Anticiparse al futuro

Reforzar la capacidad de actuar en la era de la adopción de la IA

El año 2026 se perfila como un punto de inflexión de la forma en que el mundo responde a la inteligencia artificial (IA). 

La Cumbre sobre el Impacto de la IA celebrada en la India, la Conferencia de Hamburgo sobre Sostenibilidad, el primer Diálogo mundial sobre la gobernanza de la IA de las Naciones Unidas, la Cumbre Mundial "IA para el bien", el Foro de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), Digital@UNGA 2026 y el Diálogo Mundial de la ONU sobre la Gobernanza de la IA en Suiza, tienen lugar en un momento en el que se están estableciendo las condiciones para la adopción de la IA. 

Lo que importa ahora es si la cooperación mundial puede traducirse en un apoyo concreto para los países que necesitan herramientas, normas e infraestructura que beneficien a todas las personas, y no solo a las privilegiadas. 

La IA se generaliza

En tan solo tres años, la IA generativa ha alcanzado un nivel de adopción mundial superior al 50 %, lo que Internet o los computadores personales lograron en períodos mucho más largos. En el primer trimestre de 2026, el uso de la IA generativa había alcanzado el 17,8 % de la población mundial en edad de trabajar, frente al 16,3 % registrado en la segunda mitad de 2025. 26 economías registran ahora un uso de la IA generativa superior al 30 % entre los adultos en edad de trabajar. 

 

Velocidad de adopción de la IA por tecnología

Fuente: The Project on Workforce de Harvard, 2025 | Gráfico: Informe AI Index 2026

El uso ha alcanzado el 27,5 % en el Norte Global y el 15,4 % en el Sur Global, y la brecha se está ampliando. Se estima que hay 50 veces más usuarios de ChatGPT en los países de ingresos altos que en los de ingresos bajos. Menos de 1 de cada 5 trabajadores de países de ingresos bajos está expuesto a la IA. 

×50
más usuarios de ChatGPT en los países de ingresos altos que en los países de ingresos bajos

Fuente: Data360 del Banco Mundial

1 de cada 5
trabajadores en los países de ingresos bajos está expuesto a la IA

Fuente: Data360 del Banco Mundial

Sin embargo, estas cifras aún no nos dicen lo suficiente sobre quién determina las condiciones en las que la IA ingresa en las economías y las instituciones. 

La trayectoria de la IA no está predeterminada. Las decisiones que se tomen hoy en materia de datos, infraestructura, gobernanza, competencias, adquisiciones y supervisión pública determinarán si la IA amplía las oportunidades y la capacidad de actuación humana o refuerza las desigualdades existentes.  

Precisamente este es el punto de inflexión: el momento en que la IA pasa de ser un tema de debate de vanguardia para integrarse en las instituciones, los servicios, los mercados, la infraestructura, los sistemas de datos y las decisiones cotidianas. 

La cuestión ya no es simplemente a qué ritmo se extiende la IA, sino quién influye en cómo se utiliza y quién se beneficia de su adopción. 

Ampliar las opciones

Guiar la inteligencia artificial hacia la equidad y nuestro Informe sobre Desarrollo Humano 2025, “Un llamado a decidir: personas y posibilidades en la era de la inteligencia artificial”, han situado a las personas en el centro de lo que podría ser una de las transiciones más profundas de nuestras vidas. 

La IA puede fomentar el desarrollo cuando los países cuentan con las bases necesarias para adaptarla a sus necesidades. Los datos determinan si los sistemas reflejan a las personas a las que deben servir, y a sus lugares, idiomas y realidades.  

Desde el PNUD, las conclusiones que extraemos de los distintos países revelan una realidad concreta: en muchos lugares, la IA está incorporándose a las instituciones a través de plataformas de software, decisiones sobre adquisición, herramientas de proveedores y el uso cotidiano, antes de que se hayan implantado plenamente los sistemas necesarios para coordinarla, regularla, evaluarla y sostenerla. 

