La historia de la vida silvestre es nuestra historia

2 de Marzo de 2026
Firefighter in yellow turnout gear sprays water on a brush fire amid smoke and burnt vegetation.

Bomberos protegiendo los humedales del Pantanal en Mato Grosso do Sul, Brasil (2024).

Foto: Fernando Faciole

Soy un fotoperiodista especializando en naturaleza, residente en São Paulo (Brasil) y colaborador y miembro Explorador de la revista National Geographic. Pero, mucho antes, mi relación con la vida silvestre empezó de una manera bastante más sencilla.

De pequeño pasaba largas temporadas con mi familia en una casa rodante en medio de la Mata Atlántica (ecosistema neotropical de alta biodiversidad que se extiende por la costa del Brasil, llegando al Paraguay y la Argentina). Recuerdo que guardaba renacuajos en un pequeño recipiente y los observaba todos los días, esperando el momento en que les empezaran a crecer las patas. Recuerdo ver a los escarabajos cruzar el suelo del bosque después de la lluvia y preguntarme cómo algo tan delicado como una mariposa podía comenzar su vida como una oruga. Esos momentos moldearon mi forma de observar. Esos períodos de tranquilidad me enseñaron a ser paciente y atento, y me hicieron comprender que la naturaleza no es algo ajeno a nosotros. Es algo a lo que pertenecemos. 

Beige canvas tent with open doorway; child sits on grass outside among trees.

Fernando Facioles pasó largos periodos de su infancia en la Mata Atlántica, lo que despertó su amor por la naturaleza.

Foto: Fernando Faciole

La fotografía comenzó a formar parte de mi vida cuando tenía unos 15 años. Empecé a llevar una cámara cuando iba a pescar con mi padre y esos viajes me permitieron conocer lugares increíbles, como la Amazonía brasileña. Mientras los demás estaban ocupados pescando, yo me quedaba absorto contemplando la luz que se elevaba sobre el río, atento al silencio del bosque al amanecer y la presencia de animales salvajes en las riberas. La cámara se convirtió en una herramienta de observación. Me enseñó a tomarme las cosas con calma y mirar con atención. 

No fue hasta más adelante que decidí estudiar biología. Quería comprender de manera más profunda lo que ya había comenzado a observar y fotografiar. Quería aprender cómo se sostienen los ecosistemas, cómo las especies dependen unas de otras y cuán frágil puede ser el equilibrio. La ciencia estructuró mi curiosidad y fortaleció mi sentido de la responsabilidad como narrador. 

Man walking away across an open field toward distant mountains, holding a camera.

Fernando Faciole, durante uno de sus trabajos en el lago Naivasha, Kenya (2022).

Foto: Fernando Faciole
Three people in a dense forest; man with backpack holds a camera while another in camouflage talks.

Fernando Faciole, durante un encargo en el bosque Eburru, Kenya (2022).

Foto: Fernando Faciole

En las primeras etapas de mi carrera como fotógrafo, lo único que quería era captar hermosos retratos de la vida silvestre, así como paisajes. Creía que la naturaleza misma era el centro de la narrativa. Pero pasar tiempo sobre el terreno cambió gradualmente esa perspectiva y poco a poco me convertí en un fotógrafo especializado en la conservación de la naturaleza, con el objetivo de revelar las capas más silenciosas que se esconden detrás de un retrato de la vida silvestre o un paisaje: las amenazas que rodean a esos ecosistemas, las comunidades locales que conviven con ellos, los investigadores que trabajan para encontrar soluciones y las complejas realidades que no se perciben a simple vista. Cuanto más trabajaba junto a las comunidades directamente afectadas por el cambio ambiental, más claro veía que no había historias de la naturaleza sin historias humanas asociadas a ellas. 

La deforestación no solo se refiere a la pérdida de bosques. Trata de derechos sobre la tierra, presión económica e identidad cultural. El cambio climático no solo se refiere al aumento de las temperaturas. Trata de desplazamiento, adaptación y supervivencia. La degradación del océano no solo se refiere a la decoloración de los arrecifes de coral. Trata de los sistemas alimentarios y los medios de vida costeros construidos a lo largo de generaciones. La ecología y la realidad humana son inseparables, y reconocer esa conexión cambia la forma en que comunicamos estas cuestiones. 

El Brasil encarna esta complejidad en forma permanente. Acogemos una biodiversidad extraordinaria: desde el bosque pluvial amazónico hasta la Mata Atlántica, desde el Cerrado hasta el Pantanal. Estos ecosistemas revisten importancia mundial, pero se enfrentan a una presión inmensa. La deforestación impulsada por los litigios por la tierra y la expansión económica, la minería ilegal, la intensificación de las sequías y los incendios en gran escala son titulares que nos resultan familiares. Son realidades visibles. En la Mata Atlántica solo queda una pequeña fracción del bioma original. En el Pantanal, la sequía extrema y los incendios forestales han transformado paisajes que antes parecían resilientes. 

Sin embargo, la historia no es solo de pérdidas. He visto a investigadores dedicar décadas a monitorear especies frágiles. He sido testigo de cómo las comunidades locales crean soluciones con recursos limitados, aunque con determinación extraordinaria. Hay urgencia, pero también hay resiliencia. 

