Cómo está creciendo realmente la economía colombiana
25 de Marzo de 2026
Por Jaime Urrego y Santiago Plata
El crecimiento económico en Colombia ha seguido históricamente un patrón característico de economías con mercados internos amplios, pero con limitaciones estructurales en su capacidad de acumulación productiva. A lo largo de las últimas décadas, la expansión económica del país ha estado más asociada a ciclos de demanda interna que a procesos sostenidos de transformación productiva o aumentos persistentes en la productividad.
En este contexto, el consumo de los hogares ha sido el principal motor de la actividad económica, mientras que la inversión, que constituye el determinante más importante del crecimiento de largo plazo, ha mostrado una trayectoria más volátil y estructuralmente baja en comparación con otras economías emergentes. Esta configuración ha permitido episodios de crecimiento relativamente dinámicos, pero ha limitado la posibilidad de sostener trayectorias de expansión más robustas y estables en el tiempo.
Los desafíos estructurales del crecimiento en Colombia están vinculados en gran medida a esta dependencia de la demanda interna, a la limitada profundización del capital productivo y a la persistencia de brechas en productividad sectorial y territorial. A pesar de avances importantes en estabilidad macroeconómica, integración comercial y ampliación de la clase media, el país enfrenta todavía restricciones relevantes para consolidar un modelo de crecimiento más orientado a la acumulación, la innovación y la sofisticación productiva.
Durante los últimos años, la dinámica económica ha reflejado con claridad estas tensiones estructurales. Tras el fuerte rebote posterior a la pandemia, el crecimiento alcanzó en 2022 tasas cercanas al 6,5 por ciento, impulsado principalmente por el consumo privado y la recuperación de la inversión. Sin embargo, esta expansión se produjo en un contexto de desequilibrios externos crecientes, reflejados en la contribución negativa del sector externo al crecimiento.
En 2023, la economía experimentó una desaceleración significativa, con un crecimiento cercano al 0,5 por ciento. Este resultado estuvo asociado principalmente a la fuerte contracción de la inversión, que restó cerca de tres puntos porcentuales al crecimiento económico. En contraste, el sector externo contribuyó positivamente, compensando parcialmente la debilidad de la demanda interna.
Durante 2024 se observó una recuperación moderada, con tasas de crecimiento en torno al 1,4 por ciento, nuevamente impulsadas por el consumo, mientras que la inversión mostró una recuperación incipiente. Para 2025, la economía habría retomado un crecimiento cercano al 3 por ciento, impulsado por el consumo de los hogares y el gasto público, mientras que el sector externo volvió a restar dinamismo a la actividad económica.
Este comportamiento evidencia que el ciclo reciente de crecimiento ha estado determinado principalmente por fluctuaciones en la demanda interna, en particular por el consumo, mientras que la inversión continúa desempeñando un papel limitado como motor estructural de expansión económica.
El análisis de la estructura de la demanda agregada confirma esta lectura. A lo largo del periodo reciente, el consumo de los hogares ha representado aproximadamente entre el 72 y el 74 por ciento del producto interno bruto, lo que refleja el peso dominante del gasto privado en la dinámica económica del país. En contraste, la inversión ha oscilado entre el 11 y el 13 por ciento del producto interno bruto, niveles relativamente bajos para sostener procesos de crecimiento acelerado y convergencia productiva.
El gasto público ha mantenido una participación relativamente estable, cercana al 14 y 16 por ciento del producto interno bruto, mientras que el sector externo ha tenido una contribución estructuralmente reducida y volátil. Esta configuración sugiere que el modelo de crecimiento colombiano continúa dependiendo en gran medida de la expansión del consumo interno, con una menor incidencia de la acumulación de capital productivo.
Esta estructura no solo describe la composición de la economía, sino que permite entender las restricciones que enfrenta el crecimiento en el mediano plazo. La evidencia internacional muestra que los procesos de crecimiento sostenido están asociados a aumentos persistentes en la inversión, la productividad y la capacidad exportadora. Cuando el crecimiento depende en mayor medida del consumo, la economía tiende a ser más vulnerable a ciclos financieros, choques externos y cambios en las condiciones de ingreso de los hogares.
El contraste entre el peso del consumo y la inversión refleja una de las principales tensiones estructurales del modelo económico colombiano. Mientras el consumo mantiene una participación elevada y relativamente estable, la inversión continúa siendo insuficiente para sostener procesos de transformación productiva de mayor escala. Esta dinámica limita la capacidad de la economía para aumentar su productividad, diversificar su estructura productiva y fortalecer su inserción en los mercados internacionales.
Fortalecer los determinantes estructurales del crecimiento, en particular la inversión productiva, la innovación y la transformación tecnológica, constituye uno de los principales desafíos para la economía colombiana en el mediano y largo plazo. La posibilidad de transitar hacia un modelo de crecimiento más equilibrado, menos dependiente del consumo y más orientado a la acumulación de capital y al aumento de la productividad será clave para consolidar una senda de desarrollo más robusta e inclusiva.