Discurso del Administrador del PNUD en ocasión de la primera sesión anual de la Junta Ejecutiva 2026

3 de Febrero de 2026

El siguiente discurso se presenta tal y como se preparó para su entrega.

 

1. Introducción

Señor Presidente,

Distinguidos miembros de la Junta Ejecutiva:

Es un honor dirigirme a ustedes por primera vez como Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Agradezco al Secretario General de las Naciones Unidas y a los Estados Miembros la confianza que han depositado en mí para dirigir el PNUD en este momento decisivo.

También deseo expresar mi profundo agradecimiento a mi predecesor, Achim Steiner, al Administrador Asociado, Haoliang Xu, y a ustedes, los miembros de la Junta Ejecutiva, por su orientación y apoyo.

Asumo este cargo en circunstancias que pondrán a prueba y definirán la credibilidad y la pertinencia del multilateralismo.

Los conflictos se propagan más rápidamente que la diplomacia.

Las conmociones climáticas se están intensificando y su costo es cada vez mayor.

La desigualdad sigue siendo elevada y los avances en la reducción de la pobreza mundial se han estancado.

No se trata de perturbaciones temporales. Son fracturas estructurales que someten a las sociedades a una gran presión, debilitan las instituciones y ponen a prueba la solidez de nuestra determinación colectiva para responder a ellas.

En conjunto, están socavando algo más fundamental: la confianza.

La confianza en que podemos resolver los problemas mundiales. La confianza en que la cooperación internacional sigue marcando una diferencia real en la vida de las personas. La confianza en que nuestro futuro común se basa en la solidaridad y los valores comunes.

Al mismo tiempo, las expectativas respecto de las Naciones Unidas, y del PNUD, nunca han sido tan elevadas, incluso cuando los recursos se ven sometidos a una presión cada vez mayor.

Restablecer esa confianza tal vez sea el mayor desafío de nuestra generación.

Y define la tarea que tenemos por delante.

Nuestra responsabilidad no es solo obtener resultados en materia de desarrollo.

Es también restablecer la confianza en que la cooperación multilateral puede adaptarse y obtener resultados de manera justa y eficaz, allí donde más se necesita.

Así pues, la pregunta fundamental que se nos plantea es clara: ¿cómo honramos esa confianza y aportamos esperanza para el futuro?

Para responder a esa pregunta, considero que la Junta Ejecutiva no es solo un órgano de supervisión, sino también un asociado estratégico que ayuda al PNUD a mantenerse centrado, transparente y con capacidad de respuesta ante los Estados Miembros y las personas a las que prestamos servicios.

 

2. Balance: el PNUD ha cumplido

Antes de referirme al futuro, permítanme hacer un breve balance.

Al término del año pasado, finalizó el Plan Estratégico 2022-2025. Y puedo afirmarlo claramente: el PNUD ha cumplido en lo que atañe a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

  • En materia de pobreza y desigualdad, el PNUD apoyó reformas en países en los que en total residen más de 5000 millones de habitantes, centrándose en los sistemas que determinan los ingresos, las oportunidades y el acceso a servicios. Se estima que la asociación entre el PNUD y el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, junto con los países, ha contribuido a salvar 4,7 millones de vidas.
  • En materia de gobernanza, el PNUD apoyó la participación de más de 911 millones de votantes empadronados en 78 elecciones celebradas en 51 países.
  • En lo que respecta a la resiliencia, el PNUD reforzó la capacidad de prevención de conflictos en más de 80 países y prestó apoyo a más de 19 millones de desplazados internos. También cabe destacar que, durante el último decenio (2015-2025), el PNUD contribuyó a movilizar 2.200 millones de dólares (de los Estados Unidos; a partir de ahora simplemente "dólares") en fondos para la estabilización, beneficiando a más de 20 millones de personas.
  • En lo relativo al medio ambiente, por medio de nuestro Compromiso con la Naturaleza, el PNUD ayudó a proteger y restaurar 43 millones de hectáreas de ecosistemas.
  • En cuanto a la energía, hemos prestado apoyo a los países para acelerar la transformación de los sistemas energéticos, fortaleciendo los medios de vida e impulsando el crecimiento sostenible, basándonos en nuestra labor, que ha beneficiado directamente a más de 82 millones de personas e indirectamente a más de 100 millones.
  • En relación con el clima, por medio de nuestra iniciativa Climate Promise, el PNUD prestó apoyo a más del 90 % de los países en desarrollo para diseñar y llevar a la práctica ambiciosas contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN). Este liderazgo fue reconocido recientemente por el Secretario General de las Naciones Unidas, quien pidió al PNUD que liderara el esfuerzo de todo el sistema de las Naciones Unidas para apoyar a los países en la siguiente fase crítica de ejecución de esos planes.
  • En materia de igualdad de género, mediante iniciativas como la Plataforma para la Justicia de Género, junto con ONU Mujeres, apoyamos a más de 40 países a prevenir la violencia de género y responder a ella, y a fortalecer el liderazgo de las mujeres, porque el desarrollo sin defender los derechos de las mujeres no es un auténtico desarrollo.

