Navegando a Favor de la Corriente: Cinco Años Transformando Vidas a través de Cadenas de Valor Inclusivas en Colombia

25 de Junio de 2026
Three people posing in a store; faces blurred, colorful shelves and products behind them.

 

Por: Joel Narváez

Hay historias de desarrollo que se escriben en informes técnicos, y hay otras que se escriben en los surcos de la tierra, en las mesas de negociación de los pequeños productores y en los escaparates de los grandes mercados. La historia del trabajo en Cadenas de Valor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Colombia, durante el último tiempo, pertenece a esta segunda categoría. Es un relato sobre cómo aprender a conectar las tuberías rotas de nuestra economía rural y urbana para que la prosperidad, finalmente, fluya hacia quienes más lo necesitan.

Todo gran viaje tiene un punto de inflexión. Este nuevo capítulo comenzó a gestarse entre 2021 y 2022, En medio de los estragos socioeconómicos de la pandemia, el PNUD, USAID y el Gobierno Nacional lanzaron la iniciativa ReactivAcción. Sabíamos que no bastaba con inyectar recursos a corto plazo; necesitábamos cambiar el paradigma de cómo los pequeños productores, las mujeres y las poblaciones vulnerables se vinculaban al mercado. Fue entonces cuando se adoptó el Programa de Desarrollo de Proveedores (PDP).

Ese fue el encendido del motor. Desde aquel momento, el PNUD Colombia ha perfeccionado un modelo ("Cadenas de Valor Inclusivas”) que se sostiene sobre tres pilares irrenunciables: el enfoque de demanda, la racionalidad económica y el principio de inclusión.

 

Aprender a remar con la corriente: el enfoque de demanda

Durante décadas, el enfoque tradicional del desarrollo económico de MiPyMEs cometió un error bien intencionado: nadar contra la corriente. Se invertía en producir más, con la esperanza de que alguien mágicamente lo compraría, dejando a los productores con sus productos, perdidas y deudas.

El enfoque de demanda nos enseñó una lección vital: no se trata de producir para ver a quién le vendemos; se trata de identificar qué necesita el mercado para entonces producirlo. Nuestro trabajo fue sentarnos primero con las empresas ancla —aquellas compañías tractoras que mueven la economía local— para entender sus estándares de calidad y volúmenes requeridos.

Al alinear los incentivos desde la demanda, se ofreció a los productores un mapa claro del mercado. El resultado fue certidumbre y contratos previos.

"Lo que más destaco de este acompañamiento son las conexiones que nos hacen, de nada sirve tener el producto si no tenemos quién nos lo compre”Luis Ernesto Ramírez fábrica de traperos,“Ramírez & Más” de Necoclí

 

 

El modelo del túnel y la rentabilidad sostenible: racionalidad económica

El entusiasmo no paga las cuentas. Por más loable que sea un proyecto, si los números no cuadran, el impacto será efímero. Aquí entra nuestro segundo pilar: la racionalidad económica.

Para romper las trampas de la pobreza en Colombia, se diseñó una serie de intervenciones bajo el modelo del túnel: la relación comercial debe ser un buen negocio tanto para el pequeño productor como para la gran empresa. Si la empresa compra por lástima, la relación terminará al agotarse el presupuesto social; si el productor vende a pérdida, quebrará.

Las grandes compañías han descubierto que invertir en el desarrollo de sus proveedores locales no es caridad, es estrategia pura. Mejora la trazabilidad, asegura el suministro y reduce costos logísticos.

"Los beneficios que tuvimos como con el programa como empresa ancla, fue una identificación de mejoras que necesitábamos internamente en algunos de nuestros procesos, otro muy enfocado a esa interacción y comunicación con los proveedores. Ese mismo acercamiento que tuvimos nos llevó a mejorar tiempos de entrega y mejoras a nivel de servicio. También conocimos que nuestros proveedores mejoraron sus ventas hacia nosotros, así como también mejoraron capacidades para la generación de empleo".

Diana Milena Lanchero - Coordinadora para el aseguramiento de proveedores, Casa Luker

 

Nadie se Queda Atrás en la Cadena: el principio de inclusión 

El mercado, dejado a su propia inercia, tiende a excluir a los más pequeños, a quienes están lejos o enfrentan crisis migratorias. Nuestro rol es intervenir esas fallas. Así, se diseñaron cadenas para que las mujeres, los jóvenes, las víctimas del conflicto y los migrantes pudieran tener un asiento en la mesa.

