Por qué planificar la recuperación antes de los desastres es clave para el futuro del Caribe

8 de Junio de 2026

Al impulsar enfoques preventivos para la recuperación, la región puede avanzar hacia un futuro más resiliente y sostenible.

PNUD / Michael Atwood

El Caribe se caracteriza por una resiliencia extraordinaria y ambientes impresionantes, pero los peligros extremos amenazan constantemente el progreso socioeconómico. La rápida intensificación del Huracán Beryl en 2024, seguida por el aún más destructivo Huracán Melissa en 2025, puso de manifiesto la vulnerabilidad de la región. En promedio, los desastres cuestan a cada país entre el 1 % y el 2 % de su PIB, lo que genera enormes desafíos fiscales para los pequeños estados insulares.

Si bien el cambio climático ha intensificado estos riesgos, que abarca desde terremotos hasta eventos de lento desarrollo como la sequía y el aumento del nivel del mar, la vulnerabilidad de la región también es estructural. Durante mucho tiempo, la recuperación se ha limitado en reconstruir lo perdido, recreando a menudo las mismas vulnerabilidades. La recuperación debe entenderse, en cambio, como una oportunidad para la transformación. Un reciente diálogo político de alto nivel convocado por el PNUD exploró cómo la recuperación puede servir como una oportunidad para fortalecer la resiliencia e impulsar el desarrollo a largo plazo.

Planificación de la recuperación antes de los desastres

Diseñar una transformación sistémica mientras se atienden simultáneamente las necesidades humanitarias inmediatas es prácticamente imposible. Aquí es donde la planificación de la recuperación ex ante cobra importancia. En pocas palabras, significa planificar la recuperación antes de que ocurra un desastre, de modo que los sistemas ya estén implementados para una acción rápida y coordinada.

Estos enfoques se están implementando a través de alianzas como el Programa de Resiliencia Unión Europea-Caribe (EU-CA-RES) , financiado por la UE, que fortalece los sistemas de recuperación. Este trabajo se basa en el papel de larga data que han jugado socios como la UE y el PNUD en el apoyo a la recuperación posterior a desastres, incluso mediante evaluaciones integrales de necesidades posteriores a desastres (PDNA, por sus siglas en inglés) a través del programa Intra-ACP (África, Caribe y Pacífico) y otros programas. Estas iniciativas aseguran que las estructuras de gobernanza y la financiación se definan con anticipación y se alineen con mecanismos regionales como la Facilidad de Recuperación Resiliente del Caribe (CRRF, por sus siglas en inglés), bajo mandato de CARICOM y liderado por la Agencia de Gestión de Emergencias y Desastres del Caribe (CDEMA, por sus siglas en inglés), que integra la planificación de la recuperación en los sistemas nacionales como práctica estándar.

Poner a las personas en el centro

La recuperación resiliente otorga la misma importancia a la infraestructura, las personas y los medios de subsistencia. Junto con la reconstrucción de los bienes físicos, fortalece los sistemas sociales y económicos. Promover viviendas más seguras mediante estándares regionales, por ejemplo, debe ir de la mano con la capacitación de los constructores informales. También requiere el uso de datos y herramientas de evaluación de riesgos sobre el uso del suelo, la infraestructura y la protección social.

Al mismo tiempo, la recuperación debe salvaguardar los medios de subsistencia. Tras el Huracán Melissa, el Gobierno de Jamaica activó los sistemas nacionales de protección social y de respuesta ante desastres, demostrando cómo la coordinación de estos sistemas puede brindar asistencia inmediata . Para liderar este proceso, la UE apoya la creación de la Agencia Nacional de Recuperación y Resiliencia (NARRA), un organismo nacional especializado que aprovecha el impulso para una recuperación transformadora.

Financiamiento para una nueva trayectoria

En una región con un margen fiscal limitado, los instrumentos financieros deben respaldar la resiliencia a largo plazo. Las herramientas de mitigación de riesgos, como los seguros paramétricos, activan desembolsos rápidos tras fenómenos meteorológicos extremos, proporcionando liquidez inmediata a los gobiernos. En el Caribe, el Fondo de Seguros contra Riesgos de Catástrofes del Caribe (CCRIF) permite a los gobiernos acceder a fondos en un plazo de 14 días, aliviando así la presión fiscal. Cuando estos sistemas financieros se alinean con estrategias de recuperación predefinidas, los países están mejor posicionados para invertir en la reconstrucción que reduzca los riesgos futuros.

Un llamado a la acción

El cambio hacia la planificación de la recuperación ex ante está cobrando impulso. Para sostenerlo, proponemos tres prioridades:

En primer lugar, es fundamental integrar la planificación de la recuperación en los marcos de las políticas nacionales. Cuando los procesos de recuperación están predefinidos, financiados y cuentan con un respaldo institucional, los países pueden actuar con rapidez y eficacia.

En segundo lugar, hay que facilitar el acceso a financiación preestablecida. Esto incluye créditos contingentes, seguros y otras herramientas que garanticen la disponibilidad de recursos para actuar con rapidez y a gran escala.

En tercer lugar, se debe invertir en reforzar capacidades locales y en sistemas de datos. El fortalecimiento de las instituciones nacionales y la mejora del acceso a la información sobre riesgos permiten a los países liderar procesos de recuperación que reflejen sus propias prioridades.

Si bien los riesgos futuros pueden ser inevitables, los retrocesos en el desarrollo a largo plazo no tienen por qué serlo. Al impulsar enfoques preventivos para la recuperación, la región puede avanzar hacia un futuro más resiliente y sostenible.

 

Vea el diálogo político completo "¿Cómo se ve una recuperación resiliente en el Caribe?"