Cuando esas bases son sólidas, la IA puede ayudar a los gobiernos a mejorar los servicios públicos, crear empleo decente y generar nuevas oportunidades. 

La capacidad de actuación no implica una autosuficiencia tecnológica plena. Para muchos países, el objetivo práctico es desarrollar capacidades nacionales suficientes para tomar decisiones informadas y estratégicas dentro de un ecosistema global de la IA marcado por la interdependencia.

Collage of students and a teacher helping in a classroom with tablets and laptops.

Nuestro enfoque

En el PNUD consideramos que la transformación digital y de la IA son aceleradores fundamentales para el desarrollo. Así lo reflejamos en nuestro Plan Estratégico 2026-2029. 

A lo largo de nuestra labor en más de 170 países y territorios, observamos cada vez más que la IA está evolucionando de un diálogo tecnológico a un reto de implementación y de sistemas. Los resultados que genera la IA no solo dependen de la tecnología en sí misma, sino también de las instituciones, los mecanismos de gobernanza, los ecosistemas de datos, el talento, la financiación y la infraestructura pública digital que la rodean. 

Por ello, estamos ayudando a los países a comprender la IA, las opciones que ofrece y las bases necesarias para que sea segura, inclusiva y útil para todas las personas. 

La iniciativa AI Sprint respalda más de 60 intervenciones en más de 40 países, entre las que se incluyen evaluaciones del panorama de la IA, estrategias nacionales de IA, apoyo a la confianza y la seguridad, ecosistemas en idiomas locales, apoyo a la gobernanza y creación de capacidad del sector público. 

Por medio de las evaluaciones del panorama de la IA, desde el PNUD ayudamos a los países a comprender la forma en que esta tecnología puede contribuir a las prioridades nacionales de desarrollo y qué bases se necesitan para lograrlo. En Malawi, la evaluación vinculó las oportunidades que ofrece la IA con las bases prácticas necesarias para una adopción responsable, entre ellas la gestión de datos, las competencias, la capacidad informática y la realización de pruebas seguras. En Guatemala, la evaluación respaldó los esfuerzos del Gobierno para evaluar tanto el potencial de la IA como las cuestiones más complejas relacionadas con su regulación. 

En algunas naciones, esta labor se integra directamente en las estrategias nacionales. En Mauricio, ayudamos al Gobierno a organizar una consulta con múltiples partes interesadas que trazó una hoja de ruta práctica para la adopción de la IA en sectores prioritarios. En Zimbabwe y Ghana, apoyamos la elaboración de la estrategia nacional de la IA que se combinó con formación práctica para ayudar a los funcionarios públicos a implementar las políticas. 

El lanzamiento de la Estrategia Nacional de la IA y de las Directrices FAIR de Mauricio marca un hito clave en la construcción de un ecosistema ético, inclusivo y centrado en las personas.

Foto: PNUD Mauricio / Stephane Bellerose

En otros lugares, nuestro apoyo ha abordado retos específicos en distintos contextos. En el Ecuador, trazamos una hoja de ruta para un modelo de regulación de la IA. En Rwanda, nuestro apoyo en materia de confianza y seguridad en esta tecnología puso de manifiesto la necesidad de una coordinación institucional más clara en torno a los riesgos y el crecimiento de la IA. En Trinidad y Tabago, las adquisiciones surgieron como un medio práctico para orientar la adopción de esta tecnología en un entorno en rápida evolución. 

