Palabras que atacan: Violencia digital y participación política de las mujeres en ALC
8 de Marzo de 2026
En los últimos 25 años, la participación política de las mujeres ha aumentado en los principales espacios de toma de decisiones públicas en América Latina y el Caribe (ALC). El mayor avance se ha registrado en el poder legislativo. En 2024, la región alcanzó la proporción más alta de escaños ocupados por mujeres en parlamentos nacionales a nivel mundial, con un 36,5%, por encima del promedio de los países de la OCDE (33,3%) y del promedio global (27%). Sin embargo, el aumento de la representación ha estado acompañado de mayores niveles de discriminación y violencia política, dinámicas que los espacios digitales han amplificado y acelerado.
Este #GraphForThought se apoya en datos sobre participación política de las mujeres y violencia digital en ALC para analizar tanto los avances logrados como los obstáculos que limitan su plena inclusión en la política y la vida pública.
La Figura 1 muestra el crecimiento sostenido de la participación femenina en distintos ámbitos políticos en la región. En 2024, la proporción de mujeres en cortes supremas fue cinco veces mayor que en 1998, al pasar de 5,5% a 28,2%. La representación en parlamentos nacionales y concejos municipales también se duplicó durante ese período. En los gabinetes ministeriales, el porcentaje de mujeres aumentó de 17,1% a 30,4%. No obstante, algunos espacios locales muestran mayor resistencia al cambio. En 2024, solo el 15,9% de las alcaldías en la región estaban encabezadas por mujeres, lo que convierte a este ámbito en el de menor representación femenina.
A pesar de estos avances, ALC aún está lejos de alcanzar la paridad de género. A medida que creció la participación femenina, también lo hicieron los desafíos que enfrentan. Entre las barreras persistentes, la violencia política digital se ha convertido en un obstáculo cada vez más relevante. El acoso en línea, el cyberstalking, la desinformación con sesgo de género, las amenazas y la difusión sin consentimiento de información personal se utilizan para intimidar, desacreditar y silenciar a mujeres en la vida pública. La expansión de herramientas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de crear contenidos manipulados altamente realistas, como los deepfakes, ha reducido los costos y aumentado la velocidad y el alcance de los ataques en línea.
Un análisis de perfiles en redes sociales de mujeres en la vida pública en cinco países de ALC encontró que hasta 4 de cada 10 interacciones dirigidas hacia ellas eran violentas. (1) El estudio identificó un uso generalizado de lenguaje hostil específicamente dirigido a atacarlas personalmente, mediante insultos y descalificaciones, en lugar de debatir sus ideas o posturas políticas. Los datos se recopilaron en 2024, año en el que cuatro de los cinco países analizados celebraban elecciones presidenciales, legislativas o locales. En una región altamente polarizada, los ciclos electorales tienden a intensificar la violencia en línea contra las mujeres.
En la mayoría de los países analizados, las formas más frecuentes de violencia buscaban socavar la capacidad de las mujeres para desempeñar sus funciones, a menudo mediante ataques vinculados a su afiliación política y participación cívica. Los mensajes suelen cuestionar su salud mental, ponen en duda que hayan alcanzado sus cargos por mérito propio o descalifican su capacidad intelectual.
Los costos políticos son altos. Estos ataques pueden desalentar la participación de las mujeres en la política y la vida pública, disuadir a candidatas calificadas y reforzar desigualdades en la representación. Sin embargo, esta hostilidad no refleja plenamente las percepciones de la ciudadanía en la región. Datos de la encuesta LAPOP muestran que, en 2023, el 26% de las personas encuestadas en ALC estuvo de acuerdo con la afirmación de que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres, frente al 35% en 2008. Aunque la cifra sigue siendo significativa, la disminución sugiere un mayor reconocimiento de que las mujeres tienen las mismas capacidades de liderazgo.
Las respuestas de política pública deberían reconocer la continuidad en la violencia dentro y fuera de espacios digitales, tratando los ataques en línea como señales tempranas de alerta que requieren prevención, apoyo psicosocial y asistencia legal oportuna. Mejorar la detección de contenidos dañinos y fortalecer la sensibilización pública puede contribuir a la prevención y apoyar a las mujeres en la denuncia de abusos. Se necesitan marcos regulatorios más sólidos y mecanismos de supervisión independientes para garantizar la rendición de cuentas de las plataformas, junto con cooperación regional para intercambiar buenas prácticas y coordinar acciones.
En contextos donde la desigualdad de género es persistente, avanzar en la participación de las mujeres de manera sostenida y significativa sigue siendo fundamental. La evidencia para países en desarrollo muestra que mayores niveles de representación política femenina se asocian con una mejor provisión de servicios de educación y salud, un desempeño institucional más sólido y una gobernanza efectiva. El liderazgo femenino también se vincula con mejores resultados en salud infantil, mayor compromiso con la protección de los derechos humanos, políticas fiscales más progresivas y menores niveles de corrupción. Una mayor representación en los parlamentos impulsa la descentralización fiscal y fortalece las democracias locales, mientras que las alcaldesas tienden a mostrar mayores niveles de transparencia en el ejercicio de sus funciones. Promover la participación de las mujeres no es solo una cuestión de igualdad, sino también una vía hacia instituciones más eficaces, mejores resultados públicos y democracias más sólidas.
(1) Los porcentajes relativamente bajos de interacciones violentas detectados para algunos países no implican la ausencia de violencia digital contra las mujeres. Este tipo de violencia puede manifestarse no solo en espacios públicos, sino también en canales privados. Además, es posible que las mujeres opten por limitar su presencia en redes sociales para evitar ataques, lo que reduce su visibilidad y, en consecuencia, el volumen de interacciones observables. Asimismo, algunos países incluidos en el estudio cuentan con menos mujeres ejerciendo la política que otros, en parte debido a diferencias en el tamaño de la población, lo que puede influir en la cantidad de interacciones registradas.