Cómo la conservación de los manglares impulsa la paz y la seguridad
Raíces de resiliencia
20 de Julio de 2026
La restauración comunitaria de los manglares es una pieza clave de la estrategia de adaptación al cambio climático de Somalia.
Los manglares suelen ser reconocidos por su extraordinaria capacidad para almacenar carbono, proteger la biodiversidad y resguardar las costas frente a la erosión y los fenómenos meteorológicos extremos. Pero en regiones frágiles y afectadas por conflictos, también altamente vulnerables al cambio climático, ofrecen algo igual de esencial: una base para la seguridad humana.
A medida que el aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos agravan las amenazas existentes, la salud de los ecosistemas costeros suele determinar la estabilidad de las comunidades. Cuando estos ecosistemas colapsan, las consecuencias se multiplican. Disminuyen las poblaciones de peces, escasea el agua dulce y muchas personas pierden las tierras y los hogares que han pertenecido a sus familias durante generaciones debido a la erosión. La desesperación resultante alimenta la competencia y los conflictos por unos recursos cada vez más escasos, lo que puede derivar en violencia o forzar el desplazamiento de familias enteras.
Proteger los ecosistemas de manglar ofrece una poderosa vía para fortalecer la resiliencia. Cuando se restauran y gestionan de manera sostenible, los manglares sostienen las economías locales, fomentan la gestión colectiva del medio ambiente y reducen el riesgo de desplazamiento provocado por tormentas y el aumento del nivel del mar. Así, se convierten en una inversión clave para la paz y la estabilidad.
Restaurar los medios de vida, reconstruir la confianza
Para las comunidades costeras, unos manglares saludables son la base de la economía local. Sus densos sistemas de raíces funcionan como viveros naturales para la vida marina, sustentando tanto la pesca comercial como la artesanal. Cuando estos bosques costeros se degradan por los impactos del cambio climático, la contaminación o la sobreexplotación, las poblaciones marinas disminuyen rápidamente.
En contextos frágiles y afectados por conflictos, esta pérdida repentina de ingresos y seguridad alimentaria actúa como un multiplicador de amenazas. A medida que aumenta la desesperación, la competencia por unas zonas de pesca cada vez más reducidas se intensifica, desencadenando conflictos locales y provocando desplazamientos.
Casi el 30 % del territorio de Somalia está degradado. En el distrito costero de Jazeera, los manglares figuran entre los ecosistemas amenazados, poniendo en riesgo los medios de vida ligados a la pesca en un país que enfrenta una grave vulnerabilidad climática y décadas de inestabilidad.
Para hacer frente a esta situación, una alianza (enlace disponible en inglés) entre el Gobierno de Somalia y el Observatoire du Sahara et du Sahel (OSS), con el apoyo de la Alianza Aceleradora de las NBSAP (enlace disponible en inglés) coordinada por las Naciones Unidas, está restaurando los manglares mediante un modelo de gestión comunitaria. Un componente clave de la iniciativa consiste en rehabilitar zonas naturales dañadas por la guerra involucrando tanto a residentes como a personas desplazadas internamente. Trabajar codo a codo para proteger los manglares fomenta un sentido compartido de corresponsabilidad ambiental y fortalece la cohesión social en comunidades marcadas por la inestabilidad.
Al asegurar las cadenas locales de suministro de alimentos y reconstruir la confianza, estos esfuerzos de recuperación conjunta sientan las bases para una mayor resiliencia climática y una paz duradera.
Los esfuerzos de reforestación liderados por las comunidades están recuperando los manglares degradados y fortaleciendo la cohesión social en el distrito de Jazeera, en Somalia.
Mujeres que lideran la resiliencia y la gobernanza local
En las zonas que se recuperan de un conflicto, la degradación ambiental suele dejar a las comunidades más vulnerables con muy pocas formas legales de ganarse la vida. Cuando desaparecen los medios de vida tradicionales, muchas personas se ven sometidas a una enorme presión para recurrir a actividades ilícitas, como la tala ilegal o los cultivos ilícitos, simplemente para sobrevivir. Estas economías informales no solo aceleran la destrucción del medio ambiente, sino que también proporcionan recursos financieros que alimentan a los grupos extremistas violentos y perpetúan la violencia.
