Crecimiento económico y pobreza en Colombia: avances frágiles, dependencia estructural y riesgos emergentes
1 de Agosto de 2025
Por: Santiago Plata
El punto de partida: caída de la pobreza y crecimiento económico
La pobreza monetaria en Colombia cayó en 2024 al 31,8%, una reducción significativa de 2,8 puntos porcentuales respecto a 2023. Esta mejora coincide con un modesto crecimiento del PIB una inflación en desaceleración. A primera vista, se trata de una buena noticia. Sin embargo, una lectura más cuidadosa de los datos revela un riesgo estructural: la reducción de la pobreza en Colombia es altamente dependiente de los subsidios y del gasto social contracíclico.
En 2024, sin las ayudas institucionales, la pobreza habría sido del 34,1%, revelando una diferencia de 2,3 puntos atribuible al efecto directo de las transferencias públicas. Esta dependencia no es nueva, pero se intensifica en un contexto donde las condiciones macroeconómicas han dejado de ser favorables: el equilibrio fiscal se ha deteriorado, la política monetaria ha perdido capacidad de respuesta estructural, y la estabilidad macroeconómica comienza a mostrar fisuras. La reducción reciente, aunque relevante, es un logro precario.
Un modelo frágil: crecimiento sin transformación estructural
Durante el período 2012–2019, Colombia creció en promedio 3,5% anual, con una reducción de la pobreza de 4,3 puntos. Tras la pandemia, el crecimiento se recuperó (10,7% en 2021 y 7,3% en 2022), pero los efectos distributivos se han debilitado. Desde 2022, la pobreza ha disminuido con menor intensidad, a pesar del crecimiento, y ello refleja un modelo de desarrollo que no está generando ingresos autónomos sostenibles ni empleo formal de calidad.
Este rezago se debe, en parte, a que el dinamismo económico reciente está impulsado por sectores como comercio y servicios informales, que tienen baja productividad y escasa capacidad redistributiva. A esto se suma que la elasticidad del ingreso laboral frente al crecimiento se ha reducido, evidenciando que los beneficios del crecimiento no se reparten equitativamente. Además, el agotamiento de las herramientas fiscales y monetarias limita las posibilidades de respuesta ante futuras crisis o shocks inflacionarios.
El nuevo dilema: subsidios, presiones fiscales e inflación
Aunque la inflación ha comenzado a ceder, el escenario a futuro plantea un riesgo de "efecto compensado": si el crecimiento se desacelera (como se prevé para 2025) y los subsidios se ajustan por presión fiscal, podría darse una aparente mejora de la pobreza solo por menor presión inflacionaria sobre los alimentos, pero sin mejoras estructurales en el ingreso real.
La reciente descomposición de la reducción de la pobreza muestra que el mayor efecto provino del crecimiento económico (especialmente en zonas rurales), seguido por el impacto redistributivo de las transferencias, mientras que la variación en la línea de pobreza (por inflación) jugó un rol negativo. Esta combinación advierte que la sostenibilidad del modelo actual depende de mantener simultáneamente crecimiento, transferencias y control de precios, una tríada difícil de sostener en el largo plazo.
Además, el gobierno actual ha roto con parte de la tradición de macropudencia fiscal y monetaria. Esto podría tener efectos en el corto plazo sobre la regularidad de los subsidios, afectando especialmente a los hogares más vulnerables, que dependen de ellos para mantenerse sobre la línea de pobreza.
Fracturas territoriales: la persistente desigualdad urbano-rural
La pobreza rural sigue siendo estructuralmente más alta. En 2024, mientras la pobreza urbana se situó en 28,6%, en zonas rurales alcanzó el 42,5%, con una brecha de 13,9 puntos porcentuales. Esta fractura se ha mantenido estable en la última década, a pesar del incremento del gasto social.
Las transferencias tienen mayor impacto relativo en las zonas rurales, pero sin infraestructura, conectividad, capacitación ni mercados funcionales, ese impacto no se traduce en autonomía económica ni movilidad social. La ruralidad colombiana sigue anclada a una lógica de asistencia y no de inclusión productiva.
En las zonas rurales, además, la informalidad laboral y la baja cobertura de protección social refuerzan la dependencia de los programas estatales, lo que convierte cualquier ajuste fiscal en una amenaza directa a la estabilidad social de estos territorios.
El gasto social como red de contención (y de riesgo)
El gasto social en Colombia ha mostrado una ligera tendencia al alza en los últimos años, representando el 16 % del PIB en 2022, aumentando a un 17 % en 2023 y alcanzando un 17,6 % en 2024, según cifras preliminares. A pesar de este crecimiento, los niveles de pobreza han permanecido elevados, y las brechas sociales persisten. Aunque existen proyecciones optimistas que estiman un aumento significativo del gasto social en los próximos años, aún no se evidencia un impacto claro de este incremento en la reducción de la pobreza y la desigualdad.
El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) ha advertido que "el aumento de las transferencias ha sido crucial para mitigar la pobreza, pero no constituye una estrategia de largo plazo si no está acompañada de una reforma que aumente el ingreso estructural del Estado y fomente la productividad."
La alta elasticidad de la pobreza frente al gasto social revela que sin este componente la pobreza aumentaría de forma significativa, lo que también sugiere que el gasto actual no está generando capacidades estructurales ni reduciendo la vulnerabilidad de los hogares ante nuevas crisis.
Recomendaciones: transición hacia un modelo sostenible
Reconstrucción de la macropudencia: Retomar reglas fiscales creíbles, reducir el déficit y recuperar la capacidad contracíclica del Estado.
Del subsidio al ingreso autónomo: Fomentar la transición del asistencialismo hacia políticas de generación de ingresos con enfoque territorial.
Infraestructura para la inclusión: Inversión en activos públicos rurales, conectividad digital y encadenamientos productivos.
Reforma fiscal estructural: Que garantice recursos para la inversión social sin comprometer la estabilidad macro.
Monitoreo multivariable de la pobreza: Incorporar indicadores como elasticidad del gasto, presión inflacionaria, y brechas regionales para ajustar políticas en tiempo real.
Reflexión final
Colombia no puede seguir descansando su modelo social sobre transferencias temporales en un entorno fiscal frágil. La evidencia muestra que sin transformación estructural del aparato productivo y una institucionalidad fuerte que garantice estabilidad, los avances en pobreza seguirán siendo efímeros y desiguales.