Thalassia: recursos genéticos marinos para un bienestar compartido
6 de Agosto de 2026
Arrastradas por el mar, amanecen en la orilla. Algunos la ven como un estorbo a la imagen de playas transparentes y arenas blancas. Otros como una oportunidad. Los pastos marinos que se desechan como basura son, en realidad, parte imprescindible de la vida del ecosistema costero y un recurso cuyo valor comienzan a conocer las comunidades.
Un proyecto en Cuba ha comenzado a cambiar estas prácticas, promoviendo el aprovechamiento del pasto marino más común que crece en la plataforma insular del país, para el bienestar colectivo de las comunidades costeras.
Varias especies de pastos marinos, entre ellas la Thalassia testudinum, abundan en las costas del Caribe insular.
Más que una planta marina
Los pastos marinos cubren alrededor del 50 % de la plataforma insular cubana. La mayor parte de esta superficie está dominada por Thalassia testudinum, pasto marino también predominante en el Caribe, el Atlántico Sur y el Golfo de México.
A pesar de su papel en la conservación de ecosistemas marinos, es altamente susceptible al cambio climático y a la acción humana. La reducción de la luz solar por la contaminación, el dragado y los eventos meteorológicos extremos ponen en riesgo su supervivencia y, con ella, la del hábitat que sustenta.
La Thalassia y otros pastos actúan como una barrera natural que disminuyen el impacto de los huracanes, protegen las playas de la erosión y sirven de alimento para distintas especies marinas, como las tortugas. Además, un extracto obtenido de las hojas de esta planta marina ha mostrado potencialidades por sus propiedades antioxidantes, antinflamatorias y anticancerígenas.
El proyecto busca desarrollar el potencial de la Thalassia en el sector de la salud
Este proyecto busca transformar la percepción y el aprovechamiento de Thalassia mediante la valorización de sus recursos genéticos, promoviendo desde las comunidades hasta la industria la construcción de una cadena de valor orientada al desarrollo de soluciones para la salud humana, al tiempo que contribuye a la conservación de los ecosistemas.
La iniciativa es ejecutada por la Agencia de Medio Ambiente (AMA) a través del Instituto de Ciencias del Mar (ICIMAR), con el acompañamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la contribución del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y otras instituciones1.
Las acciones articulan la conservación con la ciencia y el desarrollo comunitario bajo los principios del Protocolo de Nagoya, que establece que los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos de un país deben compartirse de manera justa y equitativa.
El monitoreo de las praderas de Thalassia tiene como objetivo contribuir a su conservación
De la costa al laboratorio
Un extracto obtenido de las hojas de Thalassia que habita en las costas cubanas ha mostrado tener una alta presencia de compuestos polifenólicos, un grupo de sustancias químicas bioactivas del mundo vegetal que se caracterizan por sus potentes propiedades antioxidantes y antinflamatorias.
Estas características permiten que productos biofarmacéuticos desarrollados a partir de esta planta, puedan convertirse en un complemento muy útil para el tratamiento de enfermedades como es la prevención y el manejo y control del cáncer.
El proyecto Thalassia busca, además, avanzar en los estudios que permitan presentar a la autoridad reguladora biofarmacéutica cubana una solicitud para comenzar ensayos en humanos.
El equipo de investigación, compuesto en su mayoría por mujeres, trabaja en el desarrollo de bioproductos a partir del extracto de Thalassia
“A partir de la efectividad demostrada de forma preclínica por el extracto de Thalassia, se han desarrollado varias formulaciones con este ingrediente farmacéutico. Contamos con el desarrollo de una tableta que cuenta con el principio activo de este extracto y que aprovecha sus propiedades antitumorales y antimetastásicas. También, contamos con una crema, que podría tener aplicaciones en el cáncer de piel, y estamos comenzando el desarrollo de otros productos” explica Ivonne Hernández Balmaseda, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar.