También ayudamos a armonizar y movilizar más de 920.000 millones de dólares para la consecución de los ODS, desbloqueando financiación pública y privada, acelerando la inversión sostenible y generando ingresos destinados a las prioridades impulsadas por los países.

Y más importante aún, el PNUD no solo está respondiendo a las crisis actuales. Nos anticipamos a las del futuro, abordando los riesgos que afectan a la naturaleza, el clima, la paz y la prosperidad.

También ayudamos al sistema de las Naciones Unidas a obtener mejores resultados por conducto de los socios que acogemos.

  • Por medio de los Voluntarios de las Naciones Unidas, el año pasado más de 17.000 voluntarios trabajaron con comunidades en 172 países.
  • Como un activo de todo el sistema de las Naciones Unidas, en 2025 la Oficina de los Fondos Fiduciarios de Socios Múltiples desembolsó más de 860 millones de dólares entre 41 entidades de las Naciones Unidas y 111 países.
  • Por conducto de la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur (UNOSSC), el centro de coordinación mundial de las Naciones Unidas para la cooperación Sur-Sur y triangular, y del propio PNUD, ayudamos a los países a ampliar las soluciones basadas en la experiencia compartida y en la implicación nacional. En particular, la UNOSSC facilitó la ejecución de proyectos de fondos fiduciarios de cooperación Sur-Sur y triangular en 50 países en desarrollo.
  • En 2025, el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC) finalizó una importante reorganización y resurgió como el fondo específico del sistema de las Naciones Unidas para reducir el riesgo de los países y mercados más rezagados. El FNUDC revitalizado responderá a un llamamiento urgente a la acción: "atraer" capital público y privado y amplificar el impacto del sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo en los lugares en que la financiación es más difícil y las necesidades son mayores.

En el aspecto financiero, en 2025 el PNUD mantuvo la ejecución de proyectos a pesar de un entorno de financiación excepcionalmente limitado y en deterioro en todo el sector del desarrollo.

Las contribuciones totales están bien encaminadas para alcanzar los 4.770 millones de dólares, en tanto que se espera que la ejecución de programas ascienda a 4.780 millones de dólares, ligeramente por encima de la meta.

Sin embargo, la financiación básica sigue siendo un punto crítico.

Se prevé que las contribuciones básicas lleguen a los 442 millones de dólares. Para 2026, el PNUD prevé nuevos recortes drásticos, del 11 %, en su financiación básica ya escasa. Este año se prevé que dispondremos de una financiación básica de 188 millones de dólares menos que la recibida en 2024.

A menos que se revierta la erosión de la financiación básica, el PNUD no podrá mantener el nivel de calidad, integridad y rendición de cuentas de la ejecución de proyectos que los Estados Miembros exigen con razón. Esto es importante porque los recursos básicos permiten al PNUD cumplir su mandato fundamental y actuar donde los riesgos son mayores y las necesidades más acuciantes.

Ya hemos tomado medidas difíciles pero necesarias para adaptarnos. Si esta situación continúa, será necesario adoptar nuevas medidas.

El PNUD actuó con rapidez en tres frentes relacionados entre sí: la gestión presupuestaria, la adaptación de la plantilla y la relocalización, con el fin de salvaguardar la prestación de servicios y mantener la disciplina financiera. Al mismo tiempo, seguimos centrándonos en el futuro mediante inversiones estratégicas y la movilización de recursos.

