Cuando la cultura es desarrollo

21 de Julio de 2026

América Latina y el Caribe posee un activo estratégico que durante mucho tiempo ha sido subestimado: su riqueza cultural.

La final de la Copa Mundial de la FIFA es el evento televisado más visto del mundo. Este año, América Latina y el Caribe brilló por partida doble ante más de mil millones de personas. 

Nuestra región fue protagonista de la final del mundial no solo a través de los jugadores que disputaron el torneo, sino también a través de la música, enviando al mundo un mensaje de unidad, armonía y esperanza. Bajo la dirección del maestro venezolano Gustavo Dudamel, integrantes de la Filarmónica de Nueva York y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela interpretaron juntos una presentación histórica.

La alianza que desde hace más de dos décadas mantenemos desde el PNUD con Gustavo Dudamel y el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (“El Sistema”), me regaló esta semana la oportunidad de recibir en nuestra sede a integrantes de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.  Un grupo extraordinario de jóvenes entre 18 y 28 años que viajaron de una Venezuela que inicia un profundo proceso de sanación y recuperación después de los devastadores terremotos, hacia la ciudad de Nueva York para colaborar con una de las orquestas más importantes del mundo y llevar el poder transformador de la música a todos los rincones del planeta, bajo la dirección del maestro venezolano—un hecho histórico que nos debe llenar de profundo orgullo como región.

La música no borra el sufrimiento ni reemplaza la urgencia, pero sí puede hacer algo profundamente humano: unir a las personas, mantener viva la esperanza y recordar al mundo que, incluso en medio de la tragedia, la colaboración y la creatividad siguen siendo una fuerza capaz de eliminar fronteras, producir armonía y crear belleza.  Así lo demostraron rompiendo el paradigma de la música clásica como algo elitista y excluyente, integrándola con el pop, el rock y el afro-fusion de un elenco de artistas que incluyó a-- la también latinoamericana y caribeña-- Shakira, Madonna, Justin Bieber, BTS, Burna Boy y el Coro PS 22 (con la participación de Coldplay). 

Ese momento simbólico también refleja un fenómeno más amplio. Cada vez más, la cultura de nuestra región ocupa los escenarios internacionales. Desde la música y el cine hasta la gastronomía y el turismo, la región llega hoy a millones de personas a través de sus expresiones culturales que reflejan nuestra esencia. Esto invita a una pregunta más profunda: ¿puede la creciente visibilidad cultural de nuestra región convertirse en un motor de desarrollo, inclusión y cohesión social?

América Latina y el Caribe posee un activo estratégico que durante mucho tiempo ha sido subestimado: su riqueza cultural. Con el 8 por ciento de la población mundial, concentra cerca del 10 por ciento de los sitios de Patrimonio Mundialseis de los diecisiete países megadiversos y más de 300 lenguas indígenas. Esa diversidad despierta hoy un creciente interés internacional y ofrece una oportunidad única para impulsar el desarrollo.

La evidencia es cada vez más visible. Artistas latinoamericanos y caribeños lideran rankings musicales, las producciones audiovisuales de la región reciben los máximos reconocimientos internacionales y millones de personas descubren la región a través de su cultura. En 2026, las búsquedas para aprender español aumentaron significativamente tras el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl protagonizado por el artista Bad Bunny. Ese mismo año, por primera vez, un álbum en español ganó el Grammy al Álbum del Año. El mundo está escuchando a América Latina y el Caribe como nunca antes. 

Pero la visibilidad no se traduce automáticamente en desarrollo.

Hoy la región emplea alrededor del 6,9 por ciento de su fuerza laboral en actividades creativas, por encima del promedio global. Sin embargo, sigue rezagada en el registro de marcas, patentes y diseños industriales. En otras palabras, crea mucho valor, pero captura menos del que podría. Al mismo tiempo muchos creadores enfrentan la informalidad, acceso limitado al financiamiento y escasa protección de su propiedad intelectual. 

Invertir en cultura significa mucho más que apoyar un sector económico. Significa invertir en personas, crear comunidad y construir identidad. Cada escuela de música, biblioteca, centro cultural o espacio artístico amplía capacidades, fortalece comunidades y abre oportunidades para que niños, niñas y jóvenes desarrollen plenamente su potencial. La creatividad también construye ciudadanía, fortalece la confianza y crea vínculos donde muchas veces existen divisiones. 

Por eso, transformar la visibilidad internacional en desarrollo exige construir ecosistemas que permitan que ese talento florezca. Se necesitan políticas que fortalezcan las industrias creativas, impulsen la innovación, amplíen el acceso al financiamiento, protejan el patrimonio cultural y conecten el reconocimiento global con oportunidades locales.

Este ha sido el motor detrás de la alianza entre Gustavo Dudamel, El Sistema y PNUD, alianza sobre la cual construimos después de los catastróficos terremotos que azotaron a Venezuela para crear una campaña mundial que está movilizando recursos y alianzas a favor de una recuperación resiliente, con dignidad y centrada en las personas a la cual todos pueden sumarse.  Esta campaña incluirá “Un Concierto por Venezuela” el próximo 23 de agosto en Los Ángeles, California, que destinará el 100% de las entradas a la plataforma de crowdfunding a la cual todos y todas pueden aportar.

Cuando la Filarmónica de Nueva York y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar compartieron escenario en la final del Mundial de fútbol, los breves minutos del homenaje que conectó todos nuestros corazones con nuestros hermanas y hermanos venezolanos fueron poderosos. Pero su efecto, puede trascender el tiempo y el espacio, al transformar nuestro imaginario colectivo como región – especialmente el de nuestras juventudes –expandiendo el horizonte de lo posible. 

Eso es la cultura. Parte inesperable de nuestra historia. En las horas más difíciles, nos permite procesar colectivamente el dolor y al mismo tiempo, soñar juntos nuestro futuro. Que cuando América Latina y el Caribe brille por partida doble este domingo, además de inspirar al mundo, nos reconozcamos como sociedad y hagamos de la cultura un motor de desarrollo y construcción colectiva de nuestro porvenir.