La recuperación de Nepal requerirá solidaridad, colaboración y un compromiso sostenido a largo plazo
"Lo que sucede en las montañas, no se queda en las montañas"
17 de Septiembre de 2026
Aunque la emergencia comienza a remitir en algunas zonas de Nepal, la crisis está lejos de haber terminado para muchas familias.
La catástrofe que se ha producido en las montañas de Nepal ha dejado un rastro de destrucción. Han muerto más de 1.400 personas, hay más de 6.000 desaparecidas y grandes zonas se enfrentan a un largo camino hacia la recuperación. Las estimaciones iniciales indican que habrá que reconstruir unas 7.500 edificios y que el costo de la reconstrucción y la rehabilitación podría ser de 4.000 a 5.000 millones de dólares de los Estados Unidos (USD). Sin embargo, el impacto de las inundaciones va mucho más allá de los daños inmediatos. Desde el PNUD, nuestra evaluación muestra que tres cuartas partes de las personas afectadas ya vivían en condiciones de vulnerabilidad, lo que pone de manifiesto la forma en que las crisis climáticas pueden agravar la pobreza y la desigualdad existentes. Conversamos con Kyoko Yokosuka, la Representante Residente de nuestra oficina en Nepal, sobre los retos que se avecinan, qué se necesitará para reconstruir de forma más segura y sólida, y por qué invertir en la resiliencia del Himalaya trasciende en gran medida las fronteras del país.
¿Qué se observa hoy en Nepal, semanas después de las inundaciones?
Si bien la emergencia inmediata podría estar remitiendo en algunas zonas para muchas familias la crisis dista mucho de haber finalizado.
Las comunidades han perdido seres queridos, viviendas, cosechas, ganado y pequeñas empresas. Las inundaciones arrasaron con carreteras, puentes, edificios y casas. Centros comerciales locales como Timure y Syafrubesi, y localidades históricas como Trisuli y Betrawati han quedado sepultados bajo los sedimentos. Muchas personas también han perdido documentos importantes, como tarjetas de identidad, pasaportes, títulos de propiedad y otros documentos que necesitarán para reconstruir sus vidas.
Las inundaciones se produjeron en un momento especialmente difícil. Para muchos hogares rurales, esta es una época importante para su medios de vida y sus ingresos, y también coincidió con un período crítico de siembra para los agricultores. La pérdida de tierras, cosechas y ganado, sumada a la falta de acceso a los mercados, puede empujar a familias ya de por sí vulnerables a la deuda y la pobreza.
Las comunidades nos dicen que quieren recuperarse, reconstruir sus hogares, restablecer sus pequeñas empresas y que se rehabiliten los servicios esenciales. Una de las lecciones más claras que nos transmiten los desastres en todo el mundo es que la recuperación no puede esperar. Debería llegar a las familias afectadas de forma rápida, justa y transparente, prestando especial atención a las más vulnerables, para mejorar sus posibilidades de recuperarse y evitar la trampa a largo plazo de la dependencia de la ayuda humanitaria. Por eso, los esfuerzos humanitarios y de recuperación deben avanzar simultáneamente.
En la práctica, ¿qué significa la recuperación en la práctica?
La recuperación es mucho más que la reconstrucción de la infraestructura dañada.
Cosiste en ayudar a las personas a recuperar sus medios de vida, reactivar las economías locales, restablecer los servicios esenciales y garantizar que las comunidades puedan avanzar con dignidad y esperanza.
Esto supondrá retirar al menos 2,2 millones de toneladas de escombros y sedimentos, reparar carreteras y puentes, restablecer mercados y servicios, prestar apoyo a los agricultores y a las pequeñas empresas, y fortalecer la capacidad de los gobiernos locales que encabezan las iniciativas de respuesta. También debemos garantizar que las mujeres y las niñas participen de forma activa y velar por que la recuperación se lleve a cabo con ellas y para ellas.
