La forma en que está organizada la contribución a la seguridad social en Colombia tiende a excluir de la protección a los trabajadores de muy bajos ingresos ¿Qué hacer al respecto?

11 de Febrero de 2022

 

En esta edición de ¿Sabías Qué? queremos aprovechar la reciente publicación de los resultados de la Misión de Empleo para hablar de una de las grandes barreras que tiene el mercado laboral colombiano al alcance de dos objetivos esenciales: generar simultáneamente prosperidad económica y bienestar social. Hablamos de la forma en que está organizada la contribución a la seguridad social en Colombia y cómo en la práctica excluye a los trabajadores de menores ingresos de una cobertura más completa ante riesgos.

El mercado laboral, aquel lugar donde empresas entran en contacto con potenciales trabajadores y en donde las condiciones laborales y salariales son determinadas, es probablemente el mercado más importante de un país. Las personas pasan la mayor parte de su vida en el trabajo y sus experiencias mientras lo desempeñan son decisivas para su bienestar y el de sus familias. De él se desprenden resultados esenciales, como los ingresos que reciben por sus esfuerzos, así como el grado de satisfacción que experimentan por el despliegue de sus habilidades y aspiraciones. En muchos casos, el trabajo también determina el grado de protección en la enfermedad, la invalidez y la vejez de la población.

El mercado laboral no solo es central para la vida de las personas, sino que juega un papel crucial en el desempeño económico de los países y sus perspectivas de prosperidad. Un mercado laboral eficiente facilita que las empresas de baja productividad salgan del mercado, que las productivas crezcan y creen más empleos productivos, y que las que entran al mercado sean más productivas que las existentes. La razón es sencilla: la productividad de las empresas y los trabajadores de un país es la base de su prosperidad y crecimiento[1].

Sin embargo, como bien lo ha recalcado Santiago Levy, líder de la Misión de Empleo: el mercado laboral en Colombia funciona mal. Porque no solo impide el tránsito hacia empleos de mayor productividad que se traduzcan en un mayor crecimiento económico, sino que la desocupación es persistentemente alta y la protección contra los riesgos es incompleta. Es decir, en Colombia este mercado no cumple adecuadamente con sus funciones económicas y de bienestar social.

No hay una razón única para que la capacidad del país de generar empleos de buena calidad, productivos y acompañados de una red de protección social efectiva, sea limitada. Las causas son múltiples. El PNUD, desde su regional en América Latina exploró una de las raíces primarias del problema: el diseño del sistema de protección social y los incentivos que genera a la creación de empleo[2]. La exploración de este problema comienza con una de las políticas por excelencia de protección del ingreso de los trabajadores, la cual tiene un doble carácter, el salario mínimo. Mientras la sabiduría popular lo concibe como un mecanismo ideal y necesario de amparo a los intereses de los trabajadores, en la práctica esta puede obrar en contra de ellos.

 

El salario mínimo: un incentivo a la informalidad y un obstáculo a la protección social

En Colombia, un trabajador de tiempo completo no puede ser contratado formalmente -con contribución a la seguridad social- si tiene una asignación menor al valor definido anualmente producto de la negociación del salario mínimo. En términos de poder adquisitivo, el salario mínimo es bajo. Por ejemplo, una familia de cuatro integrantes en Bogotá -muy cercana al promedio de la ciudad de 3,6- con ingreso total de dos salarios mínimos es considerada pobre[3].

Sin embargo, en términos relativos el salario mínimo es alto. La figura 1 muestra la distribución del ingreso laboral de los trabajadores colombianos. El área que se encuentra a la izquierda de la barra horizontal de ambas gráficas implica que 50% de ellos, unos 10 millones de personas, gana mensualmente menos de un salario mínimo y una cuarta parte devenga menos de la mitad. La evidencia visual es clara: esta política es inefectiva a la hora de poner un piso a los ingresos de los trabajadores.

 

 

La existencia de un salario mínimo alto -en relación con lo que efectivamente gana más de la mitad de trabajadores colombianos- causa problemas adicionales. Quizá el más importante sea el de la contribución a la seguridad social. ¿Por qué? No importa si un trabajador es dependiente o independiente, el sistema de protección social asume que el mínimo ingreso posible sobre el cual se pueden realizar los aportes necesarios para la seguridad social es el salario mínimo. Quienes ganan menos de ese valor no tienen muchas opciones. Si son empleados, no pueden cotizar salud y pensión pues su nivel de remuneración es inferior a la legal. Y si son independientes, no importa su ingreso mensual, deben hacer sus aportes sobre la base de un mínimo.

Es decir, para los trabajadores por cuenta propia -que representan el 48% de los ocupados- contribuir a salud y a pensión cuesta cerca de $280.000 mensuales, sin importar cuánto les reporte su actividad económica. O sea que un independiente que gane medio salario mínimo, tendría que destinar más de la mitad de su ingreso para aportar a la seguridad social. Si no se hacen aportes a la seguridad social, la cobertura ante riesgos de longevidad, enfermedad y desempleo es más precaria. Lo anterior sucede a pesar de esfuerzos valiosos por otorgar protección en la vejez a la población excluida de la contribución en seguridad social, tales como el esquema de BEPS (Beneficios Económicos Periódicos), cuya cobertura aún es muy baja.

