoques que todavía no existen, antes de que las circunstancias nos obliguen a encontrarlos.

Las presiones sobre el modelo actual son reales. Y limitarse a mejorarlo no será suficiente para llegar adonde necesitamos. El modelo está empezando a quedarse atrás respecto del mundo para el que fue diseñado.

Llegué a Panamá pensando que compartiría mi experiencia en la aplicación de la prospectiva al desarrollo internacional. Me fui con una esperanza renovada: que el próximo gran salto del desarrollo no vendrá de hacer mejor lo que ya hacemos, sino de encontrar nuestro propio Fosbury Flop: reconocer que el terreno bajo nuestros pies ha cambiado y atrevernos a explorar todo lo que ese cambio hace posible.

 

 

Para seguir leyendo: Instituciones Democráticas Preparadas para el Futuro, la nueva plataforma regional del PNUD que ayuda a las instituciones públicas de América Latina y el Caribe a desarrollar las capacidades anticipatorias y adaptativas que exige este momento. La plataforma incluye una Guía Estratégica y una Nota Metodológica, disponibles en inglés y español, así como un repositorio con más de 150 experiencias de toda la región.