En 2025 redujimos nuestro presupuesto institucional y nuestro presupuesto por programas básico en más de 80 millones de dólares. Para 2026, proyectamos una nueva reducción de 113 millones de dólares y revisaremos nuestro presupuesto a lo largo del año en función de los ingresos básicos y no básicos. Cuando sea necesario, tomaremos decisiones a principios de año, como hicimos en 2025.

Aunque 91 centavos de cada dólar invertido en el PNUD ya se destinan directamente a programas y servicios, sabemos que debemos mantenernos centrados y disciplinados, y seguir basando nuestro trabajo en las realidades locales de las personas y las comunidades a las que servimos.

Desde principios de 2025, estas medidas se han aplicado como parte de un esfuerzo más amplio por fortalecer la eficacia institucional del PNUD en un momento de disminución de los recursos básicos. En conjunto, nos permiten cumplir con realismo y resiliencia el Plan Estratégico 2026-2029 aprobado por esta Junta Ejecutiva.

El PNUD también está pasando a utilizar un modelo de centros globales distribuidos. Nueva York sigue siendo nuestro centro global para el liderazgo institucional, el compromiso multilateral y la cooperación en todo el sistema. Nuestro mandato, nuestra presencia universal y nuestro compromiso con los países en que se ejecutan programas siguen inalterables.

Al mismo tiempo, estamos estableciendo nuestra presencia en otros lugares estratégicos, como Bonn y Madrid, y estamos muy agradecidos a los Gobiernos de Alemania y España. También hemos trasladado puestos de Nueva York a nuestras oficinas regionales. En la actualidad, el 88 % del personal del PNUD trabaja en países en que se ejecutan programas y en centros regionales.

La relocalización tiene tres objetivos.

En primer lugar, alianzas más sólidas, acercando el asesoramiento normativo y las funciones operativas a los países en que se ejecutan programas y a los socios clave.

En segundo lugar, una estructura de costos más sostenible, trasladando funciones a lugares de destino de menor costo, lo que generará un ahorro de entre el 17 % y el 20 % por puesto, al tiempo que se reducirán los gastos de viaje.

En tercer lugar, salvaguardar la prestación de servicios, reinvirtiendo los ahorros para mantener el apoyo a las oficinas en los países, preservar la capacidad crítica y facilitar la innovación selectiva.

Pero permítanme ser claro. El PNUD se adaptará, pero no retrocederá. Las limitaciones son reales. Pero también lo son las oportunidades.

 

3. Un entorno de desarrollo cambiante y nuestra respuesta estratégica

El Plan Estratégico que aprobaron establece una dirección clara para un entorno de desarrollo en rápida evolución. El reto ahora no es replantearlo, sino implementarlo y aprovechar las oportunidades que se presentan.

La primera prioridad es volver a situar el desarrollo en el centro de la toma de decisiones a nivel mundial.

La agenda geopolítica actual se caracteriza por los conflictos y el extremismo. No se trata de retos aislados, sino de síntomas de fracasos del desarrollo más profundos: instituciones frágiles, falta de oportunidades, exclusión y erosión de la confianza.

Los riesgos sistémicos están aumentando considerablemente. Ningún país, rico o pobre, desarrollado o en desarrollo, escapará a sus efectos.

Esto no reduce el papel del desarrollo. Lo torna fundamental.

Si queremos romper estos ciclos, debemos dejar de tratar los síntomas y comenzar a abordar las causas fundamentales, de forma temprana, a gran escala y antes de que los riesgos se conviertan en crisis. El desarrollo no debe ser lo último, un elemento circunstancial. Debe ser lo primero, la primera línea de defensa.

Si se implementa temprano, el desarrollo sostenible previene la inestabilidad en lugar de gestionarla.

Si se implementa correctamente, fortalece las instituciones antes de que se derrumben.

Si se implementa en conjunto, crea oportunidades antes de que la desesperación lleve a desplazamientos o extremismos.

Esta es la razón por la que el Plan Estratégico sitúa la prevención y la resiliencia en su eje central, especialmente en contextos frágiles y de alto riesgo, donde el costo de la inacción es mayor.

Porque una vez que las instituciones se derrumban, su reconstrucción lleva generaciones.

Una vez que las familias se ven desplazadas, el futuro se ve perturbado, a veces irremediablemente.

Y una vez que estalla la crisis, todas las respuestas se vuelven más lentas y costosas y menos eficaces.