La recuperación también ofrece una oportunidad. No deberíamos limitarnos simplemente a reconstruir lo anterior. Deberíamos aspirar a reducir los riesgos futuros y crear comunidades más fuertes, seguras y resilientes. Cada puente reconstruido, cada carretera reparada y cada inversión realizada deberían ayudar a las comunidades a hacer frente a futuras crisis.
Una recuperación efectiva pasa por ayudar a las personas a volver a tener medios de vida, reactivar las economías locales y restablecer los servicios esenciales.
¿Qué nos enseña este desastre sobre los riesgos climáticos a los que se enfrenta Nepal?
Nos recuerda que Nepal se encuentra en primera línea frente al cambio climático, y también muestra la complejidad de los riesgos a los que se enfrentan los países montañosos.
La región del Hindu Kush-Himalaya se está calentando a mayor velocidad que la media mundial. El aumento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares y modificando los patrones meteorológicos. Sin embargo, el cambio climático es solo una parte del problema. El terreno escarpado de Nepal, su frágil geología y sus ecosistemas de montaña altamente dinámicos hacen que hasta los cambios más pequeños puedan tener consecuencias significativas.
Lo que estamos observando es la interacción de múltiples riesgos. Las lluvias más intensas, las condiciones ambientales cambiantes, las laderas inestables y los factores geológicos pueden combinarse de forma que aumenten la probabilidad y el impacto de los desastres.
Los científicos y las comunidades de toda la región llevan años advirtiendo sobre estas tendencias. Este desastre nos recuerda que la adaptación al cambio climático y la reducción del riesgo de desastres no pueden considerarse retos para el futuro. Son prioridades urgentes del presente.
Apoyar la recuperación de Nepal es invertir en un país que ha demostrado una y otra vez su capacidad para adaptarse, innovar y salir adelante ante desafíos extraordinarios.
¿Por qué debería importarles a las personas fuera de Nepal lo que está sucediendo en el Himalaya?
Debería importarles porque lo que está sucediendo en el Himalaya guarda relación principalmente con las personas.
En todo Nepal, las comunidades conviven con los efectos cada vez mayores del cambio climático, a pesar de haber contribuido muy poco a provocarlo. Sin embargo, lo que veo día a día no es solo vulnerabilidad, sino también resiliencia, innovación y determinación. El país cuenta con una población joven, un profundo conocimiento local y un firme compromiso con la búsqueda de soluciones.
Por lo tanto, prestar apoyo a la recuperación de Nepal no es simplemente un acto de solidaridad. Es una inversión en un país que ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad de adaptarse, innovar y generar resiliencia ante retos extraordinarios.
Naturalmente, lo que está en juego va mucho más allá de Nepal. La región del Hindu Kush-Himalaya se conoce a menudo como el «Tercer Polo» del mundo, ya que alberga la mayor concentración de hielo fuera del Ártico y la Antártida. Sus ríos proporcionan agua, alimentos, energía y medios de vida a casi dos mil millones de personas en toda Asia. Estas montañas también forman parte del sistema de refrigeración natural del planeta, ya que ayudan a regular los patrones meteorológicos mucho más allá de la región.
Lo que sucede en las montañas de Nepal no se queda en las montañas de Nepal; afecta a comunidades, economías y ecosistemas de toda la región.
La recuperación implicará retirar al menos 2,2 millones de toneladas de escombros y sedimentos, reparar carreteras y puentes, reactivar los mercados y restablecer los servicios, así como apoyar a agricultores y pequeñas empresas.
¿Qué más debe hacerse para reducir riesgos futuros?
Sabemos que la prevención y la preparación salvan vidas.
Esto implica invertir en sistemas de alerta temprana más sólidos, servicios de información climática, una infraestructura resiliente, una planificación basada en el riesgo y una mejor vigilancia de los entornos montañosos. También implica apoyar a las comunidades locales, que siempre son las primeras en intervenir cuando se produce un desastre.
Deberíamos seguir reconstruyendo de forma más segura, aplicando las lecciones aprendidas de este desastre para que la reconstrucción y el desarrollo futuro reduzcan los riesgos de desastre y no que los generen.