En el municipio de Tumaco, en la costa pacífica de Colombia, las comunidades han convivido durante años con el conflicto armado y la degradación de sus ecosistemas. Para las mujeres afrocolombianas conocidas como concheras, dedicadas tradicionalmente a la recolección de moluscos, la pérdida de los manglares supone una amenaza directa para su seguridad. A medida que disminuyen los recursos en los estuarios cercanos, se ven obligadas a internarse en zonas más aisladas y disputadas para recolectar moluscos, lo que incrementa considerablemente su exposición a grupos armados.
Para las mujeres que recolectan moluscos en la costa del Pacífico colombiano, la degradación de los manglares amenaza tanto su sustento como su seguridad.
Para ofrecer una alternativa segura y sostenible, el PNUD ha apoyado (enlace disponible en inglés) a la Asociación Raíces del Manglar, una organización comunitaria integrada por mujeres afrocolombianas dedicada a restaurar los estuarios locales. Mediante el establecimiento de viveros y la plantación de plántulas, han logrado restaurar 15 hectáreas de manglares degradados, permitiendo que la recolección de moluscos vuelva a realizarse de forma segura cerca de sus comunidades. En colaboración con instituciones gubernamentales como Corponariño y la Armada de Colombia, también se ha creado una Red de Guardianes del Manglar liderada por la propia comunidad para garantizar la protección a largo plazo de estos ecosistemas.
Situar a las mujeres en el centro de la gobernanza de los recursos naturales está revitalizando las economías locales basadas en la naturaleza y reduciendo al mismo tiempo el riesgo de violencia de género.
Integrantes de la Asociación Raíces del Manglar, una organización comunitaria liderada por mujeres en el municipio de Tumaco (Colombia) que trabaja para conservar los manglares.
Invertir en el futuro
En las islas del Pacífico, el cambio climático representa una amenaza existencial cotidiana. El aumento del nivel del mar, las tormentas cada vez más intensas y la erosión costera están transformando el litoral y poniendo en riesgo hogares, medios de vida y patrimonio cultural. Frente a estas crecientes presiones, los manglares saludables siguen siendo una de las barreras naturales más eficaces.
Para la población de la aldea de South Malaita, en las Islas Salomón, los manglares son fundamentales para sus medios de vida, ya que proporcionan madera, leña, alimentos procedentes de la pesca e incluso los propios frutos comestibles del manglar. Sin embargo, estos ecosistemas se enfrentan a amenazas derivadas de la contaminación, el desmonte y los desastres naturales. Ante esta situación, la comunidad de Angouru ha asumido (enlace disponible en inglés) el liderazgo de su conservación.
Con el apoyo (enlace disponible en inglés) del Programa de Pequeñas Donaciones del FMAM-PNUD, la Asociación para el Desarrollo Comunitario de Angouru (ACDA por sus siglas en inglés) ha creado un centro comunitario de investigación donde estudiantes e investigadores estudian los ecosistemas de manglar, documentan los conocimientos ecológicos tradicionales y desarrollan estrategias de conservación lideradas por la propia comunidad.
Al involucrar a la juventud, preservar los conocimientos indígenas y garantizar que las comunidades lideren las decisiones sobre la gestión de sus recursos naturales, la ACDA está formando una nueva generación de líderes comunitarios preparada para afrontar los riesgos climáticos.
ACDA lidera la restauración comunitaria de los manglares en la aldea de South Malaita, en las Islas Salomón.
El dividendo de paz de la naturaleza
Los manglares saludables constituyen una infraestructura natural que ayuda a las sociedades a hacer frente a múltiples riesgos interconectados. Al proteger los medios de vida, fortalecer los sistemas alimentarios, empoderar el liderazgo local y mejorar la gestión de los recursos naturales compartidos, abordan muchas de las causas profundas que pueden alimentar la inestabilidad y los conflictos. Su restauración demuestra que invertir en la naturaleza también es invertir en las personas: fomenta la cooperación en lugar de la competencia, la prevención en lugar de la respuesta a las crisis y la resiliencia a largo plazo en lugar de la recuperación constante, allanando el camino hacia un futuro más pacífico, seguro y sostenible.
Los manglares son esenciales para la vida y el sustento de comunidades de todo el mundo.