 

Primera consecuencia: una población con protección incompleta en la vejez, enfermedad y desempleo.

Por providencia de la Corte Constitucional, desde 2008, el aseguramiento en salud de los colombianos es prácticamente el mismo independiente de si son formales, informales o desempleados. Aun así, los no cotizantes no tienen derecho a licencias de maternidad y subsidios por incapacidad, por lo que su protección sigue siendo incompleta.

El caso de la protección en la vejez es definitivamente más crítico. Como ya lo vimos anteriormente, los trabajadores que ganan menos del salario mínimo, en la práctica están excluidos de la cotización a una a pensión y por lo tanto de acumular las semanas y el ahorro necesarios para obtener una mesada pensional en la vejez. De entrada, sabemos entonces, que la mayoría de ese 50% que gana menos de un salario mínimo no está ahorrando para pensión[5] y que, el avance de su vida laboral hará cada vez más difícil cumplir las condiciones necesarias para lograrlo. De hecho, en 2019, había 1,6 millones de pensionados en Colombia, es decir solo el 24% de toda la población en edad de pensión. Adicionalmente, Natixis publica un índice que pretende identificar los mejores países para jubilarse. Colombia ocupa el puesto 40 entre 44 naciones listadas[6].

Por su parte, la protección en caso de desempleo es muy precaria tanto para trabajadores formales como informales y se debe más a la ausencia de un seguro de desempleo como los que tienden a prevalecer en países de mayores ingresos[7]. Los trabajadores que tienen contratos laborales dependientes sí gozan de alguna protección. Por un lado, está el ahorro de cesantías, aunque se usa con frecuencia para inversión en vivienda y educación. Por otro lado, está la indemnización por despido sin justa causa a cargo de los empleadores. Indemnización que con frecuencia los despedidos no reclaman por aversión al proceso de litigio en tribunales[8], pero que sí representa un costo contingente alto para los empleadores, en caso de quiebra o un choque adverso a sus ingresos.

Con excepción de la salud, el arreglo actual no resulta eficiente en dar protección social a la población adulta. La utilización del salario mínimo como punto de referencia para la cotización a la seguridad social es la principal razón, pues esta opera como un mecanismo que excluye a la mitad de los trabajadores de Colombia que devengan menos del mínimo a que no tengan cobertura completa de la seguridad social.

 

Segunda consecuencia: fomentar la informalidad tiene implicaciones económicas de largo alcance

Ya hemos visto que un salario mínimo relativamente alto acaba por segmentar a la población trabajadora y termina excluyendo a más de la mitad de ella de una protección social más completa. Ello, sumado a las cargas parafiscales y los costos potenciales de los despidos ante una crisis de solvencia de una empresa, representan incentivos importantes a no formalizar los empleos. Por otro lado, el arreglo institucional de Colombia ha creado algunos mecanismos para proteger a la población que queda excluida de la seguridad social, pero su alcance ha sido limitado y han generado otros incentivos para permanecer en la informalidad. En cuanto a protección efectiva, la salud es una excepción pues tanto los contribuyentes como no contribuyentes gozan de protección similar.

La consecuencia de lo expuesto anteriormente, es que la forma predominante de empleo en Colombia sea la informalidad, lo que a su vez tiene implicaciones profundas para la forma en que se organiza la producción de bienes y servicios en el país, pues la mano de obra informal solo puede soportar la existencia de formas de autoempleo y empresas diminutas, con pocas perspectivas de aprendizaje y pocas perspectivas de mejoras de los ingresos de los trabajadores, lo que se traduce en una trampa de bajo crecimiento de la productividad de las empresas y los trabajadores, y en últimas implica un crecimiento del ingreso per cápita del país inferior al potencial[9].

Para entender la dimensión que adquiere esta observación sobre las empresas pequeñas, basta con observar este dato: los expertos de la Misión de Empleo calculan que 9 de cada diez empresas en Colombia tiene tres trabajadores o menos. Y tan solo 72.000 empresas emplean a más de 11 personas, aun cuando la población trabajadora de Colombia supera los 22 millones de personas. La otra cara de la moneda puede observarse en la figura 2, es la distribución del número de empleados dependiendo del tamaño de la empresa: el 60% de la ocupación en Colombia está concentrada en empresas de 5 personas o menos.

 

Finalmente, la tabla 1 resume el diagnóstico que acabamos de exponer sobre el papel que tienen las leyes laborales y el diseño de la protección social en Colombia sobre el bienestar de la población y la prosperidad económica a través del mercado laboral.