Si bien el discurso convencional sobre la IA se centra en las herramientas, los modelos y la infraestructura, un obstáculo poco reconocido para el impacto positivo de esta tecnología en la administración pública es la capacidad humana. Un país puede contar con una infraestructura de datos de última generación y una estrategia nacional de IA, pero aun así no lograr poner en práctica ninguna de las dos, porque los funcionarios con poder de decisión carecen del lenguaje conceptual, la perspectiva crítica o la experiencia práctica necesarios para gestionar, encomendar o implementar esta tecnología de forma responsable. Precisamente nuestra labor zanja esa brecha. La mayor parte de las iniciativas de creación de capacidad en materia de IA para la administración pública se limitan a una sensibilización superficial. Desde el PNUD estamos construyendo algo más ambicioso: trabajadores capaces de formular las preguntas adecuadas a la IA, diseñar conjuntamente aplicaciones responsables y liderar la transformación institucional desde dentro. 

También estamos estudiando las formas en que la IA puede contribuir a abordar retos concretos del desarrollo, desde fortalecer la coherencia de las políticas en Indonesia y combatir las estafas digitales hasta mejorar la acción anticipatoria, la respuesta en casos de desastre y la planificación de la resiliencia en contextos de crisis y fragilidad

Además, en el PNUD estamos contribuyendo a crear alianzas entre múltiples partes interesadas en torno a la IA responsable a nivel mundial. A través de la Declaración de Hamburgo sobre Inteligencia Artificial Responsable para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, presentada en 2025, apoyamos a una coalición cada vez mayor comprometida con la aplicación de esta tecnología de manera responsable en la práctica. La iniciativa demuestra cómo las alianzas entre múltiples partes interesadas pueden ayudar a impulsar la adopción de una IA inclusiva, fortalecer la rendición de cuentas y movilizar la acción colectiva en torno a objetivos de desarrollo comunes. 

Por medio del Centro de la IA para el Desarrollo Sostenible, respaldado por el G7, y el cual codirigimos junto al Ministerio de Empresas y Made in Italy, estamos replanteándonos las alianzas globales de esta tecnología e impulsando los ecosistemas locales con África. Centrada en liberar recursos para el presente y sentar las bases para el futuro, esta labor se desarrolla en 18 países socios y con la reafirmación por los socios del G7 de su compromiso con la adopción, en mayo de 2026, de la Declaración Ministerial del G7 sobre Tecnología y el Ámbito Digital bajo la presidencia francesa del G7.  

Desde el PNUD también desempeñamos un papel destacado en el fomento de la cooperación internacional sobre la IA en el Sistema de las Naciones Unidas. A través de nuestro liderazgo en la colaboración interinstitucional, el diálogo sobre políticas y las iniciativas de creación de capacidad, contribuimos a vincular los debates sobre la gobernanza mundial de la IA con las necesidades prácticas de los países, traduciendo los marcos y principios emergentes en soluciones, orientación y apoyo que los gobiernos pueden aplicar en la práctica. 

Este respaldo incluye la promoción de enfoques comunes en materia de preparación para la IA, gobernanza, creación de capacidad institucional e intercambio de conocimientos, al tiempo que contribuye a mecanismos globales emergentes, como el Centro de Recursos de la IA de las Naciones Unidas, cuyo objetivo es mejorar el acceso a conocimientos especializados, herramientas y aprendizaje para todos los países y socios. 

Análisis del impacto de la IA en las personas

Las instituciones no pueden regular lo que no pueden ver. 

A medida que la IA se va integrando en los servicios públicos, las finanzas, los ecosistemas de información y los procesos administrativos, los riesgos se acercan cada vez más a la vida de las personas. Las estafas basadas en la IA, los sesgos algorítmicos, la explotación de datos y la información errónea debilitan la confianza de la ciudadanía. Un sistema defectuoso puede retrasar el pago de una prestación de protección social, interpretar erróneamente la identidad de una persona, excluir a alguien de un servicio, distorsionar la información pública o dificultar la comprensión y el cuestionamiento por las personas de las decisiones que las afectan.  

Esto se aprecia especialmente en los pequeños Estados insulares en desarrollo y en otros países con recursos limitados. A menudo muestran antes y con mayor claridad lo que enfrentarán muchos países a medida que aumenta la adopción de esta tecnología. 