En contextos frágiles, esperar no implica precaución. Esperar equivale a fracasar y es la opción más costosa posible. La fragilidad en cualquier lugar alimenta la inseguridad en todas partes.

Por todo esto el Plan Estratégico se centra en las fases iniciales. El desarrollo como previsión, no como retrospectiva; como prevención, no como reparación; como responsabilidad, no como reacción.

El desarrollo no es un costo. Es una inversión en estabilidad, dignidad humana, paz y prosperidad en un planeta en el que se pueda vivir. Descuidarlo tiene consecuencias humanas, políticas y de seguridad reales. Sin seguridad humana, la seguridad nacional no puede arraigarse.

Durante demasiado tiempo, el desarrollo se ha tratado como algo secundario que se aborda después de que estallan las crisis. Sin el desarrollo en el centro de la geopolítica, seguiremos reaccionando a los síntomas en lugar de estructurar los resultados.

La segunda prioridad es aprovechar las oportunidades que se presenten creando las condiciones adecuadas para la participación inclusiva del sector privado.

La financiación pública sigue siendo esencial y los gobiernos deben liderarla. Sin embargo, la financiación pública por sí sola no proporcionará la escala, la velocidad ni la sostenibilidad que exigen los retos actuales.

El PNUD ya colabora estrechamente con el sector privado. Pero podemos hacer mucho más. No hay escasez de capital en el mundo. Con excesiva frecuencia, este no llega a los lugares donde las oportunidades son mayores, porque los riesgos se perciben como demasiado elevados para que los inversores privados participen sin socios públicos fuertes.

Es fundamental que nuestro enfoque para desbloquear el capital privado consista en ampliar la finalidad pública, no en privatizar los resultados del desarrollo.

Precisamente en este aspecto el desarrollo marca la diferencia.

Mediante el fortalecimiento de la gobernanza, la mejora del clima de inversión y la reducción del riesgo podemos desbloquear el capital privado en apoyo de las prioridades lideradas por los países. Esto contribuye directamente al logro de los objetivos del Plan Estratégico relativos a la prosperidad para todas las personas, la gobernanza eficaz y la resiliencia ante las crisis.

Este es el papel del PNUD. No sustituimos a los mercados. Mejoramos las condiciones de los mercados para que funcionen. Los hacemos viables. Ayudamos a crear un entorno propicio y a reducir los riesgos, al tiempo que convocamos a gobiernos, empresas e instituciones financieras para que las inversiones se traduzcan en puestos de trabajo, resiliencia y valor compartido.

Además, a través del FNUDC, disponemos de un medio único para atraer capital privado utilizando instrumentos de absorción de riesgos, haciendo posibles las inversiones en los mercados de "Categoría C", en que las necesidades de desarrollo son mayores y la financiación es más difícil de movilizar.

Ello por cuanto el empleo es creado por los mercados. La innovación proviene de las empresas. Y el crecimiento solo perdura cuando las economías locales y las prácticas sostenibles se integran en las cadenas de valor.

Por ello, el desarrollo del sector privado no es un complemento. Es un motor esencial del desarrollo duradero.

Pero los mercados no surgen por sí solos, especialmente allí donde los riesgos son mayores y los márgenes más estrechos.

De este modo el acelerador de las finanzas sostenibles del Plan Estratégico traduce los recursos públicos en un impacto mucho mayor en el desarrollo.

La tercera prioridad es aprovechar las oportunidades actuales utilizando lo digital y la innovación como aceleradores de la escala, la inclusión y la confianza.

La transformación digital ya no es opcional. Desde la infraestructura pública digital hasta la inteligencia artificial, la tecnología ya está reestructurando las economías, las instituciones y la relación entre Estados y ciudadanos, estemos o no preparados.

Bien utilizada, la tecnología digital acelera el desarrollo. Reduce costos. Desenmascara la corrupción. Beneficia a personas a las que los sistemas y los servicios no han conseguido llegar.

Los documentos de identidad digitales pueden desbloquear la protección social. Los pagos digitales pueden llegar a todas partes. Los datos y la inteligencia artificial pueden ayudar a los gobiernos a anticipar las crisis en lugar de reaccionar ante estas.

Pero seamos claros: la tecnología no es neutral. Y la innovación, si no se controla, puede profundizar la exclusión, concentrar el poder y erosionar la confianza con la misma facilidad con la que puede crearla.

