Planificar, adaptarse, re-construir: Resiliencia urbana en La Habana, Pinar del Río y Artemisa
3 de Junio de 2026
Con apoyo del Dirección General de Operaciones de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea, actores clave para en la respuesta ante desastres han recibido recursos y capacitaciones para facilitar la resiliencia urbana en tres territorios del país afectados por desastres o con vulnerabilidades eventos futuros.
Asegurar una respuesta eficiente ante desastres e incrementar la resiliencia de las ciudades mediante el fortalecimiento de capacidades de preparación del sector vivienda y planeamiento urbano, ha sido el enfoque central del trabajo desarrollado por el proyecto Resiliencia Urbana en las provincias de La Habana, Pinar del Río y Artemisa.
Esta iniciativa de colaboración ha sido implementada por los gobiernos de esas tres provincias, con acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) en Cuba y la contribución de la Dirección General de Operaciones de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (DIPECHO). Además, ha contado con el apoyo metodológico del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil (EMNDC).
En La Habana, con foco en la respuesta ante los peligros de derrumbe y la reducción de sus impactos en las vidas de las personas, el proyecto Resiliencia Urbana promovió la consolidación del enfoque de riesgos urbanos en instrumentos de planificación de la ciudad, con énfasis en el tratamiento de la vulnerabilidad estructural de las edificaciones.
En particular, impulsó la integración del enfoque de riesgos urbanos en el Plan Estratégico de la Vivienda de La Habana Vieja y el Plan de Ordenamiento Urbano del mismo municipio; así como la incorporación de la dimensión de riesgo tecnológico asociado al colapso de edificaciones en los estudios de prevención de riesgos de desastres.
Clara Susana Fernández Rodríguez, arquitecta especialista del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, destacó que la incorporación de ese enfoque en la estrategia de la vivienda de La Habana Vieja permite atender los riesgos y vulnerabilidades desde una mirada más estratégica e integral, que involucra a diversos actores del municipio y líneas de acción que recogen de manera articulada la problemática del riesgo diagnosticada.
Mediante la dotación de equipamiento especializado, el proyecto resiliencia Urbana apoyó la consolidación de las capacidades operativas de la Empresa de Servicios de la Construcción (SECONS) para el desarrollo de intervenciones constructivas de prevención. Entre esos equipos se incluyen una grúa de 30 toneladas para demoliciones e izaje y equipamiento para el diagnóstico técnico de edificaciones que permite agilizar estos procesos. Esos insumos han facilitado 693 intervenciones de emergencia en La Habana, como base de acciones de prevención del colapso de edificaciones.
Rolando Cabrera, especialista al frente de la Dirección de Demoliciones de SECONS, destacó el valor del equipamiento especializado para acciones de respuesta inmediata. Explicó que estos medios, junto con las competencias técnicas del personal, permiten desbloquear accesos y asegurar con apuntalamiento el paso en estructuras colapsadas, en articulación con las brigadas de rescate y salvamento.
Asimismo, resaltó que disponer de equipamiento para el diagnóstico técnico inmediato de las edificaciones reduce tiempos de respuesta, al evitar depender de evaluaciones externas para iniciar acciones que requieran inmediatez.
Resiliencia Urbana trabajó en el fortalecimiento de capacidades de rescate y salvamento, por lo que fueron capacitados 216 rescatistas del cuerpo de bomberos y 66 personas voluntarias de la Cruz Roja, siguiendo las recomendaciones del Mecanismo Europeo de Protección Civil. Además, el Comando 1 de bomberos de La Habana Vieja recibió equipos de intervención rápida ante situaciones de emergencia.
También se desarrolló una labor de preparación comunitaria, que permitió capacitar a 3 420 personas en La Habana en temas como prevención ante derrumbes, rutas de evacuación, primeros auxilios y vivienda saludable.
Giovani Leal Luque, especialista del departamento de prevención de la Unidad de Promoción y Prevención de Enfermedades del Ministerio de Salud Pública (Prosalud), explicó que este trabajo incluyó acciones con niñas, niños y adolescentes para ayudarles a identificar vulnerabilidades en sus viviendas, reconocer cómo proteger su salud ante accidentes y saber a dónde acudir en caso de emergencia. También incorporó contenidos vinculados a la salud mental, fundamentales para afrontar situaciones adversas.
Ana Gloria Romero González, jefa del departamento de docencia, investigación y gestión de la información de Prosalud, destacó además el valor del trabajo comunitario desarrollado junto a la Cruz Roja, especialmente en la enseñanza de primeros auxilios. Subrayó la importancia de seguir fortaleciendo estas capacidades en un contexto donde la resiliencia comunitaria resulta clave para reducir riesgos y proteger vidas.
En Artemisa, 1 210 personas accedieron a materiales instructivos para apoyar la reconstrucción segura de las cubiertas de sus viviendas afectadas por huracanes, de modo que puedan enfrentar en mejores condiciones la ocurrencia de futuros eventos hidrometeorológicos extremos. En esta provincia, el proyecto priorizó el apoyo al restablecimiento de las condiciones de habitabilidad de las familias más vulnerables con la adquisición de 1 200 láminas metálicas para familias afectadas.
En Artemisa y Pinar del Río, se promovió la capacitación técnica de más de 400 actores clave para la reconstrucción resiliente de viviendas dañadas por huracanes, sobre colocación de techos seguros y el uso de técnicas que rescatan la utilización de materiales locales, como la construcción de cubiertas de bóveda con ladrillos de arcilla.
Elvio Martínez, arquitecto de la comunidad en la provincia de Santiago de Cuba, refiere que, al tratarse de cubiertas pesadas con forma aerodinámica, los techos abovedados pueden resistir mejor los fuertes vientos, siempre que su construcción y anclaje se realicen adecuadamente.
A partir de su participación en una de las experiencias formativas sobre técnicas constructivas con materiales locales en Pinar del Río, José Luis Pérez, ingeniero y responsable de capacitación en la Dirección Provincial de Educación, destacó la utilidad de incorporar materiales naturales en los procesos constructivos. Señaló que estos aprendizajes no solo fortalecen capacidades técnicas, sino que también abren posibilidades para su incorporación en procesos formativos, como los que se desarrollan en institutos politécnicos.
Para apoyar la sostenibilidad de la producción local de materiales, en Pinar del Río, ocho emprendimientos locales fueron capacitados y respaldados con equipamiento. Entre ellos se incluyen, tres dedicados a la producción de ladrillos de barro y cinco, a la hojalatería. Estos últimos han podido acceder a herramientas para la producción de cintas antihuracanes y arriostres metálicos, a través del aprovechamiento de material habitualmente desechado para generar elementos clave en la resistencia de las viviendas frente a fuertes vientos.
En función de asegurar una preparación y respuesta ante desastres con igualdad de género y colocando los cuidados en el centro, 59 actores en gestión de riesgos de desastres (RRD) participaron en acciones de capacitación y sensibilización.
Se desarrolló una acción de piloto de la herramienta “Igualdad de género y corresponsabilidad en los cuidados en la gestión de la reducción del riesgo de desastres (GRR) en Cuba” y se validaron dos anexos para concretar su aplicación, relacionados con la investigación socioeconómica del núcleo familiar y el diagnóstico técnico de la vivienda y social de la familia.
Sobre esta experiencia de colaboración, el arquitecto Miguel Antonio Padrón Lotti, profesor del colegio San Jerónimo de La Habana, señala el valor de dotar a actores institucionales de enfoques, herramientas y capacidades para una mejor gestión de riesgos urbanos y para la construcción de la resiliencia.