Administrador del PNUD Achim Steiner

Al finalizar las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, el PNUD elogia las decisiones del FMI, Grupo del Banco Mundial y G20 sobre la suspensión inmediata durante un año del pago del servicio de la deuda para 76 países, incluidos 40 países en África Subsahariana.

Este alivio de la deuda desempeñará un papel fundamental para ayudar a los países a prepararse, responder y recuperarse ante la pandemia de COVID-19, así como para superar las devastadoras repercusiones sociales y económicas.

Sin embargo, la suspensión acordada de la deuda no es suficiente, como lo señala el Secretario General de la ONU en su nuevo informe, Deuda y COVID 19: una respuesta mundial solidaria. Centrarse únicamente en los países más pobres no será suficiente para abordar la magnitud de esta emergencia.

La suspensión de la deuda no debe basarse en el nivel de ingresos sino en la vulnerabilidad. Un huracán puede devastar una economía en el transcurso de 8 horas. Una pandemia paralizará a un continente durante meses. Estos eventos no tienen nada que ver con el ingreso, la riqueza o el PIB; el impacto real está relacionado con la vulnerabilidad.

Las Naciones Unidas alientan a todas las partes interesadas a establecer una moratoria de la deuda durante los próximos dos años para todos los países vulnerables. Si el virus no discrimina entre países en función de su nivel de ingresos, tampoco lo debería hacer la comunidad internacional.

Como se establece en el informe del Secretario General de las Naciones Unidas, pedimos a todos los acreedores –públicos y privados, bilaterales y multilaterales – que den, en estos tiempos extraordinarios, tres pasos hacia la sostenibilidad de la deuda.

Primero, establecer una moratoria inmediata de la deuda para todos los países en desarrollo a fin de proporcionar un "respiro” a aquellos que deben centrarse en la respuesta a la crisis.

Segundo, proporcionar alivio de la deuda dirigido a países con niveles de deuda insostenibles y proporcionar el espacio político necesario para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Tercero, a medida que la crisis inmediata retrocede, revisar los desafíos de larga data de la arquitectura internacional de la deuda, a fin de evitar incumplimientos que podrían conducir a crisis financieras y económicas prolongadas.

En línea con la Agenda de Acción de Addis Abeba, todas las acciones tomadas deben ajustarse con las estrategias de los países para financiar el progreso hacia los ODS.

La paralización de las economías para evitar la propagación de este virus salva vidas pero, sin una acción simultánea, se podrían perder décadas de un progreso alcanzado con gran esfuerzo. Según investigaciones recientes, más de 500 millones de personas podrían verse sumidas en la pobreza.

Esta crisis ha demostrado hasta qué punto nuestro mundo está interconectado. Debemos actuar en solidaridad sin fronteras para vencerlo.

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