Como parte del apoyo a la fase de investigación de la Thalassia testudinum, el equipo de investigación ha adquirido tecnologías e insumos que permiten la cosecha responsable, la caracterización química del extracto obtenido de la planta, la evaluación de su efectividad farmacológica, así como la seguridad del bioproducto.
“El desarrollo del producto forma parte de una cadena de valor, que parte desde que la comunidad sea capaz de conservar la especie, de socializar su importancia y además explicarles a estas comunidades que es un producto natural, que puede tener una aplicación tanto en la medicina como en la cosmética, pero que tiene un fuerte elemento científico”, recalca la investigadora Hernández Balmaseda.
Los bioproductos pueden tener una aplicación no solo para la salud, sino también para la industria cosmética
Educar para conservar
Frente a los dibujos de sus estudiantes, Emilia Arelys Pie Bridget, la profesora de Biología de la comunidad de Las 80, en Playa Santa Lucía en la provincia de Camagüey, sonríe como si los viera por primera vez. Las obras expuestas en las mesas del aula muestran la Thalassia reimaginada por niñas y niños del Centro Mixto Álvaro Barba Machado.
“Estas acciones tienen gran valor no solo educativo, sino cultural para las comunidades costeras, porque no se puede amar lo que no se conoce” cuenta la educadora.
El proyecto Thalassia busca formar a las comunidades para que se conviertan en las primeras beneficiarias y custodias del recurso marino. Para lograrlo, el equipo realiza una labor educativa en otros dos sitios de intervención además de Playa Santa Lucía: Bahía Larga, en Santiago de Cuba y el Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo, en La Habana del Este.
Las acciones educativas buscan la participación activa de la comunidad en el cuidado de estos ecosistemas marinos
Amarilys Martínez Pérez, directora del Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo, regresa del mar junto al equipo de buceo con una recolecta de hojas de Thalassia.
“Todas las personas del área protegida hemos aprendido sobre el proceso de colecta, lavado, secado y molinado de la Thalassia”, comenta. Esta labor educativa es compartida también con niños, niñas y adolescentes que visitan el espacio y en las escuelas de la comunidad, donde aprenden a reconocer la planta y sus propiedades.
De este modo, el avance en el desarrollo de productos biofarmacéuticos derivados de la planta permitirá partir del reconocimiento en la cadena de valor de la contribución de las comunidades a su protección y cuidado.
Como sistematización de estas acciones, el proyecto ha desarrollado una guía metodológica para la implementación del Protocolo de Nagoya en el país, un recurso que pauta cómo se benefician las comunidades y como el beneficio puede revertirse en los ecosistemas por igual, a partir del uso sostenible del recurso.
Un futuro sostenible desde la comunidad
Mientras el proyecto trabaja en la certificación de los productos, avanza también en la construcción de alianzas estratégicas con sectores de las industrias farmacéuticas y cosméticas cubanas, además del emergente sector privado del país, donde el extracto de Thalassia podría convertirse en el principio activo de jabones, cremas y otros productos manufacturados.
Cuando las comunidades colectan la Thalassia mediante prácticas sostenibles y trabajan junto al personal científico por la conservación del ecosistema, las praderas de pastos marinos comienzan a obtener valor no solo como recurso de la biodiversidad, sino también como un espacio de aprendizaje mutuo y oportunidades de desarrollo local, con un enfoque de conservación y equidad en los beneficios.
Para la Dr. Idania Rodeiro, directora del proyecto Thalassia, esta sinergia es clave en la sostenibilidad de esas comunidades y el país: “Ese es el deseo que tenemos, que la localidad transforme la manera de ver, la manera de hacer de cara a este ecosistema, que es el medio de vida de la comunidad”.
El proyecto Thalassia trabaja en el reto de construir esa cadena de valor que permita el uso sostenible de este recurso genético en beneficio de las comunidades costeras.
También participan otras instituciones como la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA), el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales (IMRE), el Centro de Investigaciones Marinas (CIM) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) pertenecientes a la Universidad de La Habana, el Centro de Investigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (CIMAC), el Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BIOECO) y Laboratorios Farmacéuticos Oriente de BioCubaFarma.