Conectando con nuevas capacidades: una canasta básica digital (Parte 2)

Posted 25 de Julio de 2022
Señora con canasta de mimbre llena de equipo digital

Empresarias recibieron canastas digitales que incluyeron equipo tecnológico y capacitaciones

Fotografía Tammy Cabrera/ PNUD El Salvador

En la primera parte de esta serie de blogs, planteé que el acceso y capacidad para el uso de las herramientas digitales son importantes métricas de inclusión. En esta segunda publicación, narro los principales hallazgos de dos experimentos relacionados con el reto de digitalización inclusiva, realizados en el sector turístico de El Salvador.

Sabemos que las tecnologías digitales tienen el potencial de ayudarnos a atender los actuales desafíos de desarrollo, así como contribuir a la ampliación y mejora de los servicios públicos en educación, salud y seguridad ciudadana. Sin embargo, en contextos de extensas brechas digitales, estas mismas tecnologías pueden ampliar aún más las desigualdades pre-existentes.

El proyecto Digi-Chiquihuites del PNUD ha sido parte de la respuesta de recuperación temprana frente al COVID-19, en asocio con el Ministerio de Turismo (MITUR) y el Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU). El proyecto co-diseñó una serie de canastas básicas digitales, que incorporan un smartphone, acceso a ocho semanas de capacitación presenciales y virtuales, así como paquetes de conectividad móviles, para apoyar a micro y pequeños empresarios del sector turísticos del país, uno de los más vulnerables y golpeados por la pandemia: en su mayoría conformado por mujeres (78%), con edad promedio superior a los 47 años, con baja escolaridad (solo 9.1% con estudios universitarios) y donde 14.3% sufre analfabetismo.

El portafolio de experimentos realizado por el Laboratorio de Aceleración del PNUD probó la efectividad de las canastas con este grupo y obtuvo resultados significativos en lo relativo a la generación de actitudes positivas, conocimientos y confianza en las herramientas digitales, entre las personas que participaron de forma directa en el proyecto.

En específico, luego de implementada la intervención, las micro y pequeñas empresarias mostraron incrementos en las actitudes positivas hacia el uso de tecnologías digitales de un 16.9%, en comparación con la condición de control, así como mejoras de 30.2% en conocimientos sobre el uso de tecnologías digitales en sus negocios. Además, las participantes del proyecto mostraron incrementos de 29.8% en las habilidades para realizar cobros por medio digitales y 28.9% de incremento en conocimientos para promocionar sus negocios a través del Internet. Por último, se observó aumentos de 15.6%en la sensación de seguridad del manejo del dinero por medios digitales, como banca en línea, transferencias, cobros y pagos por medio del celular.

Otra buena noticia es que los beneficios de las tecnologías digitales también pueden adquirirse indirectamente a través de la figura de “ayudantes digitales”. Es decir, por medio de terceras personas asistiéndoles en el uso de estas herramientas; aunque desafortunadamente esto sucede con algunas limitantes. En primer lugar, a pesar de que se observó incrementos significativos en este segundo grupo tratado (indirecto), con respecto a la condición de control, en la mayoría de los casos los tamaños de estos efectos fueron aproximadamente la mitad de los obtenidos a través de la participación directa en el proyecto. Otra diferencia importante es que el grupo que participó por medio de sus ayudantes digitales no mostró mejoras en su sensación de seguridad para gestionar el dinero por medios digitales.

Fuente: elaboración propia

Es importante decir que para probar si las canastas fueron realmente capaces de generar cambios en la disposición a utilizar tecnologías digitales, así conocimiento y confianza en estas herramientas, se empleó una metodología cuasi-experimental conocida como Diferencia-en-Diferencias (DiD), que permitió estimar los efectos de la intervención a partir de las diferencias entre el antes y el después de cada grupo, así como las diferencias entre los grupos (tratamiento y control).

En particular, los experimentos realizados se basaron en dos grupos de tratamiento y un grupo de control. Este último sirvió como grupo de comparación y permitió inferir qué hubiera ocurrido en ausencia del tratamiento, lo que se conoce también como resultado contrafactual. El grupo de tratamiento 1 estuvo conformado por 110 microempresarias de parques turísticos de la red del ISTU, que recibieron las canastas digitales de manera directa. El grupo de tratamiento 2 lo conformaron 56 emprendedoras que recibieron las canastas digitales de manera indirecta, a través de sus ayudantes. Finalmente, el grupo de control se conformó por 145 personas microempresarias del Mercado Ex-cuartel de San Salvador, elegido por el parecido de sus comerciantes y tipo de negocio, con el de aquellas personas inscritas en Digi-Chiquihuites.

Finalmente, Digi-Chiquihuites ha contribuido no solo a atender a uno de los sectores más vulnerables, sino también a generar aprendizajes replicables. Es así que el modelo de canastas de servicios básicos digitales es realmente prometedor para la reducción de las brechas digitales y es posible continuarse escalando a nuevas iniciativas. Sin embargo, esto solo es el comienzo e invitamos a seguir aprendiendo sobre nuevas variantes de canastas, los aportes de sus componentes y en particular, su configuración ideal en función de los diversos perfiles de personas y negocios a las que estas canastas puedan ser dirigidas.

"Otra buena noticia es que los beneficios de las tecnologías digitales también pueden adquirirse indirectamente a través de la figura de “ayudantes digitales”.
Víctor Tablas, Jefe de Experimentación Laboratorio de Aceleración del PNUD en El Salvador