Por eso, no se trata de si los países se digitalizarán, sino cómo, para quién y bajo las normas de quién lo harán.

Precisamente aquí interviene el PNUD.

Los países nos piden que los ayudemos a aprovechar las ventajas de la transformación digital y a gestionar sus riesgos. Esto implica crear sistemas digitales inclusivos por su diseño y centrados en las personas, es decir, basados en la transparencia, la rendición de cuentas y los derechos humanos y orientados por las prioridades nacionales.

Sistemas que refuercen la innovación y la capacidad estatal, no que la eludan. Sistemas que protejan los derechos y los datos, no que los exploten. Sistemas que beneficien a las personas, no lo contrario.

Por ello, el Plan Estratégico establece la transformación digital, además de la igualdad de género y la financiación sostenible, como un acelerador básico, para garantizar que la innovación amplíe las oportunidades en lugar de profundizar la desigualdad.

En conjunto, estas tres prioridades ofrecen una respuesta sistémica e integrada, en total consonancia con el Plan Estratégico que ustedes aprobaron, vinculando la reducción de la pobreza, el empleo, la gobernanza, la acción por el clima y el medio ambiente, y la transformación digital en un enfoque de desarrollo único y coherente para un mundo cambiante.

 

4. Cómo nos adaptamos: Iniciativa ONU80

Adaptarse a un mundo cambiante implica adaptar el sistema multilateral propiamente dicho, para que responda a las realidades actuales, esté al servicio de las personas que lo necesitan y siga siendo fiel a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

En este sentido, la elección es clara: reformar o arriesgarse a la irrelevancia.

La Carta nos insta a promover la paz, impulsar el desarrollo, defender la dignidad humana y cooperar para resolver los problemas mundiales. Este mandato no se ha debilitado con el tiempo. Por el contrario, se ha vuelto más urgente que nunca. Por este motivo, el PNUD apoya plenamente la Iniciativa ONU80 del Secretario General.

La iniciativa es algo más que una simple reforma. Se trata de garantizar que las Naciones Unidas puedan cumplir las responsabilidades que les confiere la Carta en un mundo cambiante, siendo más eficaces, más ágiles y más responsables, y haciendo un mejor uso de recursos cada vez más limitados.

Compartimos la determinación del Secretario General de las Naciones Unidas de construir unas Naciones Unidas más fuertes que actúen en favor de las personas, defiendan sus valores y se ganen su confianza mediante resultados.

Hoy, el verdadero riesgo no es el cambio. Es la deriva y el alejamiento del impacto, de la pertinencia y de las personas a las que servimos.

La Iniciativa ONU80 nos brinda la oportunidad de renovar nuestro compromiso común con este mandato universal y demostrar que las Naciones Unidas pueden adaptarse sin perder su esencia, integrarse sin perder su propósito y reformarse sin dejar de lado los principios de la Carta.

Para el PNUD hay un principio que no es negociable: la reforma debe ser funcional. Somos una "organización de ejecución". En más de 170 países y territorios, más de 22.000 colegas trabajan sobre el terreno todos los días, a menudo en contextos frágiles y de alto riesgo, para plasmar los ideales de la Carta en cambios reales y nuevas oportunidades para las personas.

No podemos interrumpir la ejecución para reformar. Debemos hacer las reformas mientras ejecutamos proyectos. Esto implica continuidad para los países y las comunidades. Implica una reforma basada en datos empíricos detallados y centrada en los resultados. Implica un cambio que refuerce el impacto en lugar de perturbarlo.

Este principio guía nuestro planteamiento en todas las iniciativas de reforma, incluida la propuesta de fusión del PNUD y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS).

 

5. Escuchar. Colaborar. Impactar.

Excelencias:

En el ámbito del desarrollo, cómo trabajamos es tan importante como qué resultados obtenemos. Nuestros métodos envían una señal clara sobre qué voces se escuchan, qué prioridades determinan las decisiones y quién se beneficia en última instancia.

Por eso, desde el primer día, he sido claro sobre el enfoque que adoptaré como Administrador del PNUD.

Escucharemos.

A los Estados Miembros.

A los líderes nacionales y locales.

Y, sobre todo, a las comunidades cuyas vidas pretendemos mejorar con nuestra labor.

