El futuro del desarrollo más allá de 2030
15 de Septiembre de 2026
El mundo del desarrollo ha entrado en una nueva era de complejidad, impulsada por profundos cambios geopolíticos, el auge de la inteligencia artificial (IA) y las tecnologías digitales, la aceleración de los impactos del cambio climático, el aumento de las desigualdades entre países y dentro de ellos, y otros factores de cambio. A medida que el mundo cambia, también están evolucionando los paradigmas, las políticas y las prácticas fundamentales del desarrollo. Junto con la necesidad de acelerar la implementación y ampliar el financiamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el actual momento de cambio implica también una transformación de los paradigmas y las políticas de desarrollo.
La Cumbre sobre los ODS de 2027 será un hito decisivo. El Pacto para el Futuro invita al Foro Político de Alto Nivel de la Asamblea General a considerar cómo impulsar el desarrollo sostenible de aquí a 2030 y más allá, mientras que el “Informe mundial sobre desarrollo sostenible 2027” aportará una importante base científica. Durante el próximo año, los gobiernos, la sociedad civil, la academia, los centros de pensamiento y las entidades de las Naciones Unidas debatirán cada vez más sobre la forma que debería adoptar un marco para el futuro.
Una contribución a este debate es Más allá de 2030: Una arquitectura de la transformación para lograr el desarrollo sostenible. El nuevo documento de política del PNUD replantea la agenda posterior a 2030, no como una mera sucesión de objetivos, sino como una cuestión de gobernanza de la transformación. Los ODS crearon un lenguaje común, una arquitectura de seguimiento y presentación de informes y una base para la movilización, pero la reformas institucionales, financieras, ecológicas y de rendición de cuentas a las que dieron origen fueron limitadas. Solo el 35% de las metas para las que existen datos de tendencia disponibles están bien encaminadas o muestran avances moderados, mientras que el 18% ha retrocedido. Cerrar esta brecha entre las aspiraciones y la transformación será fundamental de cara a la Cumbre.
Toda nueva agenda deberá también hacer frente a la fragmentación geopolítica y a las presiones sobre el multilateralismo. La paz, los derechos humanos y el respeto del derecho internacional son condiciones habilitantes para una transformación sostenible. Los ODS no abordaron suficientemente la forma en que los legados coloniales y las relaciones de poder desiguales configuran las vulnerabilidades y responsabilidades actuales. Los objetivos universales permitieron establecer un propósito común, pero también ocultaron la existencia de vías de desarrollo distintas, huellas ecológicas desiguales, la dependencia del endeudamiento, las relaciones comerciales y de inversión extractivas y las desigualdades en la influencia sobre la toma de decisiones a nivel mundial. Más allá de 2030 debe combinar compromisos comunes con vías diferenciadas, margen de acción en materia de políticas y apoyo internacional.
Proponemos una cadena que vaya del diseño a la implementación: ambiciones compartidas basadas en siete principios; operacionalizadas mediante seis niveles de implementación —gobernanza y secuenciación de las vías de transformación, gobernanza multinivel, rendición de cuentas y revisión independiente, financiamiento, conocimiento y medición, y gobernanza de ámbitos emergentes—; traducidas en compromisos verificables; e implementadas mediante ocho vías interconectadas, adaptadas a los contextos nacionales.
Estas vías abarcan alimentación; energía; ciudades y territorios; protección social y trabajo decente; educación, salud y cuidados; conectividad digital e IA; biodiversidad y resiliencia climática; y financiamiento y deuda. Cinco entornos geopolíticos sirven como pruebas, a la vez que la medición, la revisión y el aprendizaje adaptativo permiten retroalimentar los resultados y mejorar la implementación.
Algunas de las recomendaciones incluyen:
- La pregunta decisiva post-2030 no es simplemente qué debería reemplazar al catálogo de objetivos y metas, sino qué estructura de gobernanza puede hacer posible la transformación. Los objetivos y los indicadores siguen siendo necesarios, pero deben estar vinculados a mandatos, presupuestos, sistemas de implementación, responsabilidades específicas de los distintos actores, mecanismos de revisión independiente y acciones correctivas. El seguimiento debe complementar el PIB y el grado de cumplimiento de las metas con medidas de bienestar, desigualdad, integridad ecológica, resiliencia y efectos indirectos transfronterizos, y utilizar posteriormente esta evidencia para impulsar un aprendizaje adaptativo.