Three overlapping brochures with a group photo on the front, set against blue-green gradient backgrounds.

La mayoría de los países no desarrollarán modelos de IA de vanguardia. Aun así, seguirán siendo responsables del impacto que estos sistemas tengan en su población. Muchos dependerán de tecnologías diseñadas o reguladas en otros lugares, y optimizadas para contextos diferentes.

Por eso es necesario integrar la confianza y la seguridad en la IA desde el principio. Las naciones necesitan formas prácticas de plantear mejores preguntas antes de adoptar los sistemas, supervisar el funcionamiento de las herramientas, reaccionar cuando algo sale mal y garantizar que las personas puedan cuestionar o corregir los resultados.  

La gobernanza se plasma en las decisiones cotidianas sobre qué adquieren los gobiernos, cómo utilizan los datos los servicios públicos, cómo se exige la rendición de cuentas de los proveedores de tecnología y si las personas saben a quién acudir cuando un sistema basado en la IA las afecta de forma injusta. 

¿Qué da margen de maniobra a los países?

El acceso a la IA no equivale a la capacidad de actuación respecto de cómo se adopta, adapta y utiliza. 
 

El idioma es uno de los ejemplos más claros. De los más de 7.000 idiomas que existen, la IA es compatible, en la práctica, con menos de 100. La mayoría de los idiomas africanos y muchos de los de Asia Meridional y Sudoriental, del Pacífico y de comunidades indígenas siguen estando infrarrepresentados

Esto significa que las personas pueden disponer de herramientas de IA sin obtener ningún beneficio de ellas. Los sistemas pueden malinterpretar las necesidades, pasar por alto los conocimientos locales o dejar a las comunidades al margen de los servicios digitales de próxima generación y de las oportunidades económicas. 

La inclusión lingüística guarda relación con la visibilidad de las comunidades. También requiere que se beneficien las personas cuyos conocimientos, idioma y datos hacen posible una IA mejor. 
 

Idioma e IA
<100
de las +7.000 lenguas del mundo cuentan con un soporte efectivo de la IA.
Cada punto ≈ 100 lenguas
Con tecnología IA

Lo mismo ocurre en otros ámbitos fundamentales. Los datos, la capacidad de cálculo, el talento, la gobernanza, la infraestructura pública digital, la confianza y la seguridad, así como la capacidad institucional, no son meros elementos técnicos. Estos factores determinan las opciones de que disponen los gobiernos, los innovadores, las instituciones públicas y las comunidades.  

Un país puede disponer de IA y, aun así, tener un margen limitado para influir en cómo se utiliza. 

La capacidad de actuación se crea cuando los países logran conectar las necesidades públicas, la capacidad local, las alianzas de confianza, las salvaguardias y la capacidad de implementación práctica. 

El futuro de la IA puede depender tanto de acercar la inteligencia a los usuarios y las comunidades como de construir sistemas centralizados más grandes.  

Anticiparse al futuro

El futuro de la IA sigue siendo incierto. Pero ya se está configurando en los ámbitos en los que las personas aprenden, trabajan, acceden a servicios, se ganan la vida, participan en la vida pública y responden a las crisis. 

La IA no impulsará por sí sola el desarrollo humano. Ello dependerá de que los países cuenten con las bases necesarias para utilizar bien esta tecnología, con instituciones que la regulen de forma responsable, con los sistemas para crear valor local y adaptarse a las necesidades locales, y con las salvaguardias para proteger a las personas cuando los sistemas fallen. 

Anticiparse al futuro significa prestar atención a lo que la adopción de la IA ya nos está mostrando y ayudar a los países a actuar antes de que las decisiones que se tomen hoy sean más difíciles de cambiar. 

Las señales ya son visibles. La cuestión no es solo quién tiene acceso a esta tecnología, quién la desarrolla o a qué velocidad avanza, sino garantizar que las personas y los países tengan la capacidad de decidir e influir en lo que vendrá después.