Un futuro desigual no es una opción

Informe Nacional de Desarrollo Humano

25 de Febrero de 2024

Panamá ha experimentado un crecimiento económico destacado, con un dinamismo sin par en América Latina. Antes de la pandemia su Producto Interno Bruto (PIB) creció a una tasa promedio del 6%, cifra mayor que el 1% de América Latina y el Caribe. La expansión de la economía del país ha estado acompañada de avances significativos en la reducción de la pobreza y en el desarrollo de infraestructura.

Los indicadores agregados de desarrollo humano, que incluyen educación y salud, además de ingreso, muestran un país dentro del grupo de más alto desarrollo, algo poco común en la región donde solamente Chile, Argentina, Costa Rica y Uruguay superan el puntaje de Panamá.

¿Por qué existe esta desconexión entre los indicadores agregados de desarrollo, que muestran una historia de éxito, y el malestar palpable de la sociedad? ¿Dónde nace la paradoja, dónde la prosperidad económica que coexiste con desafíos persistentes en el bienestar y la calidad de vida de sus habitantes?

Parte de la respuesta se encuentra en las brechas de bienestar y oportunidades en la sociedad panameña. Cuando se examinan las cifras más allá de los promedios, a pesar de que se constatan avances, estos son insuficientes al desagregar las estadísticas a nivel subnacional revelando profundas disparidades en el acceso a oportunidades y a servicios básicos. Esta realidad genera una percepción de un desarrollo no inclusivo. Más preocupante aún es el hecho que estas brechas se ven reflejadas en varias dimensiones. Las desigualdades en Panamá se extienden a lo largo del ciclo de vida de sus ciudadanos y condicionan las oportunidades desde el nacimiento hasta la vejez. Pero esto no es todo, este patrón se repite en los hijos y nietos de las personas, mostrando así una espiral intergeneracional.

La calidad de la educación, el acceso a la atención médica, las posibilidades laborales y la capacidad para generar un patrimonio varían considerablemente entre diferentes grupos, condenando a parte de la población a un ciclo de desventaja y marginación. Estas desigualdades no solo limitan las oportunidades individuales, sino que también tienen un impacto negativo en el potencial de desarrollo del país.

La ciudadanía panameña está consciente de ello. De acuerdo con la encuesta Latinobarómetro, el 78% de las personas reporta que la distribución del ingreso es injusta. Cuando se pregunta “¿cuán justo es el acceso a la educación?”, el 58% de las personas considera que es injusta. De igual forma, el 64% piensa que el acceso a la salud es injusto y el 77%, que el acceso a la justicia también lo es.

Exploramos cómo estas desigualdades estructurales pueden condicionar el futuro. La digitalización y la automatización tienen el potencial de acelerar el crecimiento económico y mejorar la eficiencia en diversos sectores. Sin embargo, sin las políticas adecuadas, este avance tecnológico podría profundizar las desigualdades laborales y socioeconómicas y dejar atrás a aquellos sin acceso a la educación y a las habilidades necesarias para competir en la nueva economía. Un futuro con más desigualdad no debería de ser destino deseado. El manejo activo del cambio tecnológico a través de inversiones específicas en capital humano y en tecnologías que complementen, y no sustituyan el empleo, puede generar un futuro más inclusivo.

El manejo de los recursos naturales en Panamá también plantea desafíos futuros en términos de desigualdades, la riqueza de los recursos naturales deberá ser transformada e invertida en programas e iniciativas que detonen el desarrollo humano, con especial énfasis en poblaciones históricamente marginadas. También implica procesos deliberativos, con la participación de varios actores de la sociedad panameña, sobre cómo identificar y diseñar esos programas e iniciativas. El cambio climático es otra amenaza para la inclusión y el proceso equitativo de desarrollo humano en Panamá.

Los efectos del cambio climático se superponen sobre las desigualdades sociales y económicas de tal manera que quienes sufren peores consecuencias son quienes menos herramientas y recursos tienen.

Los efectos del cambio climático pueden condenar a la población más marginada en trampas de bajo desarrollo humano.

La situación actual de Panamá presenta desafíos, pero también muchas oportunidades que otros países no tienen. Panamá, por ejemplo, ha evitado la trampa de bajo crecimiento y altas desigualdades. Para tomar ventaja de dichas oportunidades, se requiere un cambio de enfoque. El desarrollo humano, entendido como un proceso que expande las capacidades y oportunidades de las personas, ofrece un marco para abordar las desigualdades en Panamá, presentes y futuras.

La autora es representante residente del PNUD Panamá

Contenido original publicado por el Diario La Prensa el 25 de febrero de 2024.

https://www.prensa.com/opinion/un-futuro-desigual-no-es-una-opcion/

La inversión en educación, salud, infraestructura y tecnología, junto con políticas de redistribución e inclusión, son fundamentales para cerrar brechas y lograr un desarrollo humano inclusivo. Pero igual de importante es el proceso deliberativo con el que se tomen estas decisiones: la participación de la sociedad en la toma de decisiones y el diálogo público es crucial para construir un futuro más justo e inclusivo.
María del Carmen Sacasa