La inclusión no significa bajar los estándares de calidad del mercado; significa elevar las capacidades del productor para que los alcance. Un ejemplo vivo de esto es lo que ocurre en territorios complejos, como en Necoclí, Antioquia, donde, al integrar a las comunidades de acogida y a la población en tránsito en dinámicas productivas reales, se transformó la supervivencia en medios de vida sostenibles.

“Yo me siento muy orgullosa de mi rol como mujer, como madre, como emprendedora y como proveedora, que me permiten hoy estar aquí contando esta historia y cumpliendo mis sueños” “El problema de la migración no solo se está dando en Colombia sino en muchas partes del mundo, y qué mejor que poder acompañar esa migración con mis deliciosos pastelitos” 

Birsis Isamar Cuencaes una emprendedora venezolana que trajo sus recetas de deditos a Colombia. Su emprendimiento se llama“Pastelitos el sabor de mi tierra” 

 

 

Del desarrollo económico a la construcción de paz: el futuro (2025-2029):

El camino recorrido nos ha dado la certeza, pero también nos exige una ambición mayor. Hoy, el futuro de nuestro trabajo en cadenas de valor no es solo una continuación, es una evolución profunda. Mirando hacia el horizonte ºde 2029, nuestra visión se consolida en el programa "Desarrollo económico para la construcción de paz". Este nuevo capítulo, apoyado por socios estratégicos como Suecia, trasciende el fortalecimiento de eslabones productivos para enfocarse en sanar las "fracturas territoriales", que han impedido a millones de personas disfrutar de los dividendos de la paz.

Nuestra estrategia futura se expande para ir más allá de las cadenas de valor y se fundamenta en la activación de ecosistemas socioeconómicos completos. Ya no se trata solo de conectar a un productor con un comprador; se trata de revitalizar todo el entorno que permite que esa conexión sea sostenible y replicable. Esto incluye tres componentes interconectados:

  1. Cadenas de valor y empleo inclusivo: continuaremos perfeccionando nuestras metodologías para integrar a pequeños productores y generar empleo digno, con un énfasis aún mayor en mujeres, jóvenes, comunidades étnicas y víctimas del conflicto.

  2. Ecosistemas de paz expandidos: reconocemos que la viabilidad económica depende de la confianza. Por ello, activaremos un "Mecanismo flexible" para apoyar las iniciativas de reconciliación y el fortalecimiento de la sociedad civil en los territorios, creando las condiciones de seguridad y legitimidad que la inversión necesita.

  3. Financiación Inclusiva e innovadora: aceleraremos el acceso a financiamiento como un catalizador clave para la inclusión económica. Promoveremos vehículos financieros innovadores —como fondos de impacto, blended finance, capital paciente y mecanismos de financiación colectiva y seguros— que permitan canalizar recursos hacia poblaciones vulnerables tradicionalmente excluidas del sistema financiero. Impulsaremos soluciones adaptadas a las realidades territoriales, facilitando el acceso a crédito, seguros y herramientas financieras que fortalezcan la resiliencia económica y aumenten la competitividad de pequeños productores, emprendedores y comunidades.

Esta visión no es una promesa etérea; es un plan de acción concreto para los próximos años, enfocado en territorios históricamente excluidos, pero con un inmenso potencial de transformación, como lo son Valle del Cauca, Cauca, la Región Central y el departamento del Meta.

 

Una apuesta por el desarrollo de largo plazo en Colombia

Trabajar en cadenas de valor, como fruto del aprendizaje de los últimos cinco años, nunca se trató solo de economía. Siempre se trató de dignidad, de oportunidades y de demostrar que es posible construir una prosperidad compartida. Ahora, con una visión renovada y una estrategia más integral, reafirmamos nuestro compromiso: el desarrollo económico inclusivo es y será la herramienta más poderosa para el desarrollo sostenible en Colombia.

Al tejer redes de confianza, al activar ecosistemas completos y al garantizar que nadie se quede atrás, no solo estamos ayudando a las comunidades a navegar a favor de la corriente económica. Estamos ayudando a todo un país a navegar hacia un futuro donde el desarrollo y la paz fluyan, por fin, como un solo río caudaloso e imparable.