Vivimos en un momento en que las imágenes circulan incesantemente. Las fotografías se mueven velozmente por las pantallas y desaparecen con la misma rapidez. El desafío no es producir más elementos visuales, sino crear significado. Una imagen puede captar la atención por un momento, pero una historia le da profundidad. 

Cuando las cuestiones ambientales se comunican solo mediante estadísticas, entendemos la escala. Los gráficos y las metas son esenciales para las políticas y los acuerdos internacionales. Pero las cifras por sí solas rara vez mueven a la gente a actuar. Lo hacen las historias. Cuando la pérdida de biodiversidad se entiende por medio de la experiencia vivida por alguien que protege su territorio, se convierte en algo personal. Cuando la escasez de agua se percibe a través de la adaptación de una familia a un río cambiante, se hace tangible. Cuando el ecologismo se describe como una colaboración entre científicos, comunidades y líderes locales, se vuelve humano.

Photograph of a person in teal scrubs walking a small dog on a leash down a clinic hallway.

Una cría de oso hormiguero gigante sigue a su cuidador después de la última alimentación del día, cuando se les anima a ejercitarse en su centro de rehabilitación.

Foto: Fernando Faciole

La representación conlleva responsabilidad. Las personas vinculadas a los ecosistemas no son víctimas pasivas. Poseen conocimientos, toman decisiones y participan activamente en la búsqueda de soluciones. La forma en que los percibimos influye en la manera en que la ciudadanía entiende la responsabilidad y la capacidad de actuación. 

A lo largo de los años, mi trabajo me ha llevado a más de 30 países de todos los continentes. Diferentes ecosistemas y culturas, pero siempre la misma verdad. La vida silvestre no es ajena a las personas. Los bosques sanos regulan el clima y aseguran las fuentes de agua. Los polinizadores sustentan los cultivos. Los humedales y los manglares amortiguan las tormentas. El océano alimenta a las comunidades. Cuando los ecosistemas colapsan, las consecuencias van mucho más allá de determinadas especies. 

La vida silvestre es importante porque mantiene el equilibrio del que depende toda la vida. Protegerla no es solo preservar la belleza o impedir la extinción. Es salvaguardar la estabilidad y las oportunidades para las generaciones futuras. 

En el Día Mundial de la Vida Silvestre, pienso en aquel niño que observaba renacuajos en la Mata Atlántica y en aquel adolescente que fotografiaba el Amazonas al amanecer. La preocupación era algo natural porque provenía de la proximidad y de la experiencia vivida. 

La magnitud de la crisis a la que nos enfrentamos es innegable. Las poblaciones de especies disminuyen, los ecosistemas están bajo presión y la crisis climática intensifica las vulnerabilidades. Pero también queda margen para la esperanza. He visto esfuerzos de restauración que funcionan. He visto paisajes que empiezan a recuperarse. He visto a personas jóvenes elegir carreras relacionadas con la ecología porque creen que el cambio es posible. 

Así, en este Día Mundial de la Vida Silvestre, mi mensaje es sencillo: no se rindan. Todavía quedan bosques en pie. Todavía hay comunidades que protegen lo que queda. La historia de la vida silvestre no está separada de la historia de la humanidad. Es la misma historia, y la forma en que decidimos contarla determina la forma en que decidimos actuar. Y la forma en que actuemos determinará lo que queda. 

Photograph: A man on a green truck speaks to children in traditional dress outdoors.

Fernando Faciole fotografiando a la comunidad Pokot en Laikipia, Kenya (2022).

Foto: Fernando Faciole

Sobre Fernando Faciole

Fernando Faciole es miembro Explorador 25' de la revista National Geographic en narrativa, biólogo y fotógrafo especializado en conservación de la naturaleza; es original de São Paulo (Brasil), con doble nacionalidad brasileña e italiana. Faciole forma parte de la International League of Conservation Photographers (iLCP), de la que fue el brasileño más joven en incorporarse a esa prestigiosa red y apenas el tercero de su país en integrarla.

Desde fotografiar flamencos en cautividad en la República Dominicana hasta captar la devastadora sequía y los incendios forestales en los humedales del Pantanal en el Brasil, o relatar la historia de los cangrejos en una de las islas más remotas de la tierra, sus imágenes han sido publicadas por destacados medios como las revistas National Geographic y BBC Wildlife. La narrativa de Faciole le ha valido el reconocimiento internacional, incluidos el Impact Award en el Wildlife Photographer of the Year 2025, el Public Award del Environmental Photography Award (2024 y 2025), el Panda Award en el Wildscreen Festival (2022) y un puesto en la lista Forbes de menores de 30 años influyentes del Brasil (2024).

Actualmente está documentando el armadillo gigante (Priodontes maximus), en peligro de extinción, en el Parque Estatal de Río Doce de la Mata Atlántica (Brasil), en colaboración con investigadores del Instituto de Conservação de Animais Silvestres (ICAS), destacando los desafíos de la conservación y los esfuerzos para proteger esta especie clave.

Puedes conocer más sobre su trabajo en https://www.fernandofaciole.com/es y puedes seguirlo en Instagram: @fernando.faciole.