Durante 18 jornadas, más de 350 personas de seis comunidades indígenas participaron de un programa de fortalecimiento de capacidades para la gestión sostenible de sus territorios. Una iniciativa liderada por el MADES con apoyo del PNUD a través del proyecto FOLUR Paraguay. Contó con el acompañamiento logístico de la FAPI, el proyecto AbE Chaco y FOLUR/ICCF.
Capacitando en territorio y construyendo aprendizajes en comunidad
8 de Octubre de 2026
Hay conocimientos que nacen del territorio. Se transmiten entre generaciones, se construyen a partir de la experiencia y permiten comprender el bosque, sus recursos y las formas de vida que dependen de él.
Comprendimos esto con claridad gracias al Programa de Fortalecimiento de Capacidades para la Gestión Sostenible del Territorio y el Cumplimiento de Normativas Ambientales, que llegó a seis comunidades indígenas del Chaco y la Región Oriental para generar espacios de aprendizaje e intercambio sobre servicios ambientales, ordenamiento territorial, normativa ambiental, restauración y sostenibilidad. A través de una metodología práctica y participativa, el proceso buscó acercar herramientas técnicas a las comunidades y ponerlas en diálogo con sus propios conocimientos, necesidades y experiencias.
El programa propuso generar espacios de encuentro entre esos saberes comunitarios y las herramientas para una gestión sostenible del territorio. Llegó a Mariscal Estigarribia a la comunidad de Macharety y a Loma Plata a las comunidades de Yalve Sanga y Nivaclé Unida. Mientras que en la Región Oriental fue hasta Ytú en Abaí, Viju en Tava´i y a Puerto Barra en Naranjal.
En cada comunidad, el proceso se desarrolló a través de tres módulos de formación, pero con una metodología que buscó ir más allá de las exposiciones teóricas. Los contenidos se trabajaron a partir de situaciones cercanas a cada territorio, combinando explicaciones técnicas con recorridos de campo, ejercicios grupales, juegos de roles y espacios de conversación. Esto permitió abordar temas que pueden resultar complejos y, al mismo tiempo, incorporar las experiencias y conocimientos de las propias comunidades.
El primer módulo concentró la mirada en los servicios que brindan los ecosistemas y su relación con la vida y las actividades de las comunidades, incorporando también conceptos sobre mercados de carbono. Luego, el trabajo avanzó con el módulo dos de ordenamiento territorial y las normativas ambientales, para comprender cómo se organiza el uso del territorio y qué herramientas existen para su gestión. Finalmente, el tercer módulo abordó la restauración de bosques y la sostenibilidad, conectando estos contenidos con prácticas productivas y con los desafíos identificados en cada comunidad.
“Muchas veces llegan, escriben en una hoja, muestran un poco de lo que explicaron con dibujos y termina. Ahora no fue así: salimos, recorrimos, miramos ejemplos diferentes, vimos muchas clases de remedios, árboles y muchas cosas”Celina Centurión, comunidad Viju
El intercambio también permitió reconocer conocimientos y prácticas que ya forman parte de la vida de las comunidades. Durante los encuentros, las personas participantes compartieron sus experiencias sobre el uso de plantas, el aprovechamiento de los recursos del bosque y las prácticas transmitidas entre generaciones. Estos saberes se incorporaron a las actividades y permitieron vincular los contenidos del programa con la manera en que cada comunidad conoce y utiliza su territorio.
"De nuestras abuelas y abuelos aprendimos de los beneficios del bosque, porque los veíamos cargando en sus espaldas los frutos que recolectaban para el bien de la familia, para el consumo de los hijos, de los nietos, y eso es lo más lindo del bosque, lo que nos permite valorarlo más"Dessica Franco, comunidad Macharety
Esta forma de trabajar acompañó las 18 jornadas desarrolladas en ambas regiones y permitió involucrar a más de 350 personas entre líderes y lideresas, jóvenes, productores, artesanos y otros integrantes de las comunidades. Al finalizar el proceso, 314 participantes completaron los tres módulos y recibieron su certificación. La participación de las mujeres también tuvo un peso importante durante el programa: representaron el 56 % del total de participantes.
El desarrollo del programa requirió también de un trabajo articulado entre instituciones con diferentes roles. El MADES lideró técnicamente el proceso y aportó especialistas para el desarrollo de los contenidos; el PNUD, a través del proyecto FOLUR Paraguay, acompañó la coordinación y articulación general. A este trabajo se sumaron la FAPI, con su experiencia en el trabajo con pueblos indígenas y el acompañamiento intercultural y logístico in situ; AbE Chaco, apoyando la implementación en las comunidades de esa región; e ICCF, que acompañó el trabajo territorial y logístico en ambas regiones.
La implementación también buscó adaptarse a las características de cada comunidad. Durante las jornadas se promovió el uso de los idiomas indígenas (guaraní, nivaclé y enlhet) junto con el castellano para facilitar la participación y el intercambio. Además, se ajustaron horarios y dinámicas de acuerdo con las necesidades locales y, en comunidades como Ytu y Vijú, se habilitaron espacios para niñas y niños, facilitando así la participación de las mujeres en las actividades.
El cierre del proceso abrió también una primera oportunidad para llevar parte de estos aprendizajes a la práctica. En Naranjal, Alto Paraná, representantes de las tres comunidades participantes de la Región Oriental formaron parte de la Feria de Sostenibilidad, un espacio impulsado por el MADES y la Municipalidad de Naranjal, con apoyo del PNUD, que reunió a comunidades indígenas, instituciones y actores locales para compartir experiencias y productos vinculados al uso sostenible de los recursos naturales.
Doce feriantes de Ytu, Vijú y Puerto Barra participaron de este espacio junto con representantes de otras comunidades de Alto Paraná. Allí pudieron presentar y comercializar artesanías elaboradas con fibras forestales nativas, productos agrícolas y miel silvestre, además de compartir con los visitantes los conocimientos y prácticas que forman parte de su relación con el territorio. La experiencia permitió vincular algunos de los temas abordados durante el programa con una oportunidad concreta de intercambio, visibilización y generación de ingresos.
El proceso acercó herramientas técnicas a las comunidades, generó espacios para intercambiar conocimientos y permitió poner en práctica algunos de los temas trabajados. La participación en la Feria de Sostenibilidad mostró, además, una primera oportunidad para vincular la gestión sostenible de los recursos naturales con actividades que ya forman parte de los medios de vida de las comunidades.
El cierre del programa deja una base para seguir avanzando. Fortalecer capacidades implica acercar nuevas herramientas, pero también reconocer los conocimientos y experiencias que ya existen en cada comunidad. El desafío será continuar generando oportunidades para que estos aprendizajes puedan aplicarse y contribuir a una gestión sostenible del territorio, con una participación activa de quienes lo habitan.