Mujeres en la restauración

Brotes de esperanza, en manos de mujeres

26 de Julio de 2026
Photograph of a person wearing a blue helmet kneeling by a shallow stream, holding a long pole.

Desde los manglares en la Península de Yucatán hasta los bosques comunitarios de la Sierra de Oaxaca, las mujeres están restaurando la vida en sus territorios. Frente al avance del cambio climático, la degradación ambiental y el uso no sostenible de los recursos, ellas han decidido actuar para regenerar ecosistemas clave como dunas, manglares y bosques, de los que dependen el agua, el alimento y la vida comunitaria.

A través de su labor cotidiana, la restauración se ha convertido en una forma de defensa del territorio y de organización colectiva para sostener la vida. Las mujeres combinan organización comunitaria, saberes heredados y herramientas técnicas para recuperar lo que parecía perdido y fortalecer los vínculos que sostienen a sus comunidades. 

“Si no cuido lo que me da vida, no le estoy dejando vida a las futuras generaciones”, enfatiza Ana Gabriela, representante de la Comunidad de Restauradoras del Manglar de Isla Aguada.

Hands in orange sleeves cradle a small green seedling in soil.
Photograph of hands in yellow sleeves holding fresh green beans.

 

El Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México, con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), acompaña estos procesos como un aliado cercano, reconociendo el liderazgo de las mujeres y la capacidad transformadora de las comunidades para construir un futuro más resiliente. 

Así, en distintos rincones del país, las mujeres restauradoras han tejido una red de acciones y aprendizajes que hoy dan vida a los ecosistemas y fortalecen el futuro de sus comunidades.

Photograph of a sunlit forest with tall trees and lush green undergrowth.

 


Cuidar la duna, cuidar la vida

En Telchac, Yucatán, la duna fue percibida durante muchos años solo como arena cubierta de hierba o monte, sin reconocer su papel como barrera natural ni como espacio vital para especies costeras. 

Sin embargo, las mujeres aprendieron que la duna no es solo arena frente al mar, sino un ecosistema vivo que protege la costa y permite la reproducción de especies como las tortugas marinas. 

“Aprendimos a identificar y reproducir las plantas, y ahora entendemos su importancia en nuestra comunidad”, comparte Arelda Chay del Club de la Tortuga en Telchac.

 

Hoy, con el lema “Sin duna no hay tortuga”, las mujeres trabajan unidas para restaurar la vegetación costera, recolectar semillas y fortalecer la conciencia ambiental.

Su esfuerzo ha transformado no solo el paisaje, sino también la manera en la que la comunidad se relaciona con su entorno, reconociéndolo ahora como un escudo natural que protege los hogares y preserva la vida marina. 


Restaurar el manglar, restaurar la comunidad 

En el Ejido Sabancuy, así como en diversos puntos de la Laguna de Términos, en Campeche, la degradación del manglar ha traído consecuencias severas. La pérdida de esta barrera provocó la: disminución de especies, afectó gravemente actividades productivas como la pesca, y aumentó la vulnerabilidad del ecosistema y las comunidades ante las tormentas. 

Frente a este panorama, las mujeres de la región han convertido la siembra del mangle en un acto de resistencia contra el deterioro ambiental y la pérdida de sus medios de vida. Hoy, a través de brigadas comunitarias, le hacen frente a la pérdida de cobertura vegetal y a los impactos cada vez más frecuentes de los eventos climáticos extremos.

“El manglar me ha dado todo lo que tengo: estabilidad social y familiar”, comparte Domitila Arenas, una joven restauradora de manglar del ejido Sabancuy. 

Photograph of mangrove trees with tangled roots in calm, reflective water.

Canal de restauración en el Ejido Sabancuy

Cada jornada, las mujeres recolectan plántulas, reforestan zonas degradadas y contribuyen a la recuperación de los flujos hidrológicos, una acción fundamental para mantener la salud del ecosistema y enfrentar la sequía.

Estos espacios de trabajo se han convertido también en una oportunidad para intercambiar experiencias y adquirir nuevos conocimientos técnicos. Gracias al trabajo de las brigadas comunitarias se han restaurado 74 hectáreas de manglar, lo que ha permitido el regreso de la fauna nativa. También se fortalecieron los medios de vida basados en la naturaleza, como el ecoturismo comunitario y la apicultura, dotando a la comunidad de mayores herramientas para enfrentar eventos climáticos extremos.

El bosque como escuela 

En los bosques comunitarios de la Sierra de Oaxaca, el aprendizaje ocurre en el territorio. Las mujeres de la Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecos - Chinantecos de la Sierra Juárez (UZACHI), participan en procesos de monitoreo ambiental, manejo forestal y transmisión de conocimientos que fortalecen la relación entre comunidad y bosque, demostrando que la tecnología también puede tener rostro comunitario. 