Nepal ya ha demostrado que las inversiones selectivas pueden marcar la diferencia. Las iniciativas para reducir los riesgos relacionados con los lagos glaciares, fortalecer la preparación de las comunidades y ampliar los sistemas de alerta temprana han ayudado a proteger vidas y medios de subsistencia. Sin embargo, la magnitud del reto implica que ahora es necesario acelerar y ampliar estas iniciativas.
La cooperación regional también es esencial. Los riesgos en la región del Hindu Kush-Himalaya no terminan en las fronteras nacionales. Los países deben compartir datos científicos, información de vigilancia y lecciones aprendidas para comprender mejor los riesgos emergentes y fortalecer los sistemas de alerta temprana.
Proteger este frágil ecosistema montañoso requerirá más investigación, cooperación, inversión y medidas oportunas. Los costos de la inacción serán, en última instancia, muy superiores a los de la prevención.
¿En qué consiste el apoyo del PNUD ahora que las comunidades comienzan a recuperarse?
Nos centramos en ayudar a las comunidades a pasar del socorro a la recuperación.
Lo primero es comprender el alcance total de los daños y apoyar la planificación de la recuperación impulsada por el Gobierno. También queremos ayudar a los gobiernos locales a restablecer los servicios y las instalaciones.
Para muchas familias, la recuperación significa volver a trabajar lo antes posible. Por eso estamos analizando iniciativas como los programas de remoción de escombros, que pueden ayudar a restablecer el acceso y, al mismo tiempo, crear oportunidades de ingresos para las personas que han perdido sus medios de vida.
Al mismo tiempo, la recuperación debe orientarse al futuro. A medida que se reparan las riberas de los ríos, las carreteras y otra infraestructura, queremos asegurarnos de que las comunidades puedan reconstruirse de forma más segura y resiliente frente a futuras inundaciones y corrimientos de tierras. La recuperación no consiste solo en restaurar lo que se ha perdido, también reside en ayudar a las comunidades a adquirir mayor fuerza y estar mejor preparadas para los riesgos que se avecinan.
Proteger el frágil ecosistema de montaña de Nepal requerirá más investigación, cooperación e inversión, además de actuar con rapidez y a tiempo.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a la comunidad internacional?
La recuperación de Nepal requerirá solidaridad, colaboración y un compromiso a largo plazo.
El mundo suele centrarse en las consecuencias inmediatas de un desastre. Sin embargo, el verdadero reto comienza cuando las cámaras se marchan y las comunidades se enfrentan al largo proceso de reconstrucción. Nepal necesita ayuda humanitaria hoy, pero también requerirá inversiones sostenidas en recuperación, resiliencia y adaptación al cambio climático.
Al mismo tiempo, este desastre transmite un mensaje más amplio. Nepal lleva mucho tiempo abogando por una mayor atención internacional a los retos únicos a los que se enfrentan los países montañosos y la región del Hindu Kush-Himalaya. Esta tragedia subraya la urgencia de esa agenda. Lo que ocurre en las montañas no queda en las montañas. Los cambios en los glaciares, los sistemas hídricos y los frágiles ecosistemas montañosos pueden tener consecuencias de gran alcance para millones de personas río abajo y más allá de las fronteras.
Abordar estos riesgos exigirá algo más que una simple respuesta ante los desastres. Requerirá una mayor inversión en investigación, vigilancia y soluciones prácticas de reducción del riesgo, así como una cooperación regional e internacional más sólida para compartir datos, conocimientos y experiencia.
Por lo tanto, la recuperación debe ir más allá de la reconstrucción de la infraestructura. Debe ayudar a las comunidades a prepararse para un futuro en el que los riesgos relacionados con el clima serán cada vez más frecuentes y graves. Este desastre no debe considerarse un hecho aislado. Es una advertencia sobre las crecientes presiones a las que se enfrentan las regiones montañosas de todo el mundo y un llamamiento a actuar a tiempo antes de que los costos, tanto humanos como económicos, sean aún mayores.