Desarrollo humano resiliente para superar el ciclo de desigualdad-desastre-desigualdad
Desarrollo humano resiliente para superar el ciclo de desigualdad-desastre-desigualdad
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13 de Abril de 2026
Este documento de política pública, elaborado conjuntamente por el PNUD y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), analiza la relación entre desigualdad y riesgo de desastres en América Latina y el Caribe (ALC). El documento argumenta que los desastres no ocurren en el vacío, sino que se superponen a estructuras persistentes de desigualdad que condicionan quién está más expuesto, quién es más vulnerable y quién tiene mayor capacidad de recuperación. Dicho argumento cobra especial relevancia si se considera que, entre 2000 y 2025, la región registró 1.741 desastres, de los cuales el 87% estuvo relacionado con eventos climáticos, con pérdidas acumuladas que superan los 300.000 millones de dólares.
El análisis identifica tres dimensiones que interactúan para configurar el denominado “ciclo de desigualdad–desastre–desigualdad”: la exposición desigual, impulsada por procesos de urbanización no planificada que empujan a las poblaciones más pobres hacia zonas de riesgo; la vulnerabilidad desigual, en la que los hogares de menores ingresos sufren pérdidas proporcionalmente mayores y cuentan con menos mecanismos de protección; y la brecha de resiliencia, que determina si las pérdidas son transitorias o derivan en deterioros permanentes del bienestar.
El documento también advierte sobre el desbalance en la inversión en gestión del riesgo: menos del 1% de la Asistencia Oficial para el Desarrollo destinada a ALC se orienta explícitamente a la reducción del riesgo, a lo que se suma un sesgo en los presupuestos nacionales a favor de la respuesta de emergencia por encima de la prevención y la reducción prospectiva. Este enfoque reactivo perpetúa un ciclo de desastre–respuesta–repetición que erosiona el espacio fiscal de los Estados y profundiza las desigualdades existentes.
Para romper este ciclo, el documento propone una agenda alineada con los hallazgos del Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2025, estructurada en torno a tres ejes —instrumentos, instituciones e infraestructura— que integren la reducción del riesgo de desastres como componente central del desarrollo humano. En este sentido, se reafirma que invertir en reducción del riesgo no solo disminuye pérdidas futuras, sino que constituye una herramienta clave para reducir la desigualdad.