Construir resiliencia a través de la movilidad humana en América Latina y el Caribe

17 de Diciembre de 2025
Silhouetted children with backpacks walking in a line at sunset, mountains in the background.

La región de América Latina y el Caribe (ALC) atraviesa una profunda transformación en sus dinámicas de migración y desplazamiento. En septiembre pasado, se celebró en Colombia el 15.º Foro Global sobre Migración y Desarrollo, una excelente oportunidad para renovar y promover el enfoque 360° del PNUD sobre movilidad humana y desplazamiento. Este enfoque busca que las personas en movimiento —y sus países y comunidades de origen y destino— puedan ampliar los beneficios de la movilidad humana para fortalecer su resiliencia y desarrollo.

Durante décadas, la región fue principalmente un lugar de emigración. Hoy, ALC es también un destino clave y una zona de tránsito para personas migrantes y poblaciones desplazadas por la fuerza. La región dejó de ser solo un punto de partida: ahora es un destino, un corredor de tránsito y un lugar de retorno. En 2024, hubo 84 millones de personas desplazadas internamente en el mundo, y América Latina y el Caribe concentró a 20 millones de ellas, lo que representa el 23% (casi una cuarta parte) del total global. La región enfrenta múltiples desafíos vinculados al aumento de la inmigración, incluido el éxodo de 6,8 millones de venezolanos desde 2015, de los cuales 85% se ha asentado en países vecinos dentro de ALC. Entre 2016 y 2024, 1,4 millones de personas fueron forzadas a retornar al norte de Centroamérica. La movilidad climática se ha convertido en un motor central de la migración: en 2024 motivó 2,1 millones de desplazamientos solo en las Américas. Brasil registró 745.000 desplazamientos por lluvias asociadas a La Niña, mientras que Perú y Chile enfrentaron importantes desplazamientos causados por inundaciones.

Nuevas dinámicas migratorias han surgido, junto con percepciones negativas persistentes sobre la población migrante, que continúan siendo un reto importante para la cohesión social y el desarrollo en la región.

Estos cambios exigen una nueva mirada, que integre esfuerzos humanitarios, de desarrollo y de construcción de paz para fortalecer la resiliencia y promover un crecimiento inclusivo. Para responder a este contexto cambiante, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) basa su acción en el nexo Acción Humanitaria–Desarrollo–Paz (HDP por sus siglas en inglés), un marco que reconoce la interconexión entre las crisis. La movilidad humana no es una emergencia temporal; es un fenómeno estructural moldeado por la pobreza, la desigualdad, el cambio climático y las brechas de gobernanza. Para abordarla no basta con la asistencia humanitaria: se requiere de estrategias de desarrollo de largo plazo y esfuerzos de paz que fortalezcan la resiliencia y la inclusión, considerando los contextos y necesidades nacionales y locales.

La respuesta integrada del PNUD: acción local con impacto regional

La Estrategia Regional del PNUD sobre Movilidad Humana y Desarrollo Sostenible define diez prioridades estratégicas, reforzadas por análisis recientes sobre cómo consolidar las oportunidades que ofrece la migración. A modo de ejemplo, cuatro que han sido centrales para nuestro trabajo son:

  • Fortalecimiento de la gobernanza local: En el área del Trifinio, en Guatemala, el PNUD capacitó a líderes comunitarios y autoridades municipales para integrar la movilidad humana en la planificación del desarrollo. Los planes estratégicos incluyen ahora metas sobre reintegración, utilización de remesas y cohesión social.
  • Integración socioeconómica de personas migrantes: La iniciativa INTEGRA en Ecuador apoyó a 12 gobiernos locales en la promoción de emprendimientos y servicios de empleo para migrantes y comunidades de acogida, con énfasis en el empoderamiento económico de las mujeres.
  • Reintegración de personas retornadas: A través de la iniciativa de Respuesta Trinacional, el PNUD en Honduras brindó formación y capital semilla a 56 mujeres desplazadas, promoviendo su autonomía económica y articulando la asistencia humanitaria con la construcción de paz.
  • Promoción de la cohesión social: La iniciativa Banco Amable en Colombia movilizó a personas migrantes y locales como voluntariado ciudadano para resolver desafíos comunitarios, reducir la xenofobia y fortalecer la convivencia.

 

Lecciones aprendidas

La experiencia del PNUD en ALC demuestra que es posible construir resiliencia a través de la movilidad humana cuando las respuestas son locales, sensibles al género, basadas en datos y coordinadas a nivel regional. Los municipios son actores clave en la gestión de la migración y el desplazamiento, y su fortalecimiento mediante capacitación y planificación estratégica genera resultados sostenibles. Los programas con enfoque de género aseguran que las mujeres —a menudo desproporcionadamente afectadas— no solo estén protegidas, sino también empoderadas como agentes de cambio. Contar con datos confiables permite intervenciones más precisas y un seguimiento efectivo, mientras que la cooperación transfronteriza facilita soluciones compartidas a desafíos comunes.

Tendencias futuras de la migración y el desplazamiento en ALC

El futuro de la movilidad en ALC estará determinado por impactos climáticos crecientes, dinámicas geopolíticas cambiantes y presiones económicas. Solo la movilidad climática podría desplazar internamente hasta a 17 millones de personas para el año 2050. El endurecimiento de las políticas migratorias redirigirá los flujos y generará cuellos de botella en los países de tránsito. A medida que nuevos destinos vayan cobrando importancia, se espera que los países del Caribe reciban un mayor número de llegadas, incluidos migrantes extracontinentales. Los retornos forzados seguirán presionando las economías locales y los servicios públicos a la vez que la volatilidad de las remesas podría aumentar la vulnerabilidad de las comunidades dependientes. Del mismo modo, el desplazamiento forzado aumentará en zonas marcadas por pobreza, economías ilícitas y débil presencia estatal. Estas tendencias demandan una gobernanza anticipatoria y marcos de política adaptativos, que sean a a la vez, relevantes a nivel local y coordinados a nivel regional.

Abordar el espectro completo de los desafíos de movilidad humana en América Latina y el Caribe requiere de una respuesta multidimensional, coordinada y del fortalecimiento de la coherencia entre la acción humanitaria, el desarrollo sostenible y la construcción de paz en la implementación de estrategias para las poblaciones desplazadas y migrantes.

Las soluciones deben abarcar seis áreas temáticas críticas: 

i. el fortalecimiento de las capacidades institucionales de las autoridades nacionales y locales mediante la planificación estratégica, la formación y los sistemas de información; 

ii. la promoción de la reintegración socioeconómica de las personas retornadas mediante programas de generación de ingresos, inclusión financiera y la particiáción del sector privado; 

iii. el potenciamiento de las remesas para el desarrollo personal y local a través de la educación financiera, la promoción del emprendimiento y la participaciónde la diáspora; 

iv. la maximización del aporte de las personas migrantes al desarrollo local y nacional mediante capacitaciones, intermediación laboral y reformas regulatorias; 

v. el fomento de la cohesión social y el abordaje de la xenofobia a través de la promoción del diálogo, campañas de sensibilización y redes comunitarias de apoyo y; 

vi. La integración de la movilidad climática en las estrategias nacionales de adaptación, incluyendo evaluaciones de riesgo climático y la planificación de infraestructura resiliente.