Del manglar al refugio marino: cómo la organización local en Campeche y Yucatán asegura el futuro de los ecosistemas costeros
Comunidades lideran la regeneración de la biodiversidad en el golfo de México
28 de Abril de 2026
Una madre pulpo teje pacientemente su nido en el fondo del golfo de México. Esta especie, emblemática de las costas del sureste de México, enfrenta una serie de amenazas que ponen en riesgo su supervivencia y la del ecosistema del que depende. El incremento de la temperatura del mar, la pesca durante periodos de veda y la contaminación marina son factores que afectan el futuro del Octopus Maya.
Ante esos desafíos, las comunidades costeras se organizan para construir soluciones desde lo local, con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).
En Campeche, los esfuerzos comunitarios comienzan en el manglar, un ecosistema clave donde se origina la biomasa pesquera y, con ella, los alimentos de los pulpos, como los crustáceos. En estas zonas, las comunidades trabajan para conservar y restaurar los manglares, fortaleciendo la conexión vital entre los humedales y el mar.
En Isla Arena, Campeche, la cooperativa Servicios Ecoturísticos Carey ha restaurado la hidrología de 200 hectáreas de manglar y plantado 45,500 plantas de mangle rojo y negro en otras 30 hectáreas. Gracias a esto, se han recuperado condiciones de sombra, protección y reproducción para numerosas especies. Poco a poco, estos espacios vuelven a llenarse de vida.
"Tenemos una relación muy importante con los manglares porque nos ayudan a la reproducción de especies; la biodiversidad que alberga es mucha, es diversa. Tenemos ahí muchos animales marinos, terrestres y una cantidad impresionante de aves".Oriana Montes de Oca, coordinadora de las brigadas de restauración de Carey.
Más al norte, en Celestún, Yucatán, la conservación se ha llevado mar adentro. Las cooperativas pesqueras impulsaron la creación del primer refugio pesquero de la región: zonas donde se prohíbe la captura de ciertas especies durante periodos determinados para permitir la recuperación de los recursos pesqueros. Estos refugios son reconocidos oficialmente mediante decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF) y son gestionados por las comunidades que los proponen.
"Desde que implementamos el refugio pesquero, podemos ver el aumento de la riqueza y la abundancia de las especies de importancia ecológica y comercial. Por ejemplo, cada vez hay más abundancia de pulpo maya y registros de mayor tamaño. También, en las cuevas se han levantado registros de meros, boquinetes, langostas y el regreso del pepino de mar".Esther Yerves Cauich, buza monitora de Celestún.
Para fortalecer estos avances, la federación de cooperativas pesqueras de Celestún trabaja con apoyo del PPD para mejorar la gobernanza de este bien común. A través del marcaje con boyas, educación ambiental, nuevas lanchas de vigilancia y la transformación de un motor eléctrico de lancha que reduce costos operativos, la cooperativa refuerza la permanencia del refugio pesquero. Además, desarrolla actividades de turismo comunitario que generan ingresos para la sostenibilidad financiera del proceso.
El impacto de estas acciones se mide con el acompañamiento de la organización Comunidades y Biodiversidad (COBI), que trabaja en siete zonas de refugio pesquero de Yucatán. Tras la formación de buzos y buzas comunitarias, se realizan periódicamente transectos de monitoreo para evaluar la recuperación de la biodiversidad submarina a mediano plazo.
"No me había tocado ver en otros lugares tantos meros como aquí. Me gustaría que más personas se motivaran a entrar en estas actividades de monitoreo para que vean los cambios y lo bello que es el mar".Maritza González, buza monitora de COBI.
Con estas acciones, las comunidades del golfo de México construyen un nuevo horizonte para una economía azul más sostenible. Al restaurar los humedales donde nace la biomasa pesquera y conservar las zonas de reproducción de peces, moluscos y arrecifes, se asegura que el mar siga siendo una fuente de vida. Así, muchas más madres pulpo podrán tejer sus nidos en un ecosistema sano y resiliente.