Usuarias de transporte público hablan de cómo las hace sentir el acoso y propuestas para movilizarse de forma segura

2 de Marzo de 2020

Las mujeres enfrentan desafíos particulares en sus trayectos en transporte público. Fotografía: Oscar Leiva/PNUD El Salvador

Qué te hace sentir incómoda y qué es acoso en el transporte público y cómo debería ser un transporte público seguro fueron las preguntas que orientaron un diálogo con mujeres usuarias de autobuses, en el marco del proyecto “Mujeres libres de violencia en el transporte público”.

El proyecto es implementado por ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y financiado por el Fondo de Naciones Unidas para la Consolidación de la Paz (PBF). Su objetivo es prevenir los diferentes tipos de violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres que se movilizan en el transporte público en El Salvador.  

Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC, 2018), más del 90 % de la población salvadoreña usa el transporte público; y 71 % de mujeres capitalinas, así como 52 % de mujeres de Santa Tecla (La Libertad), que utilizan este mismo medio manifestaron sentirse inseguras al hacerlo (El Salvador, cómo vamos, 2018).

Para tener un panorama más actualizado de la situación y formular una propuesta de comunicación más acertada, se realizó un grupo focal en el que mujeres usuarias expresaron sus vivencias y sentires en torno a sus viajes en autobuses.

Miedo, tristeza, enojo, incomodidad, inseguridad, impotencia fueron algunos de los sentimientos que expresaron sienten ante el acoso en el transporte público, en su día a día. Dijeron que entre lo que más les incomoda en sus trayectos está el acoso verbal, incluidos comentarios soeces; los tocamientos indebidos; que los hombres les acerquen o expongan frente a ellas sus partes íntimas; la cercanía malintencionada; quedarse solas con el motorista y el cobrador; y que cualquier denunciar deba hacerse ante otros hombres, entre otras cosas.

Además, manifestaron que cuando enfrentan este tipo de situaciones, el resto de personas usuarias no hacen nada, lo que las hace sentir más vulnerables. También denunciaron los patrones de comportamiento de algunos motoristas: “seleccionan a quiénes suben, si son bonitas, si tienen facilidad de subirse y bajar sin generar retrasos”, “no respetan a las personas mayores o que van con niños”, “a las señoras mayores las apuran y maltratan; a las jóvenes les tiran piropos”, dijeron.

Las mujeres también expresaron que se sienten inseguras en las paradas de autobuses, porque son muy oscuras o porque incluso algunos automovilistas disminuyen la velocidad para acosarlas.

Ante esto, ellas crean sus propias “estrategias de sobrevivencia” en esos espacios, tanto para ellas como para sus hijas. “Yo le digo a mi hija que si tratan de llevársela que no se deje. Prefiero ir a buscar el cuerpo de mi hija en la parada o en el bus, que no encontrarla porque alguien la forzó a y desaparezca”.

Para sentirse seguras, dijeron, esperan que el transporte público que abordan estuviera regulado por horarios; que tengan cámaras internas y que sean monitoreadas; que el gremio en general y los motoristas sean conscientes y respetuosos; que haya vigilancia y también respuesta de las autoridades.

Además, consideraron conveniente contar con un botón de pánico que les permita alertar de forma inmediata a la Policía y otras autoridades; y que haya límite de personas en una unidad y reglas para los pasajeros. También se refirieron a la apariencia de las unidades de transporte que abordan: “Prefiero tomar una ruta más ordenada, porque me hace sentir más segura”; “no importa pagar un poquito más por irme en una ruta más segura”.

Entre las recomendaciones que le hicieron al Viceministerio de Transporte están que haga un estudio previo al otorgar las autorizaciones y permisos de línea a los transportistas; que haga cumplir las leyes de transporte a los empresarios; y penalizar a las unidades que lleven pasajeros en las puertas. También pidieron a las autoridades “normar y penalizar a los ciudadanos vulgares”.

A los empresarios les piden que reconozcan las faltas que cometen sus empleados y les apliquen las sanciones correspondientes, así como que cumplan las leyes de transporte público; que tengan apertura hacia las recomendaciones de los usuarios; que el perfil del personal que contraten sea el idóneo, lo capaciten en el rubro y también sobre acoso sexual y violencia de género, y que le impongan reglas y normas de seguridad hacia los usuarios. A los motoristas y a los usuarios les piden respeto y cuido, que generen orden y cumplan las leyes: “No me acoses por ser mujer, puedo ser tu familia. ¿Qué sentirías si fuera tu hija?”, escribió una de ellas.