Cierres escolares en Colombia y los retos de cara al proceso de reactivación
29 de Octubre de 2021
Por Santiago Plata Diaz
Tras el diagnóstico del primer caso de COVID 19 en Colombia el 6 de marzo de 2020, las autoridades nacionales implementaron, en cuestión de días, un plan de acción con el cual buscaban frenar el número de contagios a nivel nacional. Dentro de este, una de las estrategias fue evitar aglomeraciones y así frenar la velocidad de trasmisión del virus, ante lo cual uno de los espacios priorizados en esta estrategia, fueron los centros educativos, los cuales, por orden del Ministerio Educación, tuvieron que cambiar a un modelo de educación desde casa desde el 16 de marzo del 2020.
Bajo esta directriz, Colombia entró al grupo de países que optaron por cerrar los centros educativos, con el fin de proteger a los estudiantes, no obstante, a diferencia de países de Europa y Asía, que reabrieron los centros educativos luego de uno o dos meses de la restricción original, en Colombia el cierre total de estos centros llegó a un total de 70 semanas[1], generando que se posicionará como el sexto país[2], a nivel mundial, en donde mayor duración tuvieron los cierres.
Esta situación, que en un principio procuró minimizar el impacto de la pandemia, con el pasar de los días encendió las alarmas debido al impacto que esto podría estar generando en la calidad de la educación y por ende, sobre los efectos que esto tendría en cuanto a la pobreza y calidad de vida de los estudiantes en el mediano y largo plazo.
La inasistencia escolar generó aumento de la pobreza multidimensional
De acuerdo a la Nota Macroeconómica 25 de la facultad de economía de la Universidad de los Andes, uno de los efectos más graves de las largas cuarentenas sobre el desempeño escolar, gira entorno al efecto potencializador que este puede tener sobre la pobreza, pues no solo pone en desventaja a los hogares más pobres por falta de acceso a herramientas digitales que les permita continuar con su educación, sino que a su vez promueve que estudiantes deserten del sistema educativo, ya sea para responder con responsabilidades dentro del hogar o, así mismo, porque no existen incentivos suficientes para que permanezcan en el sistema educativo. Lo que sugiere que la pandemia generó un costo de oportunidad sobre la educación, que agudizó las brechas preexistentes sobre aquellos estudiantes provenientes de entornos vulnerables.
Tras observar las cifras de pobreza publicadas por el DANE, se aprecia que entre 2019 y 2020, el mayor incremento de incidencia dentro del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) se dio en la variable de inasistencia escolar que pasó de 2,7% en 2019 a 16,4% en 2020, el cambio observado más grande durante este periodo.
Esta situación, que en parte, estuvo relacionada con la falta de acceso a internet, denota que el cambio de presencialidad a virtualidad implicó que en el país más hogares cayeran en pobreza multidimensional por privaciones en la dimensión de condiciones de la juventud y la niñez, dándole la razón a expertos en materia de educación que reclamaban la continuación de la virtualidad en la educación en el país.
Al comparar la brecha urbano - rural de inasistencia escolar vs la brecha urbano - rural de los hogares con acceso a internet, se observa que entre mayor es la brecha de tenencia de internet, mayor es la brecha de inasistencia escolar. De acuerdo a esto, se encuentra que en los departamentos de Cesar, Cauca, Bogotá D.C fue donde mayor afectación de la asistencia escolar hubo dado el contraste en el acceso a la educación virtual entre los dominios señalados.
La virtualidad implica perdida de la calidad del aprendizaje
Uno de los grandes retos que los centros educativos tuvieron, tras la adopción del modelo educativo en casa, se encontraba en lograr que la calidad de la educación no cayera, ante lo cual se buscaron implementar herramientas tecnológicas, junto a estrategias de educación remota que permitieran continuar con la totalidad de los contenidos programáticos. No obstante, según muestran las cifras de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE, el 61 % los estudiantes entre 6 y 16 años en el territorio nacional manifiestan que la calidad de la educación durante 2020 empeoró. Al desagregar esta pregunta entre zona rural y urbano, se encuentra que en el primer dominio el 66,4% manifiesta que empeoró, mientras que en el segundo solo el 59.9% manifiesta lo mismo.
De acuerdo con el informe de Impactos de la crisis del COVID -19 en la educación, publicado por el Banco Mundial, durante 2020 se estimó que si Colombia mantenía el modelo de educación remota por 150 días generaría la pérdida de aprendizaje acumulado del 53% del total que se acumulan en un año lectivo. Según esta misma fuente, si la educación a distancia permanecía para el cambio de curso las perdidas se podrían duplicar, lo cual es alarmante dado que el país superó este umbral y así mismo comenzó el año lectivo de 2021 bajo esta misma modalidad.
Esta situación implica que los cierres escolares generaron vacíos en los ciclos educativos de los estudiantes, los cuales solo podrán ser reducidos con el retorno a la presencialidad, no obstante el impacto sobre el año lectivo de 2020 ya existe y debe ser tenido en cuenta dentro del proceso de retorno a la presencialidad, pues será clave implementar espacios de fortalecimiento de las habilidades y ejes programáticos, con el fin de no generar un rezago generacional en la formación de capital humano.
Retorno progresivo a la presencialidad educativa
De acuerdo con el Observatorio de Gestión Educativa, para septiembre del 2021, el 71,1% de los estudiantes a nivel nacional han retornado a la presencialidad, lo que equivale a que de los 9,9 millones de estudiantes que hay en el país, 2,8 millones aún se encuentran tomando clases de manera remota. Estos se encuentran ubicados, mayormente, en los departamentos de Magdalena, Córdoba, Cesar, Sucre y Bolívar.
Al desagregar el comportamiento del retorno a la presencialidad por centros educativos públicos y privados, en el total nacional se observa que el 89,5% de los centros privados ya retornaron, mientras que dentro de los públicos solo el 73,4% lo ha hecho. Lo que sigue representando un reto en materia social, puesto que este porcentaje de jóvenes que siguen estando en modalidad de educación remota, se hacen aún más vulnerables al aumentar su porcentaje de pérdidas acumuladas de aprendizaje.
Consideraciones finales
Pese a que la virtualidad en la educación ayudó a mermar parte del impacto negativo que la emergencia sanitaria pudo tener sobre la vida de los estudiantes, aspectos como el bajo acceso a internet y la falta de acceso y apropiación TIC que existen en los hogares del país (especialmente en la ruralidad), sumado a la larga duración de las restricciones a la presencialidad, tuvieron un fuerte impacto sobre la pobreza y la desigualdad en el país.
Ante esta situación, será importante velar porque los estudiantes que aún se encuentran en modalidad virtual, logren incorporarse a la normalidad educativa, para cortar el impacto negativo que ha habido sobre la acumulación de conocimiento, pero de la misma manera, será importante que se generen espacios y políticas que inciten a que dentro de los centros educativos se generen dinámicas para subsanar las falencias lectivas heredadas de la educación virtual de cara a los procesos de formación de capital humano que seguirá acumulando esta generación en el mediano y largo plazo.
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[1] Algunos centros educativos optaron por adelantar vacaciones para reducir el efecto de los cierres. Se estima, según el Ministerio de Salud, que del total de semanas con cierres totales 4 correspondieron a vacaciones.
[2] Los cinco países con mayor número de semanas con cierres escolares son: Uganda (77), India (74), Bolivia (73), Argentina (72), Ecuador (70) y Colombia (70)