 

Tabla 1. Resumen del diagnóstico sobre la seguridad social y la formalidad en Colombia. Elaboración PNUD Colombia a partir de Alvarado et al. (2021)

 

Reflexiones finales: primeros pasos en dirección de un mercado laboral más inclusivo y una estrategia de protección social efectiva

El diagnóstico anterior, no solo muestra que el marco institucional del empleo ha generado proporciones desajustadas entre las necesidades de los trabajadores en el país, sino que se suma a otros problemas existentes como la alta desocupación de las mujeres, jóvenes y ancianos; lo que les hace aún más vulnerables a su mal funcionamiento.

También es importante entender que la búsqueda de un mejor mercado laboral no puede tener estrategia única, sino que debe girar en torno a la inclusión laboral de poblaciones vulnerables y a la consecución de un marco institucional que no solo merme los impactos de la dinámica económica sobre el mercado laboral, sino que minimice las exclusiones para los trabajadores de menores ingresos. De cara a las discusiones de una posible reforma laboral sería relevante tener en cuenta los siguientes pilares que están en línea con la consecución de un empleo que genere prosperidad y otorgue protección efectiva a la población:

Respaldo a la población afectada por perturbaciones económicas

La interdependencia de las economías en el mundo implica que muchas veces los choques económicos negativos son inducidos externamente. Lo cual hace vulnerable la economía a crisis económicas tanto globales como domésticas. Muchas economías avanzadas han respondido a este fenómeno con la elaboración de un sistema público de aseguramiento ante el desempleo, permitiendo que los choques económicos minimicen su transmisión a los ingresos de los más vulnerables. Por el contrario, en Colombia la protección al desempleo cobija únicamente a trabajadores formales que tienen un contrato laboral.

Universalización del aseguramiento a la salud

Actualmente, la dualidad entre un sistema contributivo y no contributivo en Colombia ha generado existan ineficiencias en la prestación del servicio y así mismo en la oferta integrada del sistema. Ante esta situación es relevante que a futuro estos dos sistemas se unifiquen y financien mediante impuestos generales a través del presupuesto general de la Nación, lo cual no solamente garantizará mayor acceso, sino que dará capacidad al sistema para responder con un mayor criterio de igualdad ante las necesidades de salud de la población en general.

Abrir la discusión sobre una pensión universal mínima sumada a un ahorro voluntario

La protección de los ingresos en la vejez es posiblemente la dimensión de la protección social menos efectiva en Colombia. Ya hemos visto que el esquema actual es en parte responsable. Podría pensarse en un diseño de impuestos al ingreso que no dependa de la condición de formalidad de los trabajadores y que sirva para financiar un esquema de pensión universal de un salario mínimo. Este diseño debería acompañarse de una labor pedagógica importante que deje clara la necesidad de realizar ahorros individuales voluntarios a lo largo de la vida laboral que sirvan en la vejez para complementar dicha mesada universal.

El salario mínimo

Actualmente, el salario mínimo no es un piso efectivo para los ingresos laborales de los colombianos, y sólo lo es para la cerca de la mitad de los trabajadores, quienes tienen una forma de vinculación formal al sistema. Ello debería incitar a replantear la estructura del salario mínimo, puesto que su diseño actual tiene el potencial de perjudicar a la población de menores ingresos. Esta discusión podría ser abordada desde un ámbito más amplio y con enfoque regional que no solo incentive el aumento de la productividad en los territorios, sino que se convierta en una verdadera herramienta de protección y fomento a la inclusión laboral.

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 [1] La motivación presentada en los dos párrafos que anteceden a esta referencia sigue muy de cerca la introducción del informe ejecutivo para la Misión de Empleo Colombia 2021. Reporte_ejecutivo_Mision_de_Empleo.pdf (misionempleo.gov.co).

[2] Alvarado, Francisco, Marcela Meléndez, y Marcela Pantoja. 2021. “El sistema de protección social en Colombia”. Documento de Trabajo 14 del PNUD ALC. Documento de antecedentes para el Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2021 del PNUD. Mercados laborales fragmentados y sistemas de protección social en Colombia | PNUD en América Latina y el Caribe (undp.org)

[3] Teniendo en cuenta la línea de pobreza y el salario mínimo de 2020.

[4] Entendidos como contratos donde hay una relación de dependencia con el trabajador.

[5] Este es el caso general, pero reconocemos que esta afirmación tiene dos excepciones: los trabajadores con un contrato de salario mínimo estipulado por horas pueden realizar aportes como proporción de estas. También, los trabajadores independientes pueden realizar sus aportes teniendo como base un salario mínimo. Como lo mencionan Alvarado et al (2021), ambos casos son minoritarios.

[6] Natixis. Global Retirement Index 2021. 2021 Global Retirement Index | Natixis Investment Managers

[7] Asenjo, A., & Pignatti, C. (2019). Unemployment insurance schemes around the world: Evidence and policy options. International Labour Office. wcms_723778.pdf (ilo.org)

[8] Ramírez, N. (2021). Cumplimiento de la Regulación y Conflictividad Laboral en Colombia. Disponible en www.misionempleo.gov.co.

[9] Ver Camacho, A., & Conover, E. (2010). Misallocation and productivity in Colombia’s manufacturing industries. Misallocation and Productivity in Colombia's Manufacturing Industries (econstor.eu)