Colaboraremos.

Porque ningún país, ninguna institución, ningún sector puede lograr el desarrollo sostenible por sí solo.

Trabajaremos con los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, las instituciones financieras internacionales y el sistema de las Naciones Unidas en su conjunto, aunando fuerzas en torno a las prioridades de cada país.

E impactaremos.

Un diálogo que conduzca al cambio sobre el terreno.

Un compromiso que se traduzca en resultados.

Datos de base empírica que impulsen el impacto.

Un desarrollo que la población pueda ver, en el que pueda confiar y del que pueda depender.

Escuchar. Colaborar. Impactar.

Esta es la promesa del PNUD: rendir cuentas a los Estados Miembros y lograr un impacto positivo para las personas a las que servimos.

 

6. Llamamiento a la acción: restablecer la confianza a través de la ejecución, facilitada por los recursos básicos

Excelencias,

Sr. Presidente,

Distinguidos miembros de la Junta:

Al principio de mi intervención, hablé de la confianza. De la forma en que se está erosionando y de lo que ahora está en juego para el multilateralismo.

La pregunta que se nos plantea es sencilla: ¿cómo restablecer esta confianza?

No solo con declaraciones. No con buenas intenciones. Con resultados que la población pueda ver y medir y de los que pueda depender.

Porque la confianza en la cooperación internacional se reconstruye sobre el terreno, cuando las instituciones funcionan, cuando los servicios básicos llegan a quienes estaban excluidos y cuando se amplían las oportunidades.

Nuestra credibilidad se basa en actuar desde el principio, mantener nuestro compromiso y ayudar a los países a pasar de la crisis a la estabilidad, de los planes al progreso, de las aspiraciones a los resultados. No mediante transacciones a corto plazo, sino con alianzas programáticas sostenidas que fortalezcan las instituciones, amplíen las oportunidades y perduren más allá de cualquier proyecto o ciclo de financiación.

Momentos como éste ponen a prueba a las instituciones. Demuestran si retrocedemos o si avanzamos. El PNUD ha tomado su decisión.

Nos estamos adaptando sin abandonar nuestros valores. Reformando sin perder de vista a las personas a las que servimos. Y ejecutando, incluso cuando las condiciones son difíciles. Porque estoy convencido de que la reconstrucción de la confianza y la implementación del Pacto para el Futuro empiezan por la ejecución y los resultados.

Por eso, hoy, mi llamamiento a la Junta Ejecutiva es claro y directo: seamos un asociado aún más fuerte en esta ejecución que cambia vidas.

Una parte crucial de ese esfuerzo comienza con una sólida combinación de fuentes de financiación.

Las contribuciones básicas flexibles, predecibles e, idealmente, plurianuales son la base de la labor del PNUD y nos permiten cumplir nuestro mandato fundamental.

La financiación básica nos brinda la capacidad de actuar con prontitud, de mantenernos presentes cuando otros no pueden, y de trabajar allí donde los riesgos y las necesidades son mayores, antes de que estallen las crisis y se multipliquen los costos.

Agradezco a los Estados Miembros que siguen prestando este apoyo.

Su liderazgo es ahora más importante que nunca.

Al mismo tiempo, vemos señales de cambio alentadoras.

Cada vez más países en desarrollo financian su propio desarrollo. Nuevos socios y donantes no tradicionales optan por invertir a través del PNUD, aprovechando nuestra presencia local y nuestra competencia técnica para garantizar la ejecución y los resultados sobre el terreno.

Se trata de un fuerte voto de confianza en nuestras funciones y en nuestra actuación. Y esa confianza conlleva responsabilidad.

Si deseamos un sistema que obtenga resultados, necesitamos una financiación previsible, un reparto equitativo de la carga y una rendición de cuentas mutua entre los Estados Miembros y el sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo. Esa es precisamente la aspiración del Pacto de Financiación 2.0.

Así pues, cumplamos estos compromisos y construyamos un sistema multilateral de desarrollo más fuerte, más eficaz y basado en la responsabilidad y la confianza.

Y los insto a que sigan defendiendo reformas que fortalezcan nuestra capacidad de ejecución, no la reforma en sí misma, sino una reforma que mejore el impacto y refuerce los resultados sobre el terreno.

Juntos, podemos conseguirlo.

Muchas gracias.