- La seguridad ecológica debe ocupar un lugar central en los paradigmas y las políticas de desarrollo. Un marco creíble de Más allá de 2030 debe evaluar el progreso en función de si mejora el bienestar humano y, al mismo tiempo, garantiza la resiliencia del clima, la biodiversidad, los océanos, el agua y los ecosistemas terrestres del planeta, abordando además las cuestiones de justicia relacionadas con las vulnerabilidades diferenciadas y las responsabilidades históricas.
- La ambición universal debe combinarse con vías diferenciadas. El próximo marco debe preservar un propósito colectivo compartido, reconociendo al mismo tiempo las capacidades desiguales, las responsabilidades históricas, las huellas ecológicas, las restricciones fiscales y las necesidades específicas de desarrollo de los países que enfrentan vulnerabilidades estructurales.
- El financiamiento, la deuda y el espacio fiscal deben considerarse condiciones de diseño, y no cuestiones secundarias de la implementación. Los compromisos de Más allá de 2030 deben estar acompañados de vías de financiamiento con costos definidos, evaluaciones de sostenibilidad de la deuda, planes de inversión pública, financiamiento concesional y donaciones, así como mecanismos de implementación creíbles.
- La legitimidad local y el espacio cívico deben considerarse condiciones para la transformación. Las prioridades mundiales solo serán creíbles si se definen mediante procesos significativos de codiseño a nivel local, un acceso seguro de la ciudadanía a la información y a la participación, financiamiento descentralizado, datos comunitarios y mecanismos que permitan que las experiencias vividas y las visiones de futuro a nivel local influyan en las decisiones y en la implementación.
- La tecnología y la IA deben abordarse como factores centrales de los desafíos y las oportunidades del desarrollo. Los sistemas digitales y de IA están transformando la prestación de servicios, los mercados laborales, las capacidades institucionales y la confianza pública. Más allá de 2030 debe garantizar que la transformación digital y de la IA no profundice las desigualdades entre países ni dentro de ellos, mediante un enfoque centrado en la inclusión, la transparencia, la responsabilidad ecológica y una gobernanza preparada para el futuro que permita una supervisión y una gestión de riesgos eficaces.
- El próximo marco debe ser sólido frente a las presiones geopolíticas, fiscales, ecológicas y democráticas. Una arquitectura creíble debe poder funcionar en un contexto de cambios en el multilateralismo, fragmentación geopolítica, fragilidad de los procesos democráticos, desarrollo limitado por el endeudamiento, gobernanza bajo presión climática y entornos políticos caracterizados por bajos niveles de confianza, combinando principios colectivos con sistemas de implementación adaptados a cada contexto.
- Jamaica y otros pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) muestran por qué esta arquitectura es importante. La alineación con los objetivos mundiales puede mejorar la coherencia de las políticas, pero por sí sola no puede superar los riesgos climáticos y de desastres, la fragilidad ecológica, las estructuras económicas estrechas, el endeudamiento, el limitado espacio fiscal y la exposición a shocks externos. Por ello, la vulnerabilidad multidimensional y la resiliencia deben complementar las mediciones basadas en los ingresos y orientar el apoyo internacional.
El debate sobre la agenda posterior a 2030 que está cobrando forma no se limita a determinar si los ODS se extenderán, revisarán o reemplazarán. El desafío más profundo es sistémico: concebir una arquitectura colectiva capaz de gobernar transiciones complejas en los sistemas ecológicos, sociales, económicos, tecnológicos, institucionales y financieros. Una arquitectura de este tipo desplazaría la atención de la definición de objetivos hacia la transformación de los sistemas, con un énfasis central en hacer que la transformación sea viable y pueda llevarse a la práctica.