Desafíos del desplazamiento climático

La conexión entre pobreza multidimensional y emergencia climática es crítica en contextos indígenas

16 de Octubre de 2025
Mujer indígena con vestidos coloridos sentada en una amahaca

El aumento del nivel del mar y la sobrepoblación en la isla Gardi Sugdub forzaron a Victoria Navarro y a su familia a desplazarse a tierra firme.

Cortesía

Sentada en una hamaca —forma tradicional de descanso del pueblo Guna— Victoria Navarro, originaria de la isla Gardi Sugdub, relata los profundos cambios que ha vivido al dejar su hogar en el mar para comenzar una nueva vida en tierra firme.

Gardi Sugdub, una de las islas del archipiélago de San Blas ( Comarca Guna Yala), ubicada a pocos  kilómetros de tierra firme, ha sido una de las primeras afectadas por el aumento del nivel del mar, lo que llevó a las autoridades a iniciar el proceso de reubicación de sus habitantes hacia Isberyala, una comunidad en localizada en tierra firme.

Del mar a la tierra

Victoria recuerda cómo, en la isla, su gente vivía principalmente de la pesca y del turismo. Los servicios básicos eran compartidos entre varias familias; pero la sobrepoblación generaba tensiones constantes. Estas condiciones, sumadas a los crecientes riesgos derivados del cambio climático, la llevaron a dejar su hogar junto a su familia.

El cambio ha sido profundo. En Isberyala, las actividades económicas tradicionales han dejado de ser sostenibles. Ya no se vive de la pesca ni del turismo, y las familias enfrentan un entorno donde su conocimiento ancestral ya no garantiza el sustento, transformando radicalmente las dinámicas económicas y sociales de la comunidad. En lo cotidiano, Victoria pasó de vivir en una casa tradicional guna hecha de caña blanca —que albergaba hasta 20 personas— a un hogar más pequeño, diseñado exclusivamente para su núcleo familiar.

Impactos multidimensionales

Su historia refleja cómo el cambio climático no solo amenaza territorios, sino también modos de vida, identidades culturales y estructuras sociales profundamente arraigadas. Además, evidencia cómo la pobreza puede intensificar los impactos del desplazamiento, dificultando la adaptación a nuevas realidades.

Frente a estos procesos, es urgente adoptar un enfoque integral que reconozca la dimensión cultural y social. Como señala el biólogo y especialista ambiental Eliot Brown, las políticas públicas deben incorporar el valor del patrimonio cultural. Elementos intangibles como el idioma, las tradiciones artesanales o la gran casa guna (nega) deben ser reconocidos, protegidos y promovidos. La sensibilización sobre estos aspectos y la participación activa de las comunidades serán claves para garantizar una transición justa, inclusiva y culturalmente pertinente.

Una mujer con lentes  mira hacia el horizonte tienendo como fondo una casa de paja

Magdalena Martínez, residente de Isberyala, asegura que pese a los cambios su comunidad mantendrá sus tradiciones.

PNUD

Una conexión ineludible

Los desafíos que enfrentan comunidades como la de Gardi Sugdub en la Comarca Guna Yala evidencian la conexión directa entre pobreza multidimensional y emergencia climática. En contextos indígenas, esta relación es especialmente crítica.

Desde el enfoque de capacidades propuesto por Amartya Sen, la pobreza no se limita a la falta de ingresos, sino que implica la privación de libertades y oportunidades fundamentales para vivir una vida que las personas valoran. En línea con esta visión, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) promueve el uso del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) con enfoque étnico.

Este instrumento permite identificar privaciones relacionadas con logros colectivos e individuales que son esenciales para el bienestar de los pueblos indígenas: su autonomía, su lengua, su herencia cultural, su arraigo territorial y su proyección comunitaria. Aplicar el IPM desde esta perspectiva proporciona evidencia sólida para diseñar estrategias que integren la reducción de la pobreza con la adaptación al cambio climático, reconociendo las particularidades culturales, sociales y territoriales de cada población.

Solo así será posible garantizar que comunidades como la de Gardi Sugdub no solo enfrenten los desafíos del cambio climático, sino que también encuentren caminos sostenibles para prosperar en medio del cambio.

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