“Hoy, las mujeres estamos en el bosque, aprendiendo, marcando árboles, midiendo el agua... estamos aquí porque el bosque también es nuestro”, comparte Lucina Ruíz, monitora ambiental comunitaria. 

 

Con el desarrollo e implementación de aplicaciones informáticas, se fortaleció la cadena productiva forestal, garantizando la trazabilidad de los productos forestales. Además, ahora cuentan con sistemas de control interno robustos que les permiten organizar mejor la información para una toma de decisiones eficaz y oportuna.

A través del trabajo colectivo, ellas han aprendido a leer el estado del bosque, a tomar decisiones informadas desde la asamblea y a combinar saberes tradicionales con herramientas tecnológicas, como el monitoreo tradicional comunitario de fauna, agua y suelo con la gestión de datos en línea. 

El bosque se convierte así en una escuela viva, donde se forman nuevas generaciones en el cuidado del territorio y en el uso responsable de los recursos.

Tejiendo comunidad

La primera red regional de grupos restauradores de manglar se conformó en septiembre de 2024. Desde entonces, sus integrantes han reconocido el valor de la acción colectiva para escalar y replicar sus esfuerzos de conservación en las costas del sureste mexicano. La Red de Comunidades Restauradoras de Manglar, — integrada por 17 mujeres y 13 hombres de Campeche, Yucatán, Tabasco y Oaxaca —, ha sido un espacio fundamental de aprendizaje y colaboración entre grupos provenientes de diversos contextos y con distintos años experiencia en la restauración de este ecosistema. 

Durante 2024 y 2025, con apoyo del PPD y el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) se llevó a cabo diez encuentros presenciales en los que las comunidades intercambiaron conocimientos y experiencias sobre el ecosistema de manglar. Además, se impartieron talleres con especialistas en gestión de residuos sólidos, negocios comunitarios basados en la naturaleza, defensa del territorio y participación política a nivel local.

La Red no sólo unió a los grupos de restauración, sino que también abrió canales para que sus voces fueran escuchadas en espacios multisectoriales de incidencia. Un ejemplo clave fue su participación en la Aceleradora de Políticas de Restauración de Manglares en México (realizada en marzo 2025, en San Francisco de Campeche), una iniciativa impulsada por WRI. 

“Pertenecer a la Red nos hace ser aliados, ser amigos, estar fortalecidos, y poder lograr, que nuestra voz sea escuchada en otras partes” – Hilaria Acosta, comisaria del Ejido Sabancuy, Campeche. 

Group of people posing on a muddy riverbank beside a small boat, blue sky and water behind.

A partir de las alianzas formalizadas en la Red, la restauración dejó de ser una acción aislada para transformarse en un proceso continuo de aprendizaje, acompañamiento y solidaridad. Estas experiencias compartidas fortalecen la confianza mutua y multiplican los resultados en el territorio. Así, las comunidades han adoptado nuevas técnicas de restauración, han consolidado liderazgos locales a través de su participación en espacios de colaboración con actores externos, y se han capacitado en temas prioritarios para la conservación de sus territorios. 

Lo que comenzó como pequeñas acciones locales se ha consolidado en una red viva de restauración y resiliencia. Se trata de un tejido comunitario que inspira, conecta y florece gracias al impulso de las mujeres que, al proteger su territorio, están transformando el futuro.

 


En los territorios del sur-sureste de México, las mujeres demuestran que restaurar la tierra también es restaurar la vida.

Cada mangle sembrado, cada semilla cuidada y cada nuevo lazo entre comunidades, es una acción que renueva el equilibrio entre las personas y la naturaleza.

Estas mujeres no esperan el cambio: lo construyen con sus manos, su conocimiento y desde la fuerza colectiva que las une. En su labor diaria se entrelazan la ciencia, el amor por la tierra y la determinación de asegurar un futuro posible para sus comunidades.

El PPD México del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) e implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), acompaña estas iniciativas como un aliado cercano, que reconoce el poder de su conocimiento y su determinación para hacer frente los desafíos de la crisis climática.

“Cuidar el planeta es dejar un legado. El planeta nos dio tanto, y debemos devolverle lo que nos ha dado.”. - Domitila Arenas, restauradora del Ejido Sabancuy.

Group of women at a craft workshop around a blue mat, by a sunny window.

 


Durante más de 30 años, el PPD ha brindado apoyo financiero y técnico a organizaciones de la sociedad civil y organizaciones comunitarias a nivel local, impulsando iniciativas que abordan problemáticas ambientales globales mientras mejoran los medios de vida. Al conectar esfuerzos de base de todo el mundo en un portafolio estratégico e integrado, el PPD asegura que las soluciones comunitarias puedan replicarse y escalarse, demostrando el poder de la acción local para generar un impacto global. Desde 1996, el PPD ha apoyado un portafolio de XX proyectos en todo México en áreas como biodiversidad, cambio climático, degradación de tierras, energía limpia